lunes, 1 de septiembre de 2014

Tamaulipas primeros vuelos comerciales - Por Raúl Sinencio Chávez



Con el auge petrolero, a principios del siglo XX Tamaulipas concentra inversiones extranjeras. Detrás aparecen magnates interesados en nuevo medio de transporte. Ello propicia que la entidad figure entre los destinos tempranos de la aviación comercial en México.


Horizontes


A bordo de un biplano francés, logra despegar Alberto Branif de los capitalinos llanos de Balbuena el 8 de enero de 1910. Consigue así el primer vuelo propulsado en nuestro país. Ernesto Pugibet, al que pertenece la empresa cigarrera El Buen Tono, adquiere semejante vehículo. Tras ajustes impuestos por la gran altitud de la Ciudad de México, el 15 de mayo siguiente Miguel Lebrija al fin lo eleva. Construido por él mismo, con la aeronave “Pachuca” Juan Guillermo Villasana hace lo propio en cielos hidalguenses el mes previo.


Entonces presidente de la República, Francisco I. Madero concurre a la Semana de la Aviación, desarrollada en Balbuena el 30 de noviembre de 1911. Según Alberto Sánchez Hernández, “el piloto Dyot lo invitó a volar y el” mandatario “aceptó gustoso” e “impresionado […] autorizó la compra de dos aeroplanos y comisionó a varios connacionales” para instruirse “en la Escuela de Aviación Moissant en Estados Unidos”.


De los instruidos forma parte Alberto Salinas Carranza, quien con pequeños aviones impulsa el triunfo carrancista frente a tropas de Francisco Villa en la batalla de El Ébano, cerca de Tamaulipas, al correr 1915. Antes nada parecido surca aquellos horizontes. Y justo por ahí pasarían los primigenios vuelos comerciales.


Oro


Efectivamente, hacia fines de 1920 autoridades del ramo someten a concurso la apertura del servicio para carga y pasajeros de la metrópoli capitalina a Tampico, deteniéndose en Tuxpan. Obtiene el título concesionario la Compañía Mexicana de Transportación Aérea, perteneciente a Harry Lawson, piloto de la Primera Guerra Mundial. El aparato que inaugura la ruta sale el 21 de agosto de 1921 con un solo usuario y ejemplares del periódico Excélsior. De este modo arranca la aviación comercial en América Latina.


Sus activos los traspasa Lawson al exbanquero George L. Rhil. Con tres capitalistas foráneos, Rhil crea en 1923 la Compañía Mexicana de Aviación (CMA). Pronto brinda viajes especiales a la elite petrolera.


La CMA también les trasporta pagas laborales a los campos de producción, dejándolas caer en sacos desde lo alto. “Una sábana extendida sobre el suelo […] indicaba que todo estaba en orden; el piloto pasaba sobre el lugar indicado y, al ver la sábana, daba una segunda vuelta para que el pagador pudiera soltar las bolsas con monedas de oro”.


Neoliberales


La aeronavegación comercial ensancha y diversifica rápido el ámbito de actividades. Mediante contrato público, la ruta que toca el sureste tamaulipeco se abre el 15 de abril de 1928 a la mensajería. Constituye algo por completo novedoso.


“Un […] Fairchild” –refiere Fernando A. Morlet—“despegó en Tampico […] a las 6:00 a. m., llevando a bordo” pasajeros “y poco más de 18 kilos [sic] de correspondencia para Tuxpan y México”. Aterriza en Balbuena “antes de las 10:00 a. m., [y] el mismo aparato regresa a Tampico con “17 kilos de correspondencia y cuatro bultos postales, dos de ellos contenían flores para la esposa del presidente municipal” porteño “y otro para la esposa del administrador de Correos”. El avión toca pista “a las 12:45 p. m. […] finalizando […] el primer vuelo de correo aéreo concesionado”


Regulariza los viajes entretanto la CMA, que opera con aeropuertos propios. Otrora por el rumbo de El Moralillo, reubica el de Tampico donde hoy permanece. Estas instalaciones serían nacionalizadas por el presidente Adolfo López Mateos. Posteriores gobiernos neoliberales acaban privatizándolas.


Publicado en La Razón, Tampico, Tamps.


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