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viernes, 10 de mayo de 2013
Día de la madre: la festividad que Excélsior inventó para luchar contra el feminismo - Por Oriol Malló
El
día de la madre es en México la fiesta no oficial más importante luego
de la Navidad. Nada se compara a este ritual social que provoca aumentos
salvajes del consumo y grandes celebraciones familiares. Pero la
inciativa del fundador de Excélsior, Rafael Alducin, de conmemorar a la
madre mexicana en 1922 fue un reaccionario invento contra el socialismo y
la planificación familiar. Una triste historia fundacional contada por
Ismael Flores en Vivir México.
La historia negra detrás del Día de la Madre / Ismael Flores.
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| Rafael Alducin, conservador poblano y fundador de Excélsior: inventor del día de la Madre en México |
Ayer
se celebró entre la alharaca acostumbrada el Día de la Madre,
tradicionalmente mercantilizado como “la celebración para la reina del
hogar”. Por un día al año, se reconoció el esfuerzo en una reunión donde
se les colmó de regalos y, si tuvieron suerte, se les cocinó o se les
llevó a comer. Hoy todo regresó a la normalidad, y muchas de ellas
despertaron para lavar los trastes de la comida “en su honor”. ¿Qué se
oculta detrás de esta celebración? Por desgracia, una historia negra de
represión.
El
Día de la Madre fue introducido en nuestro país durante el siglo pasado
por iniciativa del entonces Secretario de Educación Pública José
Vasconcelos y el periodista Rafael Alducin, fundador del diario
Excélsior. Celebrado por primera vez el 10 de mayo de 1922, su
introducción e institucionalización en el calendario oficial respondió a
los esfuerzos por contrarrestar la campaña de planificación familiar
que el profesor José de la Luz Mena, miembro del Consejo de Educación
Pública, había iniciado en Yucatán.
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La
celebración, originalmente concebida en 1870 en Estados Unidos por la
sufragista y pacifista Julia Ward Howe, era una respuesta pacífica
contra la Guerra Civil norteamericana, creada a partir la famosa
Mother’s day proclamation, un himno que llama a las madres a levantar la
voz contra las atrocidades de la vida cotidiana y la guerra:
Arise, then, women of this day!
Arise, all women who have hearts,
Whether our baptism be of water or of tears!
Say firmly:
“We will not have great questions decided by irrelevant agencies,
Our husbands will not come to us, reeking with carnage, for caresses and applause.
Our sons shall not be taken from us to unlearn
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| © Elephant |
La
historia y los órganos (fálicos) de poder le retiraron el apellido a la
conmemoración que rabiosamente instauró Julia Ward, pues de ser un
llamado a las madres por la paz (a través de la adquisición de su
derecho al voto, a la equidad y participación ciudadana), se convirtió
en una celebración a la madre, a secas, del satatus quo de la mujer; tal
y como nos llegó a México a través de una campaña publicitaria en el
diario Excélsior.
El día de la madre nació para defender a la mujer católica
El
10 de mayo de 1922 en las primeras planas de dicho periódico, Rafael
Alducin “alertó” a los mexicanos de lo peligrosas que resultaban las
ideas “ajenas a nuestra moral social”, refiriéndose específicamente a la
campaña de planificación familiar iniciada en Yucatán por el profesor
José de la Luz Mena que buscaba difundir entre la población un folleto
llamado La Brújula del Hogar escrito por Margaret Sanger, pionera del
movimiento feminista del control de la natalidad, y en cuyo texto
orientaba a las mujeres sobre las decisiones que las mujeres podían
tomar sobre su cuerpo y vida evitando embarazos no deseados.
|
| Margaret Sanger © Almanac |
Yucatán,
ante la mirada atónita del gobierno central, vivía tiempos de
renovación que no pudieron ser entendidos más que como un peligro para
la nación. Con el ascenso al poder de Felipe Carrillo Puerto —fundador de
la agrupación que más tarde sería el Partido Socialista del Sureste— en
dicha entidad comenzaron a existir reformas incómodas para el gobierno
central, tales como la promulgación de la ley del divorcio, la educación
sexual, el apoyo a los grupos feministas y la oposición a espacios por
tradición exclusivamente masculinos, como las cantinas y los burdeles.
El
folleto de Margaret Sanger fue la gota que derramó el vaso y desde el
centro del país comenzó la campaña de defensa de los auténticos valores
mexicanos. (Cualquier parecido con la historia del “Día —blanquiazul— de
la familia” no es mera coincidencia).
