viernes, 7 de febrero de 2014

Petróleo, tragedia y farsa - Por Raúl Sinencio Chávez



Carlos Marx previene en célebre frase que los grandes hechos y personajes de la historia pueden repetirse; una vez como tragedia y la otra, como farsa. Farsa o copia grotesca, apostrofaríamos. Pero he aquí que segundas partes nunca resultan mejores, complementa viejo refrán.
 
Paja
 
Tratándose del oro negro, hemos padecido auténticas tragedias.Al iniciar la etapa posrevolucionaria nuestra economía apenas evoluciona. Muestra indicadores relativos siempre minúsculos durante el periodo del presidente Álvaro Obregón. Esto sucede con todo y observarse ligero retroceso de carácter demográfico. O sea, estadísticamente hay menos habitantes con que promediar la riqueza producida.
 
El cuadro pareciera explicarse por la guerra civil del anterior decenio. Consideremos empero que entonces incrementamos el flujo de hidrocarburos a ritmos ascendentes, sostenidos. Recién abierta la tercera década del siglo XX todavía éramos los terceros productores mundiales, sitio después perdido. Sorprende que pese a las inversiones y modernas tecnologías foráneas concentradas en sacar la riqueza del subsuelo, enfrentáramos crítico panorama.
 
Bajo la óptica constitucional, así hubieran firmas extranjeras de por medio, el crudo nos pertenecía. De manera declarativa, ni quién lo cuestionara. Formalidades aparte, los inversionistas prefieren atender clientes externos y soslayan las necesidades del país, llevándose consigo fabulosas ganancias. Con bajas cargas tributarias, por cada peso de utilidades pueden embolsarse hasta 95 centavos, limpios de polvo y paja.
 
Bases
 
Experimentamos luego plausible mejora. Aunque para duplicar su aporte había requerido la industria doméstica seis lustros, a partir de 1940 lo consigue nomás en dos. La importancia del capital extranjero disminuye en forma apreciable. Las exportaciones aumentan y el turismo surge fuerte, casi triplicándose la oferta de crudo. Extendida al ramo agropecuario, la economía repunta por arriba del censo, en contraste evidente con el resto de Latinoamérica.
 
Por supuesto, hablamos de lo sucedido tras el 18 de marzo de 1938, cuando Lázaro Cárdenas nacionaliza los recursos orinegros. Esta medida afronta enseguida fiero boicot de los magnates afectados. Sin embargo, aparte de respaldar el rescate con mítines y manifestaciones públicas, diversos estratos sociales entregan desde gallinas hasta dinero y joyas para cubrir el pago de las instalaciones expropiadas.
 
“Cárdenas sentó las bases” del “crecimiento anual de 6 por ciento que México sostuvo entre 1940 y 1980. Construyó la casa que […] pasó a habitar la burguesía mexicana. […] Crecieron los salarios reales y el poder adquisitivo de toda la sociedad”. No obstante que “las clases medias y superiores fueron favorecidas, las clases trabajadoras y los campesinos recibieron una mayor parte del ingreso nacional que nunca,” reflexiona Carlos Fuentes. 
                                                             
 Réplica

Posteriores administraciones reorientan el rumbo, seducidas por la ortodoxia del neoliberalismo. A treinta años de establecidos leoninos gravámenes fiscales en Petróleos Mexicanos (Pemex) –que lo debilitan--, nos salen con la reforma energética de 2013. Busca ésta, mediante tretas legaloides, admitir y favorecer la presencia de consorcios foráneos en tan estratégico sector.

Los promotores rehúyen que pase el correspondiente decreto por la consulta popular, basados en criterios autoritarios. Yéndose de la boca, pronostican en cambio próxima jauja y contra tendencias imperantes en los mercados prometen abaratar gas, electricidad y gasolinas. Montan al efecto faraónica campaña publicitaria.
 
Ciegas ante valiosas lecciones del pasado, las elites gobernantes obvian lecturas básicas: si con la corrupción a cuestas Pemex dio tanto, de qué sería capaz saneándolo por completo, incluidos sus altos cargos. Peor aún, esperan que los capitales extranjeros impulsen el Producto Interno Bruto a niveles obtenidos sólo en tiempos de nuestra exclusiva rectoría sobre los hidrocarburos. Creen emprender audaz proyecto, encaminándose por senderos que desembocan en grotesca y previsible réplica de escamoteos y quebranto de la soberanía nacional.
 
Publicado originalmente en La Razón, Tampico, Tamps

Por Raúl Sinencio Chávez

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