martes, 12 de noviembre de 2013

Quinismo, Verdades Ocultas - Por Raúl Sinencio Chávez



                                                                             
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A la memoria de Isidoro Gómez Gámez,
incorruptible sindicalista petrolero

                                                                                                                                                                   

Artífice de peculiar dualidad, el quinismo prefiere autovictimizarse por los excesos con que autoridades federales el 10 de enero de 1989 aprehenden a Joaquín Hernández Galicia en su casona de Ciudad Madero, Tamaulipas. “Estaba en ropa interior”, rememora La Quina, entonces mandamás del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM), consignado penalmente en la capital del país con íntimos colaboradores. Pero esto a la par encubre recuerdos faltos de grandeza y sobrados de truculencias.                                                        

CAJAS DE WHISKY

En 1958 el gremio se inconforma con sus percepciones económicas. Hernández Galicia, La Quina, lo mediatiza, apartándolo de la insurgencia sindical que protagonizan maestros, ferrocarrileros y diversos sectores. Anuente el sistema priista, en la estratégica industria petrolera consigue afianzarse el liderazgo emergente, que jinetea cuotas de los trabajadores, vende plazas laborales y explota a los “pelones”, obreros de firmas contratistas así conocidos por estar “pelones” de cualquier derecho o prestación.

Estos últimos y los empleados transitorios desencadenan protestas, a punto de sacudirse al quinismo, con Jesús Reyes Heroles en la gerencia de Petróleos Mexicanos (Pemex). A ello sobrevive la camarilla del STPRM porque ante el movimiento estudiantil y popular de 1968 defiende al represivo presidente Gustavo Díaz Ordaz. El régimen corresponde renovándole canonjías.

Ejerciéndolas, la corriente hegemónica desarrolla temible faceta. En Ciudad Madero sus guaruras tunden hasta arrancarle la vida a un disidente y a otro “lo amenazaron de muerte” y “lo bañaron con pintura roja”, denuncia a finales del sexenio diazordacista el Frente Liberal de Petroleros. En 1976, el opositor Lorenzo Cantú Nava es sometido y secuestrado frente a la Refinería Francisco I. Madero por golpeadores de la misma ralea. Conducido a instalaciones del STPRM –puntualiza el agredido—“me pusieron un cartel en el pecho con la palabra ‘Traidor’ y […] me bañaron a ‘cubetazos’ de agua helada”. Las propias facciones empoderadas registran fallecimientos en circunstancias sospechosas, como la del reynosense Salvador Robles Paredes o las de Heriberto Kehoe Vincent y Óscar Torres Pancardo, de Poza Rica.

Periódicos nacionales publican entretanto noticias complementarias. “Armas, whisky y otros artículos extranjeros, con valor de varios millones de pesos”, fueron descubiertos “a bordo del buque tanque ‘Gustavo A. Madero’, en Veracruz. Entre los destinatarios se menciona a Joaquín Hernández Galicia”, informa El Universal en 1975. Al susodicho personaje –divulga Excélsior cuatro años después—llegan “cajas con rifles de alto poder y […] parque”, recogidas allá “por el secretario de Trabajo de la sección” jarocha “del STPRM”.

 

CARRO BIEN COMPLETO

De los tres decenios quinistas, durante casi dos tienen que contentarse sus jerarcas con las zonas de tolerancia del circuito petrolero, donde priva atraso e inopia. Entrada la década de 1970, la importante avenida Álvaro Obregón de Ciudad Madero presenta largos tramos intransitables, por tanto bache. La Loma, barrio de burdeles, remarca el triste cuadro.

Los años felices de La Quina despuntan al petrolizar la economía nacional el presidente José López Portillo, con las nefastas consecuencias que anticipan críticos progresistas. Soslayándolas, el STPRM recibe dinero a manos llenas, mediante escandaloso porcentaje de los contratos que Pemex maneja. Al empezar la siguiente administración, los ingresos del gremio suman “120 mil millones de pesos, y aun esta cifra es conservadora”, señala Manuel Buendía, quien alerta respecto de los negocios secretos de Hernández Galicia con George Bush padre.

De manejo opaco y arbitrario, el botín financia calles pavimentadas, alumbrado público, redes hidráulicas, supermercados y tiendas de materiales para construcción a precios bajos. Las juergas de la cúpula petrolera se mudan a Las Vegas, Nevada, según constata Irma Serrano, La Tigresa.

Los priistas se hacen de la vista gorda e incluso ceden ayuntamientos, diputaciones y senadurías, a condición de que el cacicazgo orinegro mantenga sometida a la plantilla laboral y les proporcione estratosférica cantidad de sufragios. Con todo y Reforma Política, la estadística de Ciudad Madero lo ejemplifica. Clientelismo y terror surten efecto, y el municipio reporta procesos sin ningún voto para la oposición o candidatos petroleros que dan al oficialismo votaciones superiores a las tres cuartas partes del universo ciudadano.
 

