martes, 18 de agosto de 2015

Romance de la Guardia Civil española - Federico García Lorca




Los caballos negros son.
Las herraduras son negras.
Sobre las capas relucen
manchas de tinta y de cera.
Tienen, por eso no lloran,
de plomo las calaveras.
Con el alma de charol
vienen por la carretera.
Jorobados y nocturnos,
por donde animan ordenan
silencios de goma oscura
y miedos de fina arena.
Pasan, si quieren pasar,
y ocultan en la cabeza
una vaga astronomía
de pistolas inconcretas.

*

¡Oh ciudad de los gitanos!
En las esquinas banderas.
La luna y la calabaza
con las guindas en conserva.
¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vió y no te recuerda?
Ciudad de dolor y almizcle,
con las torres de canela.

*

Cuando llegaba la noche,
noche que noche nochera,
los gitanos en sus fraguas
forjaban soles y flechas.
Un caballo malherido,
llamaba a todas las puertas.
Gallos de vidrio cantaban
por Jerez de la Frontera.
El viento, vuelve desnudo
la esquina de la sorpresa,
en la noche platinoche
noche, que noche nochera.

*

La Virgen y San José
perdieron sus castañuelas,
y buscan a los gitanos
para ver si las encuentran.
La Virgen viene vestida
con un traje de alcaldesa,
de papel de chocolate
con los collares de almendras.
San José mueve los brazos
bajo una capa de seda.
Detrás va Pedro Domecq
con tres sultanes de Persia.
La media luna, soñaba
un éxtasis de cigüeña.
Estandartes y faroles
invaden las azoteas.
Por los espejos sollozan
bailarinas sin caderas.
Agua y sombra, sombra y agua
por Jerez de la Frontera.

*

¡Oh ciudad de los gitanos!
En las esquinas banderas.
Apaga tus verdes luces
que viene la benemérita.
¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Dejadla lejos del mar,
sin peines para sus crenchas.

*

Avanzan de dos en fondo
a la ciudad de la fiesta.
Un rumor de siemprevivas
invade las cartucheras.
Avanzan de dos en fondo.
Doble nocturno de tela.
El cielo, se les antoja,
una vitrina de espuelas.

*

La ciudad libre de miedo,
multiplicaba sus puertas.
Cuarenta guardias civiles
entran a saco por ellas.
Los relojes se pararon,
y el coñac de las botellas
se disfrazó de noviembre
para no infundir sospechas.
Un vuelo de gritos largos
se levantó en las veletas.
Los sables cortan las brisas
que los cascos atropellan.
Por las calles de penumbra
huyen las gitanas viejas
con los caballos dormidos
y las orzas de monedas.
Por las calles empinadas
suben las capas siniestras,
dejando detrás fugaces
remolinos de tijeras.
En el portal de Belén
los gitanos se congregan.
San José, lleno de heridas,
amortaja a una doncella.
Tercos fusiles agudos
por toda la noche suenan.
La Virgen cura a los niños
con salivilla de estrella.
Pero la Guardia Civil
avanza sembrando hogueras,
donde joven y desnuda
la imaginación se quema.
Rosa la de los Camborios,
gime sentada en su puerta
con sus dos pechos cortados
puestos en una bandeja.
Y otras muchachas corrían
perseguidas por sus trenzas,
en un aire donde estallan
rosas de pólvora negra.
Cuando todos los tejados
eran surcos en la tierra,
el alba meció sus hombros
en largo perfil de piedra.

*

¡Oh, ciudad de los gitanos!
La Guardia Civil se aleja
por un túnel de silencio
mientras las llamas te cercan.

¡Oh, ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Que te busquen en mi frente.
juego de luna y arena.



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lunes, 18 de mayo de 2015

Sala Museo del creador del Huastequismo Jorge Yapur





En el marco del Día Internacional de los Museos que se conmemora el 18 de mayo,  compartimos la reseña de la inauguración de la Sala Museo "Jorge Yapur ", celebrada el pasado 18 de abril.


