viernes, 10 de enero de 2014

Jorge Yapur, in memoriam - Por Raúl Sinencio Chávez


Para conmemorar el llamado V Centenario del Encuentro de Ambos Mundos, España monta la Expo Sevilla 1992. México se hace presente con varios cuadros del tamaulipeco Jorge Yapur Sherife, que arrancan enseguida comentarios elogiosos. Vaya coincidencia. El mismo puerto andaluz hospeda la Exposición Iberoamericana en 1929, otorgándole medalla de oro a la pintura del veracruzano Ramón Cano Manilla, otrora maestro de Yapur Sherife.

Dilema

Tierra adentro de la casualidad, el alumno despliega contrastes y similitudes frente al mentor. Intensivos aprendizajes fraguan los respectivos talentos. Socializadores del saber, por añadidura, los dos se alternan en la enseñanza artística. Si hacia 1950 don Ramón lo instruye en Ciudad Mante, don Jorge hace más tarde prestigiosa carrera docente.
Homenaje post mortem a Cano Manilla, “El globo” engalana nuestros libros de texto gratuito. Reconocido en vida, del aventajado discípulo procede la escultura que se vuelve emblemática del Festival Internacional Tamaulipas. Aún correspondiéndoles épocas diferentes, cada quien remonta medianías con realizaciones acogidas por selectos recintos nacionales y foráneos.
Efectivamente, Jorge Yapur se forja en la segunda mitad del siglo XX mexicano, clímax y ocaso post-revolucionario por antonomasia. Mientras prosigue la brega plástica, ensancha horizontes formativos al cursar una carrera profesional de encuadre humanístico. Imparte luego cátedras universitarias de excelencia. Sin duda, ello le permite la informada libertad con que resuelve el dilema clave de los artistas contemporáneos. Reacio al reciclamiento de fórmulas agotadas, toma distancia y opta por rutas propias.

Raíces

En búsqueda incesante, Yapur Sherife entonces cultiva el abstracto y el expresionismo figurativos con notables aciertos. Dice mucho que la sala José María Velasco del Instituto Nacional de Bellas Artes le reciba creaciones de tales períodos. Merced a la encomiable factura, cruzan incluso el océano Atlántico y llegan hasta Ginebra, Milán y Turín. Don Jorge ronda apenas los treinta años de edad.
Aparte de calidades intrínsecas, queda entretanto claro que lo suyo resulta de veras audaz. Nada quizá lo defina mejor que las progresivas innovaciones de vanguardia. Con recio sustento, combinan de manera invariable temple, rigor e ingenio. Sirva de ejemplo ilustrativo la variante plástica del realismo mágico, aporte originalísimo que deslumbra a la Expo Sevilla 92.
Aún de mayor aliento consideramos el huastequismo. Dicha propuesta recurre a las raíces pre-hispánicas del suelo circundante y retoma los principios estéticos de la antigua cultura huasteca, recreándolos en diversas producciones de caballete. Sin transigir con el colorido facilón, al margen de artificios folcloristas, Jorge Yapur logra escenas lúdicas, exultantes, de íntima belleza y composiciones luminosas.

Frescura

Produce asimismo piezas escultóricas con gran fuerza expresiva e insinuante movimiento, afincadas en la síntesis de formas y ejecuciones magistrales. El huastequismo concilia empero ruptura y continuidad, fórmula capaz de potenciarlo a través del tiempo y espacio. Aunque de padres libaneses, para nuestro orgullo Yapur Sherife asume lo mexicano de modo entrañable e inteligente.
Visto en retrospectiva, don Jorge consagra más de media vida a fecundos trajines. Éstos desbordan el lienzo, acumulan generoso saldo de murales y abarcan magníficas obras en relieve, según renglones arriba referimos. Por si fuera poco, descuella en labores académicas e incursiona en la prosa con un ensayo multilingüe, donde explica y desdobla paso a paso el huastequismo. Al lado de Alicia Mariscal Ortega, consolida estimable y culta familia.
Crítico del statu quo, solidario con las causas progresistas, es también defensor acérrimo de la dignidad del arte. Su partida, registrada el 5 de enero de 2014, causa profunda tristeza y enorme pesar. Sobrio, universal, solvente, vigoroso, el legado de Jorge Yapur Sherife preserva la vigencia, frescura y vitalidad del primer día. Bien habéis osado, querido maestro.

Por Raúl Sinencio Chávez
Publicado en La Razón, Tampico, Tamps., 10 enero 2014.
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