AMIGOS Y TRAICIONES

“En 1984 el presidente Miguel de la Madrid nos instruyó a Francisco Rojas [titular de la Contraloría] y a mí para que emitiéramos disposiciones que eliminaran una onerosa práctica: el otorgamiento al sindicato petrolero de casi la mitad del programa de inversiones. Esta decisión canceló utilidades extraordinarias que obtenían sobre más de dos mil millones de dólares anuales en contratos de inversión”, apunta Carlos Salinas de Gortari, secretario de Programación y Presupuesto.

Candidato Salinas de Gortari a la primera magistratura por el gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI) en 1988, La Quina da mal disimulado respaldo a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, hijo de Lázaro Cárdenas del Río y abanderado de centroizquierda que acapara simpatías populares. Si bien ofrece “no fallarle a la institución”, pues “todo […] lo hemos logrado dentro del PRI”, Hernández Galicia admite: “Cuando lo del 88 yo sólo les dije a los trabajadores que tenían libertad para votar por quienes ellos quisieran”. Al parecer, tergiversa los hechos.

Distintas fuentes coinciden en que de los abundantes fondos recibidos del gobierno, destina generosos recursos a la campaña de Cárdenas Solórzano. Tres correligionarios de éste –nos confía anónimo testigo—recogen sendos cheques, extendidos por alto funcionario de la sección 1.

Parte de las respectivas versiones subrayan que por instrucciones de La Quina, en Tampico el mitin del centroizquierdista se refuerza con miembros del STPRM porteño. Habría acudido nomás personal transitorio, a la espera acaso de merecer contrataciones temporales. Quienes lo vieron detallan asimismo que cómputos preliminares concedían amplia ventaja a Cárdenas Solórzano en los distritos petroleros. Al saberlo –rematan—el jerarca ordena matizar los resultados, concediéndole apretada delantera al PRI, apurado mientras en la victoria presidencial.

Si ya de por sí las malquerencias eran mutuas con el exsecretario de Programación y Presupuesto, Hernández Galicia atiza el fuego en que arden. Concluidos los polémicos comicios, tiene acercamientos con el sindicalismo independiente que aglutina Valentín Campa Salazar, pero rehúye acciones conjuntas. “A los amigos de mi partido, lo que quieran; a quienes lo traicionen, aténgase a las consecuencias”, advierte en la contienda proselitista Carlos Salinas, que recién asume la presidencia de la República pasa del dicho al hecho, concretado el 10 de enero de 1989.
 

UNA ESTRATEGIA TIMORATA

Centrándose en la expropiación de nuestra máxima industria, el STPRM quinista vuelve instrumento retórico el nacionalismo revolucionario de Lázaro Cárdenas. Tanto, que a su más importante proyecto lo denomina Programa Lázaro Cárdenas. Sin embargo, a la postre de ninguna causa defendida por Cárdenas del Río los directivos petroleros se hacen eco. Ni siquiera tratándose del respeto a la libre autodeterminación de Cuba, pieza clave de la política exterior de México.

Ello bien puede deberse al pensamiento conservador de La Quina, cuyo velado ideólogo en realidad sería el también expresidente Emilio Portes Gil, de rabonas ideas. Acerca de las relaciones diplomáticas con la isla caribeña, Hernández Galicia escribe: “Muchos mexicanos sabíamos que esto no le agradaba al gobierno de Estados Unidos”. En la presunta simpatía por el vástago del estadista michoacano a fin de cuentas supuran los resentimientos del líder gremial contra Salinas de Gortari, limitados al máximo debilitamiento en las urnas para obligarlo a negociar. Craso error de cálculo.

Por lo demás, el rudo golpe del 10 de enero prometería sanear la referida empresa paraestatal bajo los deslumbrantes cánones del neoliberalismo. Inalterado éste no obstante la posterior alternancia política con el derechista Partido Acción Nacional (PAN), continuaron vigentes antiguas y secretas cláusulas del Contrato Colectivo de Trabajo, que ahora enriquecen a la nueva cúpula del STPRM, como demuestra el “Pemexgate”. En connivencia dispendiosa con ella, lo único innovado por los neoliberales del PRI y PAN es su obsesión compulsiva de incorporar los hidrocarburos a la cadena de privatizaciones que exacerban nuestras desigualdades sociales.

Imposible perder de vista que tras purgar condena el otrora cacique de horca y cuchillo publica voluminoso libro. A contrapelo del impactante título –“Cómo enfrenté al régimen priista”--, el autor escamotea las razones con que al iniciarse el proceso judicial expresa inesperada confianza en sortear con ayuda del mismísimo Carlos Salinas de Gortari la “maniobra infame y sucia” que lo encarcela. Menos todavía explica por qué jamás renuncia pública, formal, dignamente a su partido, el PRI, que tampoco se toma la molestia de expulsarlo.


 Por Raúl Sinenecio Chávez

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