Aseverando que el legado del maestro Jorge Yapur Sherife perdura en nuestra mente, corazón y sobre todo en un invaluable patrimonio artístico que se ha convertido en extraordinario tesoro para Tampico, Tamaulipas y México, el alcalde Gustavo Torres Salinas acompañado de su esposa Silvia Alcaraz de Torres presidenta del Sistema DIF, inauguró la sala-museo “Jorge Yapur Sherife’’, en la Casa de la Cultura, donde se exhiben obras de arte relacionadas con el Huastequismo, del que fue su creador.


El jefe edilicio indicó que los artistas viven eternamente en cada una de sus obras y por eso, este lugar será iluminado por la luz del talento del maestro Yapur, develando además la placa correspondiente.

“Jorge Yapur es un personaje sui géneris, icónico y digo es porque sentimos su ausencia física, pero su legado aún perdura. Creador y embajador del Huastequismo a través de la pintura o la escultura, el maestro Yapur se distingue como uno de los más apasionados defensores del sentido de identidad y pertenencia a una región, rescatando de ella la magia de una cultura que ha trascendido la barrera del tiempo’’, mencionó.

Reflejó -dijo- en su obra la fisonomía del indígena huasteco pero se elevó también hacia sus deidades, flotó con su arte, entre lo terrenal y lo divino; “es la definición del hombre auténtico, de aquel que sabe a dónde va. Por eso recordamos y añoramos su caminar por la plaza de Armas, un andar desenfadado, ensimismado a veces en las ideas que como cascada fluían en su cabeza, pero siempre presto al saludo cálido a sus amigos y a la gente atraída por su inigualable carisma’’. 


 
 

De conversación amena, de carcajada inconfundible, de broma ingeniosa y precisa, de gesto noble y actitud caballerosa, Torres Salinas señaló que Yapur Sherife era y así se recordará por siempre; “estoy convencido y así lo he señalado en reiteradas ocasiones que su creación, prolífica e irrepetible, no tiene temporalidad, por lo que seguirá cautivando indefinidamente los sentidos de muchas generaciones’’.

Refirió que la huella imborrable de su pincel perdurará en los murales de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, así como en el Instituto Tecnológico de Monterrey, Instituto Nacional de Bellas Artes, Sala de Arte del Gobierno del Estado de Nuevo León, Centro de Arte Moderno de Jalisco, la Universidad de Guanajuato o la Universidad de Sevilla, entre muchos otros escenarios.

“El maestro Yapur ha inscrito su nombre en el círculo dorado del arte, en el mausoleo de los inmortales. Y ahora, gracias al espíritu solidario de su familia, su legado artístico enriquecerá el acervo cultural de Tampico con la creación de esta sala-museo dedicada a su visión y pasión, a ese torbellino creativo que lo instaló en la memoria colectiva y lo sitúa como un grande entre los grandes. No hay mejor manera y fecha para honrarlo que inaugurando este museo justo el día de su cumpleaños y en la compañía de su familia que es merecedora de nuestro más entrañable aprecio’’, expresó el jefe de la comuna porteña.

 

Foto © Erik Vargas (Milenio)
Por su parte, la señora Alicia Mariscal viuda de Yapur indicó que “un 18 de abril nació Jorge Yapur y por esa razón se eligió esta fecha para inaugurar la sala-museo que alberga una pequeña parte de su obra: Huastequismo, lo que ha sido posible gracias a la gestión del alcalde Gustavo Torres, al desempeño y trabajo de la directora de Cultura, Irma Meza, a la colaboración y entusiasmo de la promotora cultural, Amparo González, y a la participación de nuestro entrañable amigo Raúl Sinencio Chávez. Mi esposo amó profundamente esta tierra y prueba de ello es esta sala que alberga ahora muchos años de investigación sobre la cultura huasteca’’.