En
el libro de Marta Acevedo, Memoria y olvido: imágenes de México, se
rescatan algunos fragmentos del texto de Rafael Alducin, donde se da
banderazo a la conmemoración de este día:
Hoy,
que en el extremo meridional del país se ha venido emprendiendo una
campaña suicida y criminal en contra de la maternidad, cuando en Yucatán
elementos oficiales no han vacilado en lanzarse a una propaganda
grotesca, denigrando la más alta función de la mujer que no sólo
consiste en dar a luz sino en educar a los hijos que forma su carne, es
preciso que la sociedad entera manifieste, con una fórmula banal si se
quiere, pero profundamente significativa, que no hemos llegado de
ninguna manera a esa aberración que predican los racionalistas
exaltados, sino que lejos de ello, sabemos honrar a la mujer que nos dio
vida.
Y
con esta mentada de madre dio inicio la festividad que el 10 de mayo se
conmemora: la visión tradicional de la madre abnegada, parturienta y
dolorosa. A la celebración de 1922 se sumaron la Iglesia Católica, las
damas de la Cruz Roja y los medio de comunicación de la época, como los
cines y teatros, abriéndole terreno a los comerciantes capitalinos que
conscientes de la situación comenzaron a promocionar “un regalito para
celebrar a mamá”. Poco importó que en Mérida, se llevaran acabo acciones
sorprendentes que incluso hoy causarían resquemor en varios sectores de
la población mexicana, tales como las Conferencias Culturales de la
Liga Central de Resistencia del Partido Socialista del Sureste donde se
tocaban temas como:
Profilaxis
Prevención de enfermedades venéreas
Relaciones familiares y jurídicas
La disciplina sindicalista
Los cuestionamientos sobre la implantación en los pueblos de la escuela Racionalista.
Análisis
de los beneficios de los “matrimonios naturales” y del “amor libre”,
insistiendo en que su práctica no destruía el hogar.
La emancipación de la mujer
Los derechos de la mujer
De
ahí para acá, la celebración de este día como esclerotización del
movimiento feminista ha rendido frutos y se ha materializado en el
Monumento a la madre, construido en la ciudad de México en 1932 —también
por iniciativa del diario Excélsior—, entre otras disposiciones legales
que perpetúan el rol tradicional donde ser madre es obligación para que
una mujer se pueda describir como tal, perpetuando sistemas económicos
como la doble jornada (madre que después de trabajar, tiene que atender a
sus hijos sin apoyo de la pareja) o la violencia económica (donde a la
mujer se le oprime a través de darle o no dinero y prohibiéndole
trabajar).
Celebrar
y reconocer a la madre es fundamental y necesario. Pero celebrar su
posición de reina-esclava de la casa, el modelo de Marga López en Cuando
los hijos se van, y la opresión que sufre como mujer al volverse un
idolillo etéreo, una santa, una diosa sin necesidades y que se desboca
por la familia… eso creo, no es digno de ser celebrado.
¿Y
ustedes ya lavaron los platos, o dejaron que su mamá los lavara después
de la comida en su “honor”?¿Los lavarán el resto del año ...
viernes, 11 de enero de 2013
Azarosa historia de la cerveza en México
Historia de la cerveza en México detalla el devenir de esta bebida en el país, desde su arribo al Nuevo Mundo, los intentos para su fabricación y su poca aceptación en la época novohispana
La historiadora María del Carmen Reyna, autora del libro, refiere que el rey Carlos V dio la autorización, en 1542, para que en la Nueva España se pudiera elaborar cerveza
Pocos saben que el origen de la cerveza se remonta a nueve mil años, en el Oriente Medio, en la región que hoy ocupa Irak, donde era fabricada por los sumerios. A partir de entonces emprendió un largo viaje que, durante varios siglos y numerosos experimentos, la llevarían a perfeccionar su sabor y calidad. Hoy, es una de las bebidas predilectas a nivel mundial, particularmente entre los mexicanos, lo que ha colocado al país en el décimo lugar en el consumo de cerveza.
La historiadora María del Carmen Reyna, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), recorre en el libro Historia de la cerveza en México el azaroso camino de esta bebida en el territorio americano; desde su llegada al Nuevo Mundo tras la conquista española, los primeros intentos para su fabricación, la difícil etapa de aceptación durante la época novohispana, y su posterior consolidación durante el siglo XX, tanto en el gusto como en una floreciente industria mexicana.
En el volumen, editado por el INAH, la especialista de la Dirección de Estudios Históricos (DEH) señala que aunque la cerveza no necesariamente fue la primera variedad de bebida fermentada que llegó al paladar humano, sin duda fue una de las más antiguas y hoy es, quizá, la más popular del mundo.
Luego de indagar en numerosos archivos, la autora refiere que fue en 1542 cuando el monarca Carlos V autorizó que en la Nueva España se pudiera elaborar cerveza, misma que se producía en una fábrica establecida en Amecameca, que dirigía el español Alfonso de Herrera.
“Traían maestros cerveceros europeos para poder hacerla, que tenían la habilidad, práctica y experiencia necesarias. Esta primera cervecería permaneció alrededor de cuatro o cinco años, pues no tenía las condiciones para subsistir. Además, las primeras cervezas salían muy caras y, por lo mismo, la producción era mínima. Por ello, se decidió mejor traerla en barcos, pero este transporte debía tener ciertas condiciones para que la bebida no se echara a perder”.
La investigadora del INAH relata que cuando México se independizó, llegó una ola de inmigrantes europeos y estadounidenses que preferían la cerveza al pulque —que era una de las bebidas principales en el país—, porque éste les parecía que no tenía sabor.
“En la primera mitad del siglo XIX, los europeos empezaron a establecer fábricas artesanales, pero tenían que traer maestros cerveceros para poder elaborarla, a quienes se les pedía firmar un contrato en el que se establecía que no debían enseñar aquí la técnica porque era algo casi secreto. En Europa, desde la Edad Media, los que habían adquirido una práctica excelente para elaborar cerveza eran los monjes, inclusive algunas marcas tenían el nombre de los monasterios donde se producía”.
María del Carmen Reyna refiere que las primeras cerveceras se establecieron en la Ciudad de México, preferentemente cerca de algún río, porque se utilizaba mucha agua para elaborar la bebida. Sin embargo, no prosperaron porque debían importar el lúpulo, una especie de planta que traían de Europa, de la cual se utiliza la flor hembra sin fecundar. De Estados Unidos venía la cebada pero no tenía la calidad suficiente, por lo que en México se empezó a cultivar este cereal.
“No sé si en México se cultive el lúpulo, a lo mejor aún tienen que traerlo de Europa. Éste es el gran secreto de la cerveza, lo que le da su sabor, aunque se necesita mucha experiencia y conocimientos para que adquiera un sabor exquisito”, refirió la historiadora María del Carmen Reyna.
Una de las primeras cervecerías se estableció en lo que hoy es la calle Revillagigedo, a cargo de la familia Cantolla, procedente de España, pero no tuvo éxito. Otra más se instaló en el Ex Convento de San Agustín, ubicado en Isabel la Católica y República de El Salvador, cuyo terreno abarcaba toda la manzana y para hacerse de recursos, rentaba una parte a la cervecería, que permaneció abierta de 1829 a 1861, cuando se hizo la desamortización de bienes eclesiásticos y se cerró el establecimiento.
Otra fábrica se instaló en el Hospicio de Pobres, ubicado en Balderas y avenida Juárez, que también arrendó una parte de su terreno porque necesitaba recursos para la atención de huérfanos y enfermos. Una ventaja que tenía el hospicio es que poseía mercedes de agua, y eso permitía a los productores contar con el recurso suficiente para elaborar la cerveza. Eran extranjeros, de origen europeo en su mayoría, los que alquilaban estos lugares.
Asimismo, al norte del país, en Sonora y Chihuahua, se establecieron algunas de las primeras cervecerías, lo mismo que en Jalisco, las cuales eran trabajadas por productores ingleses y alemanes. Posteriormente, se abrieron más cerveceras al sur del país.
Al llevar la cerveza de un extremo a otro del territorio nacional, era necesaria una buena técnica para que se conservara en buen estado, sino se echaba a perder.
“La inestabilidad del siglo XIX no hizo posible que se fortalecieran las fábricas de cerveza. Sin embargo, a mediados de esa centuria empezó a haber una mayor demanda de esta bebida, que poco a poco fue desplazando al pulque. La cerveza también se consideraba medicinal, a los niños se les daba un traguito para tranquilizarlos por efectos del lúpulo”.
