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martes, 21 de marzo de 2017
Benito Juárez, el derecho a la razón - Por Alicia Mariscal Ortega
Cada
año, en familia, solíamos ir de vacaciones a la casa de los abuelos a un
pintoresco pueblo en Jalisco de los ahora llamados “Pueblos Mágicos”; tenían
una hermosa casa, que tal vez por mi corta edad me parecía demasiado grande, de
la cual mis recuerdos aún permanecen.
Mi
abuela, maestra de profesión, (aunque ya no ejercía) era reconocida por su
labor altruista, sobre todo en favor de los más humildes, fue una católica
devota que acudía diariamente a la primera misa que se oficiaba apenas
despertando el día.
Una
de esas mañanas, al regresar mi abuela de la iglesia, estaba visiblemente
contrariada y molesta, le comentó a mi madre “El cura acaba de hacer una barbaridad, en plena misa gritó ¡ACABO DE
TENER UNA REVELACIÓN!” Según él,
vio a Don Benito Juárez descender al infierno; cosa que a mí me impactó, yo tenía
siete años y asistía al catecismo, y, entre otras cosas, nos explicaban que los
buenos se van al cielo y los malos al infierno… aquel suceso nunca lo olvidé,
entre el enojo de mi abuela, la historia que en la escuela me enseñaban de Don
Benito Juárez, la “revelación” del cura y mis clases de catecismo me
confundieron totalmente, por eso desde muy pequeña empecé a preguntar tratando
de informarme sobre la vida y obra de Juárez.
No
me explico a qué oráculo habrá invocado aquel sacerdote, aunque obviamente sé
del origen de ese radicalismo, siempre se ha sabido que una gran parte del
clero tiene una animadversión exacerbada a la figura de Juárez y aún hoy en día
lo siguen denostando.
Benito
Juárez fue hijo de campesinos pobres, siendo de un origen muy humilde, nacido
en un pueblo que se integraba por apenas 20 familias (que en la pirámide social no
se le podría establecer ni siquiera como un pueblo)…”Tuve la desgracia de no haber conocido a mis Padres, Marcelino
Juárez y Brígida García, indios de la raza primitiva del país, porque apenas
tenía yo tres años, habiendo quedado con mis hermanas María Josefa y Rosa al
cuidado de nuestros abuelos paternos, Pedro Juárez y Justa López, indios
también de la nación Zapoteca”… Estas palabras de Juárez las obtuve de los
textos “Apuntes para mis hijos”; ya posteriormente investigué que su pequeña
hermana María Alberta quedó bajo el cuidado de su tía Cecilia y a los pocos años mueren sus abuelos, quedando
sólo Benito bajo la tutela de su tío Bernardino Juárez, que
era campesino igualmente de condición muy pobre, estuvo dedicado a las labores
del campo; en específico, pastoreando
ovejas. El joven, en su afán de educarse, marcha a pie desde el poblado donde
radicaba con su tío hasta la ciudad de Oaxaca sin saber leer ni escribir y
desconociendo el idioma español. Tenía sólo doce años de edad.
Ya
en la capital Oaxaqueña se refugia con su hermana Josefa donde ella servía de
cocinera en la casa de una familia de clase alta, poco después conoce a quien
sería su preceptor, Don Antonio Salanueva, miembro de la tercera orden de San
Francisco. De entre tantos acontecimientos, circunstancias en algunos casos
funestas e incomodas para su persona, Benito logra ingresar, con el apoyo de
Salanueva, al seminario de la ciudad de Oaxaca, donde termina estudios de
filosofía, teología y latín, en seguida ingresa a la carrera de Jurisprudencia
en el instituto de Ciencias y Artes donde obtiene su título de abogado y es ahí
que se refuerzan sus convicciones fervorosamente liberales que después lo
impulsarían a luchar por la redención de su pueblo. “Nada
se consigue con la fuerza y si todo con el derecho y la razón” palabras que
aun cimbran la conciencia humana y vertidas con la sencillez y sapiencia de un
hombre íntegro, así hablaba Juárez; mencionaba de dar a cada quien su capacidad
según sus obras y su educación, se declaró enemigo de las clases privilegiadas
y de las preferencias injustas, definió al socialismo como la tendencia natural
a mejorar la condición y el libre desarrollo de las facultades físicas y
morales del hombre, separa la iglesia del estado y de la política (aquí es
donde siempre imagino el rencor manifestado de aquel párroco que mencionó mi
abuela), estableció las disposiciones sobre la libertad de culto y la supresión
de las practicas bárbaras de tratar con intolerancia y considerar los pecados
“eclesiásticos” como agravantes de delitos punibles…Todo esto aún continua
vigente y más que normas o leyes muy bien establecidas, prevalece una perfecta
medición de principios y valores para nuestra sociedad actual.