En la ceremonia, el promotor cultural-fotógrafo Gilberto Rivas Alvarado, entregó una fotografía del maestro Jorge Yapur Sherife a su esposa Alicia Mariscal viuda de Yapur, atestiguando el presidente municipal Gustavo Torres Salinas y su esposa Silvia Alcaraz de Torres.

Posteriormente, la directora de Cultura, Irma Meza Etienne y la promotora cultural, Amparo González Berumen presentaron a los asistentes un catálogo de la obra de Yapur Sherife y su corriente estética conocida como Huastequismo, entregando simbólicamente junto con el alcalde porteño y su esposa Silvia Alcaraz de Torres, los primeros ejemplares a la familia Yapur Mariscal y al promotor cultural Gilberto Rivas.

Estuvieron presentes en la inauguración de esta sala-museo, la diputada local, Olga Sosa Ruiz; el representante de la comunidad artística Emérico Hernández, así como artistas independientes e integrantes de los medios intelectual y académico de la zona.

Con información de: Red Tampico

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domingo, 10 de mayo de 2015

De cuando conocí al asesino de mi padre Roque Dalton


Edgar Alejandro Rivas Mira, principal instigador y autor intelectual del asesinato de Roque Dalton y de Armando Arteaga, el 10 de mayo de 1975, está presuntamente muerto. Conocido en la clandestinidad como Luis Ríos, Sebastián Urquilla, el Choco Sebastián o El Capitán, habría fallecido hace aproximadamente en 2009.

No sólo éso: su esposa Ana Angélica Meardi Araujo, habría fallecido también en 2011; ambos murieron en la capital mexicana, sumidos en la soledad, el olvido y el más absoluto deterioro de sus facultades morales, mentales y físicas.

Habría acabado así, en cierta medida, el misterio que encierra a esta pareja, al menos en lo que se refiere a su última ubicación geográfica y las circunstancias finales de sus vidas. 

No tenemos la fecha ni lugar exacto de sus fallecimientos, tampoco dónde fueron sepultados ni bajo qué nombres. Sólo sabemos que murieron, con dos años de diferencia entre uno y otro, en el Distrito Federal de los Estados Unidos Mexicanos.


El simpático Luis Ríos, se transformó en el siniestro y prepotente “Capitán Sebastián Urquilla”

Corrían momentos convulsos, especialmente en América Latina. Los movimientos de izquierda habían entrado en una etapa de reelaboración de sus estrategias. Se dejaba atrás la teoría del foco guerrillero y se asumían las estrategias insurreccionales y las de guerra popular prolongada… El Salvador seguía sumido en una dictadura inamovible.

Mi padre estaba preocupado y seguramente con muchas incertidumbres. Los guerrilleros guatemaltecos y nicaragüenses estaban refundando sus guerrillas y Roque Dalton era parte de ese esfuerzo. Cuba, entonces, era un hervidero de guerrilleros. Pero entraba también la etapa triunfos electorales, como el de Allende o de los militares nacionalistas como Omar Torrijos, en Panamá.

En eso apareció un personaje en La Habana: Luis Ríos. Joven y simpático. Venía de Alemania Occidental. ¿Podría ser entre 1969 o 1970?

Recuerdo a Luis Ríos siempre risueño... Siempre contando chistes y haciendo pantomimas al tiempo que narraba sus cuentos. Se integraba a un grupo de gente, entre centroamericanos, brasileños, uruguayos y mexicanos, intelectuales revolucionarios que residían temporalmente en La Habana.

Nuestra casa y la de la periodista mexicana Marta Solís, que quedaba a tres cuadras de distancia, eran los centros de las reuniones, en las que había debates políticos y jolgorios.

El tal Luis Ríos, de pantalones verdes de corduroy, no era otro que Edgar Alejandro Rivas Mira…, pero yo no lo supe hasta varios años después.

Ni más ni menos que el fundador de “El Grupo” –pequeña guerrilla que tuvo como hecho relevante el secuestro y asesinato de Ernesto Regalado Dueñas-. Posterior a ese funesto hecho, se convierte en el fundador del Ejército Revolucionario del Pueblo –ERP-, en cuyo seno se hacía llamar “El Capitán”, otros le decían “El choco Sebastián Urquilla”.

No tenía muchas ideas sobre lo que este individuo llegó a hacer a Cuba en su etapa de Luis Ríos, pero después he descubierto que estuvo haciendo un entrenamiento como parte de una red de la inteligencia cubana. Hay una gruesa sospecha de que éste era una especie de “doble agente”, pero que actuó especialmente al servicio del imperialismo.

Luego este tipo desapareció y no volvimos a saber de él...

A mediados de 1970 con mi madre y mis hermanos, hicimos un viaje de La Habana a San Salvador, para visitar a nuestra familia. El entonces presidente Fidel Sánchez Hernández autorizó nuestro regreso y nos extendieron "pasaportes especiales" por gestiones de mi tío Alfredito Morales, quien era vicepresidente de la Asamblea Legislativa y era amigo personal del presidente Sánchez Hernández.

Durante esta visita al país, Salvador Cayetano Carpio (quien en abril de 1970 fundó una de las organizaciones de izquierda armada más poderosa de Latinoamérica) contacta a mi madre para entregarle un documento que ella entregó a mi padre a su regreso a La Habana. Era la carta de renuncia de "Saúl" -quien después se convirtiera en "Marcial"- al liderazgo del Partido Comunista (PCS).

Antes de septiembre de 1970 regresamos a La Habana. Mi padre un poco después hace un viaje a Chile, con Allende aún en el poder. Supimos que mi padre se reunió clandestinamente con Fabio Castillo Figueroa, quien había sido enviado por Rivas Mira, para solicitarle a mi padre que se integrara al ERP.

Sin embargo, existen versiones que indican que Fabio llegó a hablar con mi padre en nombre también de “Marcial”; todo ello, según parece, debido a un supuesto acuerdo de unidad que se estaba gestando entre ERP-FPL.

Es así como mi padre decidió su integración a la guerrilla salvadoreña; aunque en ese entonces estaba por decidir irse con los guatemaltecos que fundarían el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) o con los nicaragüenses que refundaron el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que eran parte de un llamado Organismo Revolucionario Centroamericano.

Cuando triunfa la revolución en Nicaragua, en su primer discurso de celebración de la victoria sandinista, Daniel Ortega, pasa revista a los héroes del FSLN y entre ellos mencionó a Roque Dalton.

Reaparece Luis Ríos

Corría entonces el año 1972 y aparece nuevamente aquel Luis Ríos... Pero de su rostro había desaparecido todo lo que pudiera llamarse simpatía, carisma y buen humor.

Lo vi dos o tres veces en mi casa, donde hicieron reuniones a puerta cerrada.

Ya no hacia chistes ni bromeaba. Mi hermano Roque y yo, sin embargo, le pedimos formalmente nuestro ingreso al ERP para incorporarnos a la guerrilla, pero ni nos respondió. Nos miró de manera rara...

Nunca más lo volví a ver. Su esposa Angélica Meardi estuvo varias veces después en mi casa. Mi madre se quejaba de su trato pedante y prepotente; a cada rato mencionaba a su marido y se refería a él como "el jefe".

Por razones de “seguridad” fueron enviados a La Habana los padres de Rivas Mira. Vivian el par de ancianos en un hotel de La Habana Vieja. Mi mamá y nosotros los íbamos a visitar y salíamos a pasear.

Mi madre, con mucha discreción, siempre se comportó muy respetuosa y afable con los señores padres de Rivas Mira. Los llevaba al médico y atendía sus necesidades, al igual que compartía sus nostalgias.

Cuando mi padre fue asesinado, los padres de Rivas Mira aún se encontraban en Cuba. Nunca nadie les dijo nada… Recuerdo que pronto dejamos de frecuentarlos.

Un encargado del Departamento América del Partido Comunista de Cuba (PCC) le contó a mi madre que los padres de Rivas Mira supieron del asesinato de mi padre y supieron que su hijo había dado la orden. Los señores estaban temerosos porque creyeron que los cubanos se “vengarían” o tomarían represarías con ellos… Pero nada les sucedió. Al poco tiempo supimos que se habían marchado a San José, Costa Rica, donde al parecer fallecieron.

¡Increíble la vida! Rivas Mira, el máximo autor intelectual del asesinato de Roque Dalton, no solo terminó con la vida de mi padre, quiso desaparecerlo y desprestigiarlo, dejarlo totalmente en la sombra... Actuó con singular odio.

Después del asesinato de mi padre, Rivas Mira huyó del ERP con el dinero del rescate que pagó la familia Poma, por la liberación de Roberto Poma, al que plagiaron y asesinaron.

Rivas Mira con su entorno engañó de manera brutal a la familia Poma, porque negoció el rescate del empresario cuando ya estaba muerto.

Rivas Mira nunca actuó solo, siempre lo acompañaron Vladimir Rogel, Joaquín Villalobos y Jorge Meléndez (Jonás). Si algo tienen en común estos cuatro nefastos personajes de la historia salvadoreña son las manchas de sangre de Poma y de Roque Dalton en sus manos.

Cuando la impunidad se acabe en mi país, estos personajes serán parte de su historia criminal y catalogados como lo que realmente fueron: asesinos fríos y calculadores, protegidos por poderes políticos impúdicos.

  
Por Juan José Dalton
 Referencias: Contapunto, Huffingtonpost

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lunes, 27 de abril de 2015

El turno del aullante - Max Rojas




I

Lo furioso, lo verdaderamente animal
que me sostiene, lo que me guarda en pie
con el rencor crecido, ésto como de hueso,
como de dientes que se muerden
después de haber mascado el polvo,
ésto de sangre, ésto de grito ahorcado
como un aullido en la garganta,
ésto como un muro, como un sollozo
largo de noche sin hogueras, lo animal,
lo verdaderamente huraño que me duele en los ojos.

Dije que el mar es algo así como esa diaria muerte
de mi cuerpo. Hoy me sale lo bronco
y me revuelvo, hoy me sale lo herido
y me desgarro —perdón por esta forma
de amargura, pero es que hoy
de muy dentro me sale lo animal desbocado,
la verdadera furia que me empuja:
ésto de maldecir espinas por la boca
lo formalmente triste,
lo exactamente amargo como el llanto.
Ahora me vuelvo y me despido y me regreso.
Voy a buscar mi sombra entre la sombra,
porque mordí sin tiempo un corazón de niebla,
y lo bronco,
lo verdaderamente animal que me sostiene
está dolido.


II

No he podido morir porque empezó a llover anoche,
pero, a decir verdad, ya no me duele aquello
tanto como entonces, ya no me tumba tanto el cuerpo
como antes. No he podido llegar, pero no importa;
han sucedido cosas a todo esto: nacieron gentes
y vinieron visitas y pasaron tranvías largos como la noche;
mi único traje se volvió ceniza, mi triste hueco
se largó a paseo, me atardeció de pronto,
no sé, sin enterarme; luego empezó a llover y no hubo tiempo,
no hubo manera de llegar a parte alguna; me encontré
de repente sin memoria, y olvidé todo aquello que me hería.
Debo decir que era una lluvia oscura la de anoche
(no sé si me entendáis, quiero decir que era una lluvia
venida de muy lejos, venida desde abajo de la tarde
como un montón de niebla sollozante, como un grito;
no sé si me entendáis, era como mujer que llega a despedirse);
debo decir que era una lluvia fría la de anoche,
un encontrarse de pronto en un espejo, llamando a no sé quién
con qué silencio, llamando a no sé quién con qué alarido.
Debo decir que era una lluvia hosca la de anoche.
No he podido morir, pero no importa. Me quedan otros trozos
de pellejo y otros dientes, y a lo mejor mi traje funeral
no está bien hecho. Olvidé tantas cosas desde anoche
que olvidé que mi cuerpo estaba roto y ahora está
no sé dónde, cayéndose de olvido; de esto, a veces,
me acuerdo con nostalgia: salgo por él gritando
como un loco, y acabo sin remedio tropezando.
Debo encontrar un cuerpo que me aguante: mi único traje
se volvió ceniza, y no me queda piel con que ir a mis entierros.
Para decir verdad, ya no me duele aquello como antes.
Tengo recuerdos de mujer trozándome los labios, y ganas
de llegar a alguna parte. No sé si me entendáis:
es un poco de polvo que me aguarda, un montón de silencio
que me espera. Traigo recuerdo de mujer crujiéndome
en los huesos y un hoyo, aquí, que me lastima.
No he podido morir, pero no importa:
desde anoche me duele el esqueleto,
y eso quiere decir que estoy llegando.
Han sucedido cosas, a todo esto: murieron gentes y se fueron
visitas y pasaron noches largas como tranvías y anocheció
de pronto, no sé, sin enterarme; yo me encontré metido
en un espejo (debo decir que era una lluvia fría,
decir que era una lluvia que golpeaba), llamando a no sé quién
con qué silencio, llamando a no sé quién con qué alarido,
con qué ganas de llegar a alguna parte.
Ya no me crece yerba en el olvido; me acostumbré, sin duda,
a tanto oscuro, y a lo mejor mi traje ya está listo:
es cosa de buscar en los armarios donde mi cuerpo,
a veces, se refugia.
Podría añadir algunas otras cosas, pero, a decir verdad,
aquello ya no duele como entonces.
Traigo recuerdos de mujer siguiéndome los pasos
y un hoyo aquí, bajo la piel, que no lo aguanto.


1965


VII

Descalabrado del lenguaje —y luego,
con quién hablar si a nadie
le importa mi gritada,
y nadie, en fin,
se va a dejar caer por estos huecos
en que anda mi bramido balbuciendo,
y más aún mi lenguaraje en busca
de qué decir o cómo y para qué,
si al cabo a mí lo de linguar
se me quedó una tarde apergollado
y dándose de topes contra el suelo,
en un lugar adonde para qué volver,
si pretender apuntalar mi lengua
es tanto o mucho más difícil
que pretender, ahora,
enseñarle a mascullar palabras,
y hoy la hablación me sale a punta
de trancazos,
y más que hablar
lo que me cuaja en la garganta es un aullido
y una ardición de las que escaldan la huesera
con un desmadre tal que ya no balbucir,
sino mover los labios duele,
y más acá el palabrerío pugnando
por salir —y cómo, si hay una trabazón
que ni manera de decir te amo
y mucho menos más lo que por dentro saja
y a empujonazos quiere hablar diciendo mucho
y sólo un dolorón se le amontona
a puñetazos en la boca;
por lo demás, si a quién le importa
un bledo hasta qué vertebraslinguales
me estoy desvertebrando
ni hasta qué tantos de mi carne
me ascua este alarido
mejor me guardo el descalabre
entre mi herrumbre, y esculco
alrededor por ver si me hablan.

1968


VIII

Anoche me dolió la esqueletada, de modo tal
y de manera triste, que al rato de crujir
se vino abajo;
ni para qué moverla —dije— de ese sitio
si al cabo he de acabar igual de caído:
la dentición ya me anda carcomiendo
y adentro el huesadal haciendo estragos;
mejor que de una vez se quede allí tirada
que pronto he de ir por ahi a recogerla;
me importa poco el hueserío que falte
porque de sobra sé que faltan muchos;
no por nada se me han ido cayendo,
a cada tropezón, un resto de ellos.
Si así de invertebral ha de quedarme,
mejor ya de una vez me angosto el alma,
y vale madre lo demás que venga luego.
Anoche me dolió la esqueletada, y a nadie más
que a mí me vino el crujimiento. Me entristo
un poco más y trago en seco, que al cabo sé
que he de acabar mi crujición a solas.



IX

Mi lenguaraje hoscón y mis bastantes ganas
de entardecer de pura muina
hoy más que ayer me llevan de bajada
y, más que ayer también, me friegan todo;
y de remate, allá donde la lengua pare polvo,
un gran charcal de llanto ya se me hizo
y eso que queda todo por decir de tanto escombro
y tanta rabia como hay royéndome la carne.
Si un poco más de ayer logré medio salvar
lo que de mí y de mi pellejo andaba a tarascazos
por ahí, cayendo y siempre a punto
de darse el fregadazo, hoy de plano el dolor,
allá donde la lengua en su charcal se estanca,
pide esquina, diciendo: en esta de una vez
aquí me quedo; nunca jamás mi lenguaraje hoscón
y su tristeza encima jorobando
van a lograr que vuelva yo a más de antier
en que empezaba apenas mi ladrido
a embronconarse;
de pura rabia hoy vengo de bajada y, no que no,
jodiendo recio, un desgarrón me parte el espinazo;
me esculco y sé que estoy ladrando a falta de lenguaje
y que ya es hora de empezar a mordisquear mi osario:
de tanto como hay royéndome la carne,
a puro hueso carcomido estoy sonando.

 X

1968



Era como si el fantasma de un hombre que se hubiera ahorcado regresara al lugar de su suicidio, por pura nostalgia de beber otra vez las copas que le dieron valor para hacerlo y preguntarse, tal vez, cómo tuvo el coraje.

Malcolm Lowry, Bajo el volcán.
 
…y sepa dónde y cuándo apuñalearon mi cadáver.



Caidal mi pinche extrañación vino de golpe
a balbucir sepa qué tantas pendejadas;
venía dizque a escombrar lo que el almaje me horadaba,
y a tientas tentoneó para encontrarse
un agujero tal de tal tamaño que en su adentro
mi agujereaje y yo no dábamos no pie
sino siquiera mentábamos finar
de donde a rastras pudiera retacharse nuestro aullido.
Eso es lo que me queda —dije— de tanta extrañación
como he tenido; un hueco nada más, y ya me crujo
del tanto temblequear de que ese hueco
del mucho adolorar se me deshueque
y ya ni hueco en que caer tengamos
ni mi agujero ni mi yo
tan deshuecado invertebral volvido
que ni a madrazos mi almaraje quiera
ponerse a recoger su trocerio.
Caidal mi pinche extrañación se fue de golpe
luego de extremaunciar sepa qué tantas pendejadas;
no le entendí ni madres de todo lo que dijo,
pero sentí que era de cosas que desgracian.
A buena hora se te ocurre —dije—
venirme a jorobar con lo pasado,
cuando que a puro ferretear me atasco el alma;
si no fuera por tanto pinche clavo que me clavo,
ya ni memoria ni aulladar tendría.
A mí de sopetón una mujer me destazó en lo frío,
y desde entonces
a puro pinche ardor me estoy enfriando.
Ni lumbre en el finar del almaraje y sus trocitos queda
y sólo el agujero está y estamos dentro
mi esqueletada y yo y mis agujeros,
a trompicones tentaleando fondo
para por fin tener donde aventar el alma
y de una vez echar la moridera.
Luego de extremaunciarme el esqueleto,
mi pinche extrañación se fue de golpe;
a tales rumbos me aventó de lejos
que pura mugre soledad me fui encontrando;
de arrempujón en empujón llegué a mis huecos,
todo ya de oquedad hallado hoyado,
y sin huesaje ya y sin nada
en que la agonición llevar a cabo.
Es frío —me dije— lo de agonir que tanto escalda,
pero el asunto es memoriar lo que en trocitos
del almaje va quedando de esa mujer y yo memorio
de cuando me hoyancó y, luego, hubo un desmadre tal
que estropició la elevación de los San Ángel
y memoreo, también, que al destazarme
los huesos se me fueron hasta un deshuesadero tal
que, entonces, mi agujereaje y yo crujímonos de frío,
y a puro pinche enfriar hemos andado desde entonces.
Extremahumado ya,
ni un chinguirito de lumbre en el almaje y sus retazos queda
para lumbrar siquiera el huésar donde a tumbos
velorio a esa mujer que desahució mi almario
y cascajó, de paso, la ardidera.
Una llagada me dejó, y qué llagada,
y aluego hubo un friadal y un chingo más de casas
que a chingadazos, pues, me auparon la caída.
Si así —me dije—, sin nada de huesar
y a puro bújero velorearé por siempre a esa mujer
mientras chinguitos del almar me queden
y siendo como es de frío lo de agonir que tanto escalda,
mejor ya de una vez me descerrajo el alma
y a ver en qué lugar la moridera boto.
Ya ni mi triste corazón me aguanta nada
y ya que en éstas del morir me esculco muerto,
dada la extremaunción, el último traguito
mi agujereaje y yo nos lo echaremos solos.
Briagados ya, y a tarascazos dando fondo,
vidriaremos por ahí a ver en que mugre velorio
nos aceptan:
resurreccir como que está bastante del carajo
y este pinche camión de Tizapán que ya no pasa,
como que nada más hasta un barranco hubo llegado.


Junio de 1971

(De El turno del aullante)


SER EN LA SOMBRA

Sé que estás:
pared entre lo oscuro.
Amaso mundos
soy
       —qué destrozo.
Palpo ansias o paredes
(toro muge).
Acumulo tinieblas; luciérnagas ya
crepitan tristes.
Pero el muro.

Pobladora de erizos:
sé que estás.
Te acaricio.
Amaso mundos ya sangrantes
o tiniebla.
Pero estás: muro implacable:
estás.
Toro que muge muere entre tinieblas.

ALGO CRUJE

Algo cruje; ciertamente algo cruje.
Madera o mundo o muerte ya cansada
cruje;
ciertamente algo cruje, roe campanas,
masca niebla; algo mastica huesos
de angustiadas palomas.
Algo cruje; ciertamente algo cruje:
caen sonidos o golpes de azadón
o alguien escombra piedras
o quién va hacia mi hueco,
pero no, y sigue de largo.
Ciertamente algo cruje, algo en alguna parte
se está muriendo a escombros,
algo se está viniendo abajo.
Tristeza o soledad o rabia oscura:
qué desolado mundo sin ti se desmorona.


RELACION DEL SEDIENTO

Sed. Cuánta. Qué ansias. Cómo quema
este hierro en la garganta,
este alarido.
Qué de ansias de apagar esta llaga.
Esa mano. Clavo ardiente es tu mano.
Cuánta sed. Hace frío.
Sal es el agua. Sales del agua
hecha sombra hecha hierro que destroza.
Cuánto polvo. Qué de sed da ese polvo.
Vete, o no; ven; ven a mi lado.
Cuánta sed; cuánta. Qué de derrumbes.
Cuánto arde tu tizón; ese hierro.
Ven. Sé labio: empápame. O durazno, no sé.
Empápame. Sé jardín o paloma. Pero ven.
Otro hierro ya no, que ya es bastante
este que en tu impiedad hierro me está
mascando todo.
Esa mano ya no, que me destroza.
Cuánta sed da ese hierro. Qué de polvo.
Qué de remordimiento en ese hierro.
Otro ya no. Esas uñas ya no.
Piedad.
. .. .. .. . —¡Cuánto desastre!

Cómo, cómo troza. Cuánta sed da ese hierro, cuánta;
qué de remordimiento en ese hierro.
Otro ya no, que ya mi llaga llaga mucho.
Esas uñas ya no.
. .. .. .. .Piedad.
. .. .. .. .(Este desastre).


Juan Máximo Rojas Proenza (Ciudad de México, 4 de junio de 1940 - 24 de abril de 2015), es considerado una de las voces más originales y reveladoras de la poesía contemporánea mexicana.


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