La investigadora del INAH indicó que fue hasta principios del siglo XX cuando empezaron a surgir las grandes empresas cerveceras, como Modelo, fundada por españoles en 1925, cerca del río San Joaquín para tener el agua suficiente, quienes trajeron a fabricantes extranjeros para su elaboración. Posteriormente, crearon los envases de vidrio y las corcholatas, que eran muy prácticas para destaparlos y proteger el líquido.
Esta empresa empezó a expandirse y en 1950 adquirió una fábrica de cerveza de Yucatán, que era muy productiva, pero curiosamente al adquirirla dejó de serlo. Sin embargo, siguió su crecimiento llegando a comercializar ocho marcas y fusionándose con socios mexicanos.
Poco a poco se fueron abriendo más empresas con capital nacional, como Corona —que actualmente exporta a muchos países—, Indio, Tecate, Cuauhtémoc, Yucateca, Moctezuma, etcétera, que se vieron favorecidas con el ferrocarril y el transporte marítimo.
María del Carmen Reyna indicó que en Toluca, Estado de México, hay un Museo de la Cerveza, perteneciente a la empresa Modelo, que conserva la maquinaria con que se producía a principios del siglo XX.
“La cerveza mexicana se vende mucho en todo el mundo y es muy apreciada. Hoy por hoy, México ocupa el décimo lugar en el consumo de cerveza, siendo los principales consumidores Alemania (que organiza durante un mes el Oktoberfest, en el que se sirven galones de esta bebida), España, Francia, República Checa, Austria, Bélgica, Reino Unido, Dinamarca y Estados Unidos, que cuenta con infinidad de fábricas”, finalizó la historiadora.
La historiadora María del Carmen Reyna, autora del libro, refiere que el rey Carlos V dio la autorización, en 1542, para que en la Nueva España se pudiera elaborar cerveza
Pocos saben que el origen de la cerveza se remonta a nueve mil años, en el Oriente Medio, en la región que hoy ocupa Irak, donde era fabricada por los sumerios. A partir de entonces emprendió un largo viaje que, durante varios siglos y numerosos experimentos, la llevarían a perfeccionar su sabor y calidad. Hoy, es una de las bebidas predilectas a nivel mundial, particularmente entre los mexicanos, lo que ha colocado al país en el décimo lugar en el consumo de cerveza.
La historiadora María del Carmen Reyna, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), recorre en el libro Historia de la cerveza en México el azaroso camino de esta bebida en el territorio americano; desde su llegada al Nuevo Mundo tras la conquista española, los primeros intentos para su fabricación, la difícil etapa de aceptación durante la época novohispana, y su posterior consolidación durante el siglo XX, tanto en el gusto como en una floreciente industria mexicana.
En el volumen, editado por el INAH, la especialista de la Dirección de Estudios Históricos (DEH) señala que aunque la cerveza no necesariamente fue la primera variedad de bebida fermentada que llegó al paladar humano, sin duda fue una de las más antiguas y hoy es, quizá, la más popular del mundo.
Luego de indagar en numerosos archivos, la autora refiere que fue en 1542 cuando el monarca Carlos V autorizó que en la Nueva España se pudiera elaborar cerveza, misma que se producía en una fábrica establecida en Amecameca, que dirigía el español Alfonso de Herrera.
“Traían maestros cerveceros europeos para poder hacerla, que tenían la habilidad, práctica y experiencia necesarias. Esta primera cervecería permaneció alrededor de cuatro o cinco años, pues no tenía las condiciones para subsistir. Además, las primeras cervezas salían muy caras y, por lo mismo, la producción era mínima. Por ello, se decidió mejor traerla en barcos, pero este transporte debía tener ciertas condiciones para que la bebida no se echara a perder”.
La investigadora del INAH relata que cuando México se independizó, llegó una ola de inmigrantes europeos y estadounidenses que preferían la cerveza al pulque —que era una de las bebidas principales en el país—, porque éste les parecía que no tenía sabor.
“En la primera mitad del siglo XIX, los europeos empezaron a establecer fábricas artesanales, pero tenían que traer maestros cerveceros para poder elaborarla, a quienes se les pedía firmar un contrato en el que se establecía que no debían enseñar aquí la técnica porque era algo casi secreto. En Europa, desde la Edad Media, los que habían adquirido una práctica excelente para elaborar cerveza eran los monjes, inclusive algunas marcas tenían el nombre de los monasterios donde se producía”.