Todo
lo que logró Juárez y todo lo que intentó sin lograr estuvo fincado en una
conducta personal honesta, austera y esforzada. Sabía admitir y recoger las
opiniones contrarias a las suyas, pero fundadas en los principios básicos que
alimentaban su vida moral, jamás claudicó a la injusticia social pero siempre
acatando la protesta de la ley. Por eso cuando recuerdo los comentarios de mi
abuela aquella mañana entiendo que ella sabía muy bien cuan lastimoso y
desafortunado había sido el proceder del clérigo cuya finalidad era desvirtuar
la figura de Juárez.
Si
bien es cierto que ya no sufrimos las agresiones como en la época de Juárez, si
padecemos una dependencia y subordinación extranjera que resulta en una forma
de dominio tan peligrosa como los ejércitos imperiales y tan funesta como las
guerras fratricidas. Grupos interiores y del exterior pugnan por convertirnos
en trágicas imitaciones y en traspatio de cultura; acometernos y sojuzgarnos
impidiendo que realicemos la patria en las proporciones de la capacidad
nacional y de nuestro designio trascendental.
Es por ello que cada vez que observo la mirada dulce pero triste de cada
niño indígena de las sierras, de los campos, de los desiertos y de las ciudades
en nuestro país, logro ver el rostro del hombre duro, pétreo e inmortal de
Benito Juárez, porque como ese niño indígena que pastoreó ovejas y venció
adversidades de discriminación y pobreza, así mismo demostró que ese
“ingrediente indio” del alma puede ser factor decisivo para lograr todas las
causas nobles posibles para la dignidad de nuestra historia pero también
demostrarnos dolorosamente que México es un pueblo de necesidades.
Dedicado a mis nietos Karim, Gibran y
Sdagia
Por Alicia Mariscal Ortega
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miércoles, 22 de febrero de 2017
Feliz cumpleaños Maestro Miguel León-Portilla
En la inauguración del Encuentro Nacional de Experiencias de Desarrollo Lingüístico, en el marco del Día Internacional de la Lengua Materna (21 de febrero), el historiador Miguel León-Portilla expresó:
"Los pueblos indígenas nunca deben perder su alma, su lengua materna mesoamericana, es un tesoro".
“Sabemos que hoy en día muchas amenazas se ciernen en contra de nuestras lenguas originarias, por ello hay que fortalecerlas difundiéndolas, escribiendo en ellas hablándolas y cultivándolas. Todo ello no es fácil pero sí es posible, los escritores en lenguas indígenas tienen una gran misión por delante. ¿Quiénes serán los lectores de lo que escriben? Serán quienes puedan conocer sus creaciones a través de las transmisiones de las radios comunitarias, también a través de la difusión de sus obras en libros y revistas”
Desde aquí le enviamos una calurosa felicitación al Maestro quien cumple hoy 91 años.
K'a wichiy ki huatzin
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domingo, 18 de septiembre de 2016
Color e identidad: los orígenes del rosa mexicano
En las oscuras y sucias calles del Londres de mediados del siglo XIX se fundó el Royal College of Chemistry, siendo el químico alemán August Wilhelm Hofmann su primer director. En plena Revolución industrial, el principal cometido de la industria química en Inglaterra era la aplicación de los nuevos descubrimientos en el campo de la química orgánica, propiciada en gran medida por los experimentos realizados a partir del abundante subproducto de la industrialización: el alquitrán de hulla. A partir de los experimentos que Hofmann realizó con este material, pudo descubrir nuevos compuestos como el formaldehido y, junto con sus alumnos, logró perfeccionar los métodos para la extracción de benceno y del tolueno y convertirlos en compuestos nítricos. Ahora sabemos que fue quizás la industria bélica la que se vio mayormente beneficiada con estos importantes avances.
Uno de sus alumnos más distinguidos fue William Henry Perkin, a quien le fue encargada la noble tarea de encontrar la fórmula para producir, a partir del alquitrán, un sustituto sintético para la escasa y costosa quinina que se utilizaba para tratar la malaria, enfermedad muy extendida entre los colonialistas europeos. Perkin y su equipo sintetizaron de manera accidental un nuevo producto de un violeta intenso que llamaron “malveína”, debido a su parecido con los tintes naturales extraídos de las flores de malva. Perkin también descubrió un intenso tinte rojo conocido como carmesí de alizarina, sólo que la compañía bávara de anilinas, la basf, logró anticiparse con la patente. Otras compañías germanas como la agfa (Aktiengesellschaft für Anilin Fabrikation), la Hoechst y Bayer, desplazaron a las compañías inglesas convirtiendo a Alemania en la más grande potencia química y farmacéutica de la Europa de finales del siglo XIX.
La anilina (del añil o índigo) fue un descubrimiento descomunal que tuvo un enorme impacto en la economía del mundo. La gama cromática, que abarca del azul al rojo, siempre fue muy cotizada y muy costosa de producir, particularmente para la tinción de diversos textiles. Con el descubrimiento de estos tintes sintéticos, las enormes crinolinas que usaban las damas de sociedad europeas podían teñirse de violeta, de azul y de rosa a mucho menor costo que en toda la historia pasada. De hecho, cuando naciones enteras subsistían en gran medida de la producción de tintes naturales (como el índigo de India), sus economías se fueron a pique. Cuenta el químico e historiador del color inglés Philip Ball que, en 1860, la compañía Simpson, Maule y Nicholson fabricó un rojo de anilina que nombraron inicialmente como roseine, pero que finalmente se hizo más conocido por el nombre que persiste hasta el día de hoy: “magenta”, en honor de la ciudad italiana donde el ejército francés se enfrentó al austríaco en junio de 1859 y que había sido noticia de primera plana.
Uno de sus alumnos más distinguidos fue William Henry Perkin, a quien le fue encargada la noble tarea de encontrar la fórmula para producir, a partir del alquitrán, un sustituto sintético para la escasa y costosa quinina que se utilizaba para tratar la malaria, enfermedad muy extendida entre los colonialistas europeos. Perkin y su equipo sintetizaron de manera accidental un nuevo producto de un violeta intenso que llamaron “malveína”, debido a su parecido con los tintes naturales extraídos de las flores de malva. Perkin también descubrió un intenso tinte rojo conocido como carmesí de alizarina, sólo que la compañía bávara de anilinas, la basf, logró anticiparse con la patente. Otras compañías germanas como la agfa (Aktiengesellschaft für Anilin Fabrikation), la Hoechst y Bayer, desplazaron a las compañías inglesas convirtiendo a Alemania en la más grande potencia química y farmacéutica de la Europa de finales del siglo XIX.
La anilina (del añil o índigo) fue un descubrimiento descomunal que tuvo un enorme impacto en la economía del mundo. La gama cromática, que abarca del azul al rojo, siempre fue muy cotizada y muy costosa de producir, particularmente para la tinción de diversos textiles. Con el descubrimiento de estos tintes sintéticos, las enormes crinolinas que usaban las damas de sociedad europeas podían teñirse de violeta, de azul y de rosa a mucho menor costo que en toda la historia pasada. De hecho, cuando naciones enteras subsistían en gran medida de la producción de tintes naturales (como el índigo de India), sus economías se fueron a pique. Cuenta el químico e historiador del color inglés Philip Ball que, en 1860, la compañía Simpson, Maule y Nicholson fabricó un rojo de anilina que nombraron inicialmente como roseine, pero que finalmente se hizo más conocido por el nombre que persiste hasta el día de hoy: “magenta”, en honor de la ciudad italiana donde el ejército francés se enfrentó al austríaco en junio de 1859 y que había sido noticia de primera plana.
La enorme gama de productos teñidos, pintados, entintados o que incorporan en su material el amplísimo espectro de rosas, fucsias, violetas, magentas y rojos que se sintetizan actualmente a partir de estos colorantes, es inmensa e incluye ropa, coches, libros y revistas, juguetes, mochilas, productos artesanales, lonas y todo tipo de plásticos. Pareciera, por lo menos en México, que estamos invadidos por objetos en “rosa mexicano” o de colores similares (si es que aceptamos esta nomenclatura como un color oficial).
Cromática de la “mexicanidad”
Se ha repetido de manera insistente que México es un país muy colorido. Incluso sigue existiendo una política pública, impulsada por el entonces presidente Felipe Calderón, respecto a la “marca país México”, que hace hincapié en el uso de colores “cálidos, estridentes y vivos” que representen nuestra enorme “riqueza visual”. Sin lugar a dudas, y en muchos sentidos, el nuestro sí es un país que tiene cierta inclinación por el color, lo cual es evidente en nuestros mercados, en muchos de nuestros trajes regionales, en la arquitectura de algunas ciudades y aun en nuestra cultura culinaria. Es tal nuestro orgullo por el color nacionalista, que aseguramos que nuestros artistas han sido algunos de los mejores coloristas del mundo, como es el caso de Rufino Tamayo, quien “nació con las manos llenas de color” nativo de Oaxaca y, por lo tanto, “heredero de las grandes culturas prehispánicas”. Otro ejemplo que se repite con frecuencia es el del famoso color rosa de Luis Barragán quien, por su parte, declaró alguna vez que su paleta provenía en realidad de los surrealistas, en particular de “De Chirico, Balthus, Magritte, Delvaux y [sí] Chucho Reyes.”
De acuerdo con la mayoría de las fuentes disponibles, los pueblos “más civilizados” han rechazado históricamente el uso de colores intensos. Para algunos teóricos del pasado, como Johann w. von Goethe, el extendido uso del color es más característico de los países que se ubican en las regiones más calientes del planeta. Por otro lado, en su famosa Teoría de los colores, el poeta romántico demuestra ser un pensador racista, pues llega a afirmar que el color de la piel “indica una diferencia de carácter” y que el de los europeos, que “varía del blanco al amarillento, pardusco o rojizo […] es el más hermoso”. En cambio, el rojo (o “colorado” –el color por antonomasia–) es preferido por las personas “robustas y rudas”, por los niños y, por ende, por los pueblos salvajes y primitivos. Para los conquistadores españoles del siglo xvi, el gusto por el color de los nativos americanos era considerado incluso demoníaco (Goethe usa la palabra “peligroso”; gefährlich en la edición original).
El “rosa mexicano”, una versión rebajada pero intensa del rojo, entraría en estas categorías (véanse los escritos de Motolinía y Sahagún en México y Poma de Ayala en Perú). Aquí cabe recordar que dicho color no existía en las paletas prehispánicas, no obstante distintos tipos de rojo sí eran apreciados y sí se utilizó ampliamente como tinte, extraído de diversas plantas, insectos y moluscos.
La verdadera modernización de nuestro país no inició sino hasta finalizada la Revolución, y con ella se introdujeron masivamente los tintes artificiales, sustituyendo casi hasta la extinción muchos de los productos naturales que genera nuestro rico país. Como sabemos, todos los gobiernos postrevolucionarios han participado en una campaña orientada a la cohesión social basada principalmente en el fortalecimiento del nacionalismo y en la creación de una identidad. Paradójicamente, la gran mayoría de estos gobiernos ha sido de derecha, como casi todos los nacionalismos. Durante la búsqueda de esta famosa identidad mexicana y nacionalista, surgieron diversos grupos que se caracterizaron por su xenofobia y su conservadurismo. Después de la Revolución, como parte del proceso nacionalista que definió nuestra idiosincrasia presente, se multiplicaron los grupos derechistas en México, particularmente durante el cardenismo, que fue el gobierno postrevolucionario más orientado hacia el pensamiento de izquierda. Esta polarización se fue definiendo aún más durante la Guerra fría en las décadas posteriores. Cuando terminó la segunda guerra mundial, y coincidiendo con el macartismo, el entonces presidente Miguel Alemán impulsó una doctrina llamada “de la mexicanidad” y la mayoría de los medios masivos de comunicación se unieron a esta campaña, fuertemente anticomunista.
En medio de este período surgió la idea de un “rosa mexicano”. Alrededor de 1948, Ramón Valdiosera, un joven diseñador de modas, supuestamente inspirado en la indumentaria de los grupos étnicos y el color de las buganvilias, lanzó una colección que tuvo amplia aceptación entre las mujeres de la alta sociedad mexicana, encabezadas por actrices como Dolores del Río y María Félix. Cuando se presentó en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York, los periodistas estadunidenses lo bautizaron como mexican pink y posteriormente recibió el espaldarazo de Alemán como una especie de embajador de la mexicanidad en el extranjero y entre el jet set.
Como se mencionó antes, fueron las principales compañías farmacéuticas las encargadas de sintetizar esta nueva gama cromática, a la cual pertenecen los tintes orgánicos que se usan para producir los rojos, violetas y rosáceos que tanto se utilizan hoy en día para la elaboración de un sinfín de productos comerciales que hace cincuenta o más años hubieran resultado extremadamente costosos. Entre otras cosas, y desde su fundación, estos mismos megaconsorcios productores han sido responsables de casi todos los explosivos y venenos que se emplean en la guerra y son los dueños, por así decirlo, de la producción de la mayoría de los colorantes sintéticos disponibles en el mercado.
Curiosamente, la relación entre el colorismo y el nacionalismo exacerbado no es exclusiva de nuestro país. Cuando los cromoluminaristas (puntillistas) y posteriormente los famosos fauves, como Henri Matisse, llegaron a la costa del sur de Francia en busca de la “luz y el color mediterráneos”, también arribaron a la cuna del ultranacionalismo francés. Fue en esta región donde se fundó el movimiento de Acción Francesa, mismo que publicó las revistas L’Occident (con la cual colaboró el pintor Maurice Denis) y La Rénovation Esthétique, de Émile Bernard, discípulo de Cézanne. Lamentablemente, nada de todo lo antedicho parece haber influido para moderar al menos la campaña de “rosificación” de nuestra nueva Ciudad de México, donde los miles de taxis, las fachadas de los verificentros, las credenciales de los adultos mayores y prácticamente toda papelería oficial, incluidas las boletas que emite la tesorería, nos han invadido como nunca antes •
lunes, 1 de agosto de 2016
El otro México de los Mexicanos y el Mundo
“Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad.” Albert Einstein
México lindo y querido. Así inicia una de las canciones
luz que despiertan los ánimos y voluntades de propios y extraños cuando
habiendo vivido aquí en México, como es mi caso, la letra y música de
Jorge Negrete, autor de esa pieza en sobresaliente, hace que la piel se
erice, la sangre hierva y el alma se despierte; como cuando se escucha
en los estadios a una sola voz la fuerza que recuerda la emancipación en
busca de la dignidad palpado en los hechos y las letras de la historia
mexicana, en el mexicano creativo, el inventor, el visionario, el
agricultor, el industrial, el profesional; en lo artesanos, los
artistas, el buen vecino, en la Villa de la Virgen de Guadalupe, cuando
ves la esperanza andando en los cuerpos iluminados y los ojos como
barniz, en la sonrisa complacida de miles y miles que la frecuentan cada
día; o, en grito del 15 de septiembre, tres veces elevado a la
nonagésima potencia. Sí, habría que estar muerto para no sentir algo
sino mucho, cuando en tu entorno ves y escuchas a una sola voz que el
pueblo (niños, mujeres, hombres) exhala de su ser profundo: ¡Viva
México, Viva México, Viva México!
La semana pasada describí una triste realidad. Es cierto que existe
inseguridad, tanta que a veces se siente temor de salir y otras veces
hasta dormirse por si entran a robar. Pero con todo y eso, por muy
cierto que sea, no es México, esto también es verdad.
El hecho que haya desalmados, corruptos, criminales no es lo único
que hay en esta gran Nación. En lo particular, así como cuestiono y
señalo lo indeseable, con esa misma pasión la defiendo de quienes la
acaban incluyendo a los nacidos aquí porque pareciera ser que no les
importa sus entrañas terrenales ni su placenta cultural que da vigor al
sentido de pertenencia.
A la Nación mexicana la he defendido y defiendo contra quienes la
usufructúan desmedida y demencialmente como si fuera su patio particular
o su hacienda con esclavos de inicios de 1900. Y, claro, también la
enaltezco (pese a mi ignorancia) dada tanta diversidad que existe,
diciéndole a aquellos que la conocen menos que no se equivoquen con las
realidades; y es que, probablemente sin desearlo, vociferan epítetos
injustos a partir de un marco de referencia limitado; o, incluso
totalmente desconocido tratando de reducir la inmensidad mexicana sólo
por un comentario escuchado. México es una Nación sorprendente,
majestuosa que también tiene gente valiente, valiosa, íntegra y
productiva. No todos son tranzas o ratas de dos patas como canta la
insigne y popular mexicana Paquita la del Barrio.
No. No fue esa mi intención. No pretendí quitarle méritos a la
voluntad de millones de personas que se despiertan con el deseo de dejar
su alma en la construcción de mejores caminos y legados para ésta y las
siguientes generaciones. Si bien existe aquello triste, ruin, feo con
lo que se ensalzan gobernantes megalómanos, tan desalmados como los más
criminales también hay millones quienes en sus casas educan a sus hijos,
en sus trabajos ensalzan su profesión con el compromiso, en las calles
defienden y propinan la dignidad humana en sus valores y principios.
De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI),
en la Encuesta Intercensal 2015, en la República de los Estados Unidos
Mexicanos, se pudo contar con 119 millones 530 mil 753 habitantes.
¿Cuántos les gusta que sean entre criminales, ladrones, delincuentes,
corruptos? Son 32 Estados, eso es que son 32 gobernadores y no todos son
crueles, poco importa, vividores, oportunistas y otras hierbas
aromáticas incluyendo a sus compadres y padrinos de poder. ¿Cuántos son
los jefes de mafias o cárteles y cuántos viven de ello? ¿Serán entre
todos los de esta calaña unos 100 mil? ¿Medio millón? ¿Dos millones o
cinco, o diez? Pues le tengo una buena noticia, somos más los buenos,
los mejores, los éticos, los que tenemos valores y principios. Más de
100 millones de personas puestas y apostadas a seguir trabajando por un
México digno, grande, transformador (y no es “slogan” de campaña
electoral) los que vamos hacia una ruta de triunfos.
Si a esto le agregamos que la industria lacracinia (palabra que
inventé para referirme a las lacras como defecto o vició social) no es
patrimonio de los mexicanos, pues también los hay en todas partes del
mundo y en América Latina pululan como las luciérnagas en Nanacamilpa y
Españita de Tlaxcala en tiempos de reproducción que salen miles y miles
en los meses de junio, julio y agosto. Nada más que en las luciérnagas
es un proceso natural iluminar para aparearse; y las lacras buscan el
destello para aprovecharse. Así está esto. México no es el único país
con tunantes o villanos.
De hecho, estoy seguro, sin ser ni biólogo ni antropólogo, que a este
torbellino de personas les ha emergido más la parte negativa del ADN
aportado por los conquistadores. Latinoamérica es el resultado de las
conquistas y colonias sobre todo españolas, aunque también italianas,
francesas y portuguesas. España fue invadida y colonizada por varias
culturas como: celtas, íberos, romanos, visigodos, vándalos, árabes; a
través del tiempo, éstos introdujeron sus costumbres en la Península
Ibérica. Las prácticas aprendidas por los españoles las enclavaron en el
Nuevo Mundo con la conquista y el coloniaje.
Durante la Conquista imperaba la monarquía como forma de poder, que
siglos después desembocó en el sistema republicano como práctica
democrática que permitió una conducta administrativa gubernamental
apesadumbrada. Una parte por la genética y otra por los hábitos
aprendidos que algunos españoles introdujeron a América Latina. Si bien
no todos, sí hubo conquistadores y colonizadores piratas y corsarios que
zarparon buscando no sólo enriquecerse sino oportunidades de vida en
tierra firme.
Con los virreinatos hubo negociaciones y pactos de no guerras para
poder gobernar. La corrupción fue un mecanismo de control para el logro
de objetivos económicos, sociales y políticos particulares de los
gobernantes en América Latina. Esto ha sido una constante desde entonces
que se ha reflejado con mayor frecuencia durante las últimas cuatro
décadas (periodo 1975-2015).
Con esta actitud se ha amalgamado una fusión ofensiva de los
conceptos democracia, poder y corrupción como forma de vida de muchos
gobernantes. Esto ha tenido mayor auge en los dieciséis años que van del
siglo 21 al evidenciarse que no es lo mismo gobernar que ser oposición,
sin importar la tendencia política.
De manera específica, México, aunque también en otros países
latinoamericanos, no escapa a esta antropología casi sistémica, así la
biología y sociología del mexicano es pintoresca. Donde está fundido el
misticismo celta, el oportunismo romano, la filosofía visigoda, la
violencia vikinga, la inventiva árabe, la piratería europea. Todo ello
nos llegó con los españoles que habían sido conquistados por todas las
anteriores culturas cuando fue tomada la Península Ibérica o Hispania
desde antes de Cristo, y posteriormente durante siglos.
Pero esto no es de lamentar, pues somos los latinos éso y más, y los
mexicanos forman parte de ese crisol de razas y pensamientos históricos.
Estoy convencido que México es más que tequila, tacos, sombreros charros,
mariachis y, por supuesto, más que delincuentes. Hay un esplendor
mexicano nato, pese a todo, no es para menos defenderlo y gritar:
¡México Lindo y Querido!
Por José del Rosario Sánchez Franco (Consultor y asesor en Comunicación Política y Organizacional). Con información de El Sol de Puebla
Nota : La canción de México Lindo y Querido es autoría de Chucho Monge, compositor mexicano, autor de numerosos boleros, conocido internacionalmente.
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lunes, 30 de mayo de 2016
jueves, 5 de mayo de 2016
Diminuta plaza, gran escándalo - Por Raúl Sinencio Chávez
Pequeña de veras resulta aquella plaza. Abarca escasos metros cuadrados. Presenta además forma triangular. Y he aquí que aun con tales características, detona tremendo escándalo que sacude la vida política de Tamaulipas.
CASA
Se ubica a las puertas del viejo casco de Tampico, por el ángulo noroeste. Frente a ella, las calles Altamira y Álvaro Obregón desembocan en la avenida Hidalgo. Surge poco antes, cuando el puerto crece hacia allá. La denominan entonces 5 de Mayo, como homenaje al triunfo obtenido en Puebla sobre invasores franceses.
Por la época de que hablamos, el área luce embellecida con prados y plantas de ornato. En la parte central funciona magnífica fuente. Recién concluida, sostiene en lo alto brillante globo terráqueo.
Durante la mañana, el domingo 20 de noviembre de 1927 al sitio acuden las autoridades porteñas. Encabezándolas el jefe edilicio Tomás R. Morales, presiden breve ceremonia, declarándose en servicio el flamante conjunto. A cargo del mensaje oficial, el regidor Francisco H. Mattar anuncia “que en lo sucesivo el jardín y la fuente inaugurados llevarán el nombre de El Mundo”, periódico que financia las obras. Vicente Villasana González dirige la casa editora.
INTERESES
Monta en cólera el gobernador tamaulipeco Emilio Portes Gil. Ese órgano de prensa, “que […] publica artículos injuriosos y groseros de Nemesio García Naranjo, de [José] Vasconcelos y de otros escritores”, textos “en que se insulta a la Revolución […] Mexicana y se calumnia al presidente de la República, es indigno” del proyectado honor, remarca en telegrama remitido desde Ciudad Victoria el martes 22 a Tomás R. Morales.
Peor aún, considera intolerable quitarle al espacio recreativo la denominación que recuerda “una fecha gloriosa para nuestra patria”. Mal y de malas, trasluce el mandatario del estado desconocimiento previo de la medida, enterándose sólo por el propio medio informativo. A este último lanza serios cargos. “Portavoz de los […] que conspiran contra” el país –acusa--, en 1924 “recibió dinero del exgobernador [César] López de Lara para apoyar la asonada delahuertista”, reservándose por qué le consta.
Suelta riendas y tilda al impreso de “enemigo […] de los trabajadores, […] siempre dispuesto a venderse al mejor postor, con tal de que […] sea representativo de los intereses capitalistas”. Respecto del otrora correligionario suyo --con quien rompe por causas que jamás esclarece--, puntualiza: “El señor Villasana, director del diario referido, puede” estar “seguro de que […] no se le […] dará dinero a cambio de un vergonzante silencio”.
OBSEQUIO
Remacha don Emilio, sin embargo: “Por ningún motivo” permitiré el cambio que anunciara el regidor Mattar. “En caso de que así” lo hubiere dispuesto el cabildo, tengo “motivos bastantes para poner el veto […] a dicho acuerdo”, espeta. “Tal disposición –resuelve—“queda en suspenso”, “conforme a la Ley Orgánica del Municipio Libre”.
Pretende fundamentarse en obsoleta normatividad reglamentaria. De 1918, deviene inaplicable, pues nunca la aprueba el cuerpo legislativo. Mandamás del Partido Socialista Fronterizo, dominante en Tamaulipas con tintes caciquiles, el funcionario rebasa asimismo sus facultades constitucionales, limitadas a suspender provisionalmente acuerdos de los ayuntamientos que perjudiquen al municipio o trasgredan el orden jurídico, mientras dictamina el congreso de manera firme.
Aunque menoscaba el debido proceso, ordena Portes Gil al Periódico Oficial difundir el larguísimo telegrama, cimbrándose la entidad. Inhibidos, los munícipes tampiqueños renuncian al polémico nombre, pero dejan intacto por 48 años el obsequio de Villasana González, merecedor incluso de tarjetas postales. Subsiste “la plaza 5 de Mayo”, apunta en 1942 Ignacio Fuentes. Se refiere, bien claro está, al minúsculo parque que fuera objeto de veleidades autoritarias, desbordadas por rancias animadversiones.
Por Raúl Sinencio Chávez
Publicado en La Razón, Tampico, Tamps.
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Por Raúl Sinencio Chávez
Publicado en La Razón, Tampico, Tamps.
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martes, 12 de abril de 2016
Amagos perros - Por Raúl Sinencio Chávez
Con las huestes de Hernán Cortés llegan animales desconocidos en México. Claro ejemplo ofrece el caballo que sirve de transporte. Desembarcan a la par mastines, diferentes a las contrapartes autóctonas en características y usos. Ambas razas sustancian por ende peculiares facetas de la conquista española, que dejan huella en Tamaulipas.
PRISIONEROS
Cuando los embajadores de Moctezuma regresan, aún impresionados le informan al emperador mexica que las tropas europeas traen lebreles, así llamados, “enormes, […] de grandes lenguas colgantes;” sus “ojos derraman fuego, están echando chispas […] Son muy fuertes y robustos, no están quietos, andan jadeando, andan con la lengua colgando”, recoge fray Bernardino de Sahagún.
Tramas metálicas, telas o cueros resistentes a flechazos les cubren los costados y el lomo. Complementan las corazas anchos collares unidos a cadenas, que en la mano lleva el amo, pudiéndolas soltar con rapidez, Ello sobrecoge de inmediato a los que nunca habían visto algo semejante.
De mandíbula recia y atronadores ladridos, aquellos especímenes han sido entrenados para el combate fiero. Enormes, ágiles, bravos, prestos a las órdenes de ataque, se lanzan contra los ejércitos adversarios, destrozándolos batalla tras batalla. Incluso escarmientan a comunidades o prisioneros mal avenidos. Sucede en diversos puntos, donde causan espanto. Resalta el Códice Florentino: “Ponían gran temor en todos los que los veían”.
ULTRAMAR
Sobran elementos que marquen y acentúen el contraste. Expliquémonos. Mesoamérica registra de antemano la presencia canina. Amplia e indudable, ésta se extiende a diversos climas y territorios. Al respecto, suman por lo menos diez las variedades propias.
Una de ellas la describe Francisco Javier Clavijero. “El ‘xolotzcuintli’ –asevera el jesuita— […] en algunos individuos” alcanza “cuatro pies de largo. Tiene las orejas derechas, el cuello grueso y la cola larga. Lo más singular […] es estar enteramente privado de pelo […] Sólo tiene sobre el hocico algunas cerdas largas y retorcidas. Todo su cuerpo está cubierto de una piel lisa, blanda, de color ceniza, […] manