lunes, 15 de septiembre de 2014

Qué costumbre tan salvaje...



¡Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos!, ¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra! Es tratarlos alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.
 
Yo siempre estoy esperando a que los muertos se levanten, que rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?
 
Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la caja, la introducen, le ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras, paletada tras paletada, terrones, polvo, piedras, apisonando, amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales.
 
Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o tirarlo a un río?
 
Habría que tener una casa de reposo para los muertos, ventilada, limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir.


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lunes, 1 de septiembre de 2014

Tamaulipas primeros vuelos comerciales - Por Raúl Sinencio Chávez



Con el auge petrolero, a principios del siglo XX Tamaulipas concentra inversiones extranjeras. Detrás aparecen magnates interesados en nuevo medio de transporte. Ello propicia que la entidad figure entre los destinos tempranos de la aviación comercial en México.


Horizontes


A bordo de un biplano francés, logra despegar Alberto Branif de los capitalinos llanos de Balbuena el 8 de enero de 1910. Consigue así el primer vuelo propulsado en nuestro país. Ernesto Pugibet, al que pertenece la empresa cigarrera El Buen Tono, adquiere semejante vehículo. Tras ajustes impuestos por la gran altitud de la Ciudad de México, el 15 de mayo siguiente Miguel Lebrija al fin lo eleva. Construido por él mismo, con la aeronave “Pachuca” Juan Guillermo Villasana hace lo propio en cielos hidalguenses el mes previo.


Entonces presidente de la República, Francisco I. Madero concurre a la Semana de la Aviación, desarrollada en Balbuena el 30 de noviembre de 1911. Según Alberto Sánchez Hernández, “el piloto Dyot lo invitó a volar y el” mandatario “aceptó gustoso” e “impresionado […] autorizó la compra de dos aeroplanos y comisionó a varios connacionales” para instruirse “en la Escuela de Aviación Moissant en Estados Unidos”.


De los instruidos forma parte Alberto Salinas Carranza, quien con pequeños aviones impulsa el triunfo carrancista frente a tropas de Francisco Villa en la batalla de El Ébano, cerca de Tamaulipas, al correr 1915. Antes nada parecido surca aquellos horizontes. Y justo por ahí pasarían los primigenios vuelos comerciales.


Oro


Efectivamente, hacia fines de 1920 autoridades del ramo someten a concurso la apertura del servicio para carga y pasajeros de la metrópoli capitalina a Tampico, deteniéndose en Tuxpan. Obtiene el título concesionario la Compañía Mexicana de Transportación Aérea, perteneciente a Harry Lawson, piloto de la Primera Guerra Mundial. El aparato que inaugura la ruta sale el 21 de agosto de 1921 con un solo usuario y ejemplares del periódico Excélsior. De este modo arranca la aviación comercial en América Latina.


Sus activos los traspasa Lawson al exbanquero George L. Rhil. Con tres capitalistas foráneos, Rhil crea en 1923 la Compañía Mexicana de Aviación (CMA). Pronto brinda viajes especiales a la elite petrolera.


La CMA también les trasporta pagas laborales a los campos de producción, dejándolas caer en sacos desde lo alto. “Una sábana extendida sobre el suelo […] indicaba que todo estaba en orden; el piloto pasaba sobre el lugar indicado y, al ver la sábana, daba una segunda vuelta para que el pagador pudiera soltar las bolsas con monedas de oro”.


Neoliberales


La aeronavegación comercial ensancha y diversifica rápido el ámbito de actividades. Mediante contrato público, la ruta que toca el sureste tamaulipeco se abre el 15 de abril de 1928 a la mensajería. Constituye algo por completo novedoso.


“Un […] Fairchild” –refiere Fernando A. Morlet—“despegó en Tampico […] a las 6:00 a. m., llevando a bordo” pasajeros “y poco más de 18 kilos [sic] de correspondencia para Tuxpan y México”. Aterriza en Balbuena “antes de las 10:00 a. m., [y] el mismo aparato regresa a Tampico con “17 kilos de correspondencia y cuatro bultos postales, dos de ellos contenían flores para la esposa del presidente municipal” porteño “y otro para la esposa del administrador de Correos”. El avión toca pista “a las 12:45 p. m. […] finalizando […] el primer vuelo de correo aéreo concesionado”


Regulariza los viajes entretanto la CMA, que opera con aeropuertos propios. Otrora por el rumbo de El Moralillo, reubica el de Tampico donde hoy permanece. Estas instalaciones serían nacionalizadas por el presidente Adolfo López Mateos. Posteriores gobiernos neoliberales acaban privatizándolas.


Publicado en La Razón, Tampico, Tamps.


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domingo, 31 de agosto de 2014

Flor de fuego - Por Felipe Llanas Moreno

Photo by Vanessa Paxton

El ser desasido del cuerpo busca cobijo en cualquier ínfula, por extraño que parezca. La consciencia en maromas trama la mentira que se pronuncia en secreto, pero que todos comprenderán, adaptándola como acta de nacimiento. Una parábola de lo eterno que nunca ha llegado ni se irá; un cansino caminar hacia el recuerdo, esquivando al presente con excusas, con locura, con un canto muerto, tal como acontece al sol primigenio, portento ignorado, sumido en la altura por el desprecio. Así, en ésta forma, de ésta manera. Toda acción es comando. Todo sueño cofradía. ¿Qué sabemos? ¿Cuánto hemos olvidado? ¿Qué soy éste día que mañana ya no seré? Aleluya –clamor en éxtasis de alegría pordiosera. Ah, cómo honran la farsa con ornato, cómo viven en su muerte quienes humillaron al instante-. El camino siempre espera al paso, su rey soberano. Y las huestes malditas asolarán al mundo con la verdad, iniciando enseguida su asueto revolucionario. Ea, que lo incierto no se encuentra, que ha envejecido en consecuencias. Y que el viraje de la espera aún corteja al iluso. Lo secuestra.


Flor de Fuego
Agosto y 2014. Por Felipe Llanas Moreno

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jueves, 28 de agosto de 2014

Cultura mexicana en el fogón

La delegación mexicana ofreció además danza, teatro y gastronomía, para completar su oferta cultural en la Feria del Libro.




En el stand de México de la Feria del Libro no solo hubo lectura, también hubo folclor, mariachis, tequila y una deliciosa degustación gastronómica.



Los chefs Gerardo Vásquez Lugo y Sergio Camacho fueron responsables de dar forma a esta muestra cultural, considerando que la cocina tradicional mexicana es una de las pocas consideradas patrimonio cultural de la humanidad.

‘Decidimos hacer un recorrido por las tierra de Jalisco , Michoacán, que es básicamente El Bajío, una región central del país y escogimos un recorrido histórico que inicia por el origen indígena de los platillos, la época virreinal y el afrancesamiento de su cocina a finales del siglo XIX’, detalla el chef Gerardo Vásquez Lugo.

De acuerdo con el cocinero, esta gastronomía ha sido reflejada por escritores como Juan Rulfo, arquitectos como Mathias Goeritz y Luis Barragán y pintores com Chucho Reyes.

La cocina del Bajío es una cocina muy ligada al campo, con productos emblemáticos como el maíz el frijol, el chile y con todos los mestizajes y aportes de otras culturas con todas sus influencias, platos con nombres poco conocidos, para no decir raros.

Y es que no era la idea presentar platos harto conocidos como los tacos o el mole.

‘En esta muestra se ha tratado de incluir platos que van en el contexto de una región, platos que tienen un gusto muy particular y que hasta en México estamos reeducando, dándolos a probar en diferentes estados’, agrega Camacho.

Para él, no hay y no hay mejor estandarte que salir del país y llevar un pedacito del sabor de México, un sabor que todavía no se termina de conocer, pero como un buen libro, a medida que se va leyendo, se va antojando más.

La muestra consistió en nueve platos divididos en tres períodos históricos diferentes y que fueron escogidos considerando los productos frescos existentes en el país y lo que debía venir de México pues no podía ser reemplazado. Pero también influyó el sentimiento, según Vásquez Lugo.

Los platos de origen indígena fueron una coachala: un estofado con tomatillo verde mexicano y mezcla de chiles y un pepián, guiso a base de pepita de calabaza tostada que ‘tiene esa nota ahumada que me recuerda mucho la literatura de Juan Rulfo. Dejándonos guiar por esta literatura, por estos artistas tomamos la inspiración para estos platos’, asegura Vásquez Lugo.

Siguieron platos que representan el aporte de la época virreinal, la mezcla con la cultura española y la oriental, con influencia árabe con los escabeches, los vinagres, el aceite de oliva y el cerdo. De allí, los cueritos, un escabeche hecho con la piel de cerdo, y un bote, un caldo sustancioso hecho con carnes de pollo, cerdo y res, verduras, chiles y pulque, un fermentado del agave, la cocción se hacía en un bote alcoholero y de allí, el nombre. Su influencia, claramente la olla podrida española.

México tuvo una influencia francesa importante con el Segundo Imperio. Con esa influencia, se presentó una sopa de natas, un plato hecho a base de crepas francesas mojadas en una salsa de tomate y nata que luego es llevada al horno. También una bavaresa de jamoncillo de leche envinada con tequila y una jericaya; flan dorado pero sin caramelo.

Todos los platillos tiene un contexto cultural, son platillos pensados para ir guiando a las personas a través de un lugar, sus productos y su historia.

‘ La cocina nos enseña a que hay que tener paciencia y que todo debe enmarcarse en un contexto’, dice Camacho, nada como conocer el origen de las cosas para comprenderlas mejor y degustarlas mejor.



Por Esther M. Arjona
Con información de La Estrella

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