María del Carmen Reyna refiere que las primeras cerveceras se establecieron en la Ciudad de México, preferentemente cerca de algún río, porque se utilizaba mucha agua para elaborar la bebida. Sin embargo, no prosperaron porque debían importar el lúpulo, una especie de planta que traían de Europa, de la cual se utiliza la flor hembra sin fecundar. De Estados Unidos venía la cebada pero no tenía la calidad suficiente, por lo que en México se empezó a cultivar este cereal.
“No sé si en México se cultive el lúpulo, a lo mejor aún tienen que traerlo de Europa. Éste es el gran secreto de la cerveza, lo que le da su sabor, aunque se necesita mucha experiencia y conocimientos para que adquiera un sabor exquisito”, refirió la historiadora María del Carmen Reyna.
Una de las primeras cervecerías se estableció en lo que hoy es la calle Revillagigedo, a cargo de la familia Cantolla, procedente de España, pero no tuvo éxito. Otra más se instaló en el Ex Convento de San Agustín, ubicado en Isabel la Católica y República de El Salvador, cuyo terreno abarcaba toda la manzana y para hacerse de recursos, rentaba una parte a la cervecería, que permaneció abierta de 1829 a 1861, cuando se hizo la desamortización de bienes eclesiásticos y se cerró el establecimiento.
Otra fábrica se instaló en el Hospicio de Pobres, ubicado en Balderas y avenida Juárez, que también arrendó una parte de su terreno porque necesitaba recursos para la atención de huérfanos y enfermos. Una ventaja que tenía el hospicio es que poseía mercedes de agua, y eso permitía a los productores contar con el recurso suficiente para elaborar la cerveza. Eran extranjeros, de origen europeo en su mayoría, los que alquilaban estos lugares.
Asimismo, al norte del país, en Sonora y Chihuahua, se establecieron algunas de las primeras cervecerías, lo mismo que en Jalisco, las cuales eran trabajadas por productores ingleses y alemanes. Posteriormente, se abrieron más cerveceras al sur del país.
Al llevar la cerveza de un extremo a otro del territorio nacional, era necesaria una buena técnica para que se conservara en buen estado, sino se echaba a perder.
“La inestabilidad del siglo XIX no hizo posible que se fortalecieran las fábricas de cerveza. Sin embargo, a mediados de esa centuria empezó a haber una mayor demanda de esta bebida, que poco a poco fue desplazando al pulque. La cerveza también se consideraba medicinal, a los niños se les daba un traguito para tranquilizarlos por efectos del lúpulo”.
La investigadora del INAH indicó que fue hasta principios del siglo XX cuando empezaron a surgir las grandes empresas cerveceras, como Modelo, fundada por españoles en 1925, cerca del río San Joaquín para tener el agua suficiente, quienes trajeron a fabricantes extranjeros para su elaboración. Posteriormente, crearon los envases de vidrio y las corcholatas, que eran muy prácticas para destaparlos y proteger el líquido.
Esta empresa empezó a expandirse y en 1950 adquirió una fábrica de cerveza de Yucatán, que era muy productiva, pero curiosamente al adquirirla dejó de serlo. Sin embargo, siguió su crecimiento llegando a comercializar ocho marcas y fusionándose con socios mexicanos.
Poco a poco se fueron abriendo más empresas con capital nacional, como Corona —que actualmente exporta a muchos países—, Indio, Tecate, Cuauhtémoc, Yucateca, Moctezuma, etcétera, que se vieron favorecidas con el ferrocarril y el transporte marítimo.
María del Carmen Reyna indicó que en Toluca, Estado de México, hay un Museo de la Cerveza, perteneciente a la empresa Modelo, que conserva la maquinaria con que se producía a principios del siglo XX.
“La cerveza mexicana se vende mucho en todo el mundo y es muy apreciada. Hoy por hoy, México ocupa el décimo lugar en el consumo de cerveza, siendo los principales consumidores Alemania (que organiza durante un mes el Oktoberfest, en el que se sirven galones de esta bebida), España, Francia, República Checa, Austria, Bélgica, Reino Unido, Dinamarca y Estados Unidos, que cuenta con infinidad de fábricas”, finalizó la historiadora.
Fuente : Instituto Nacional de Antropología e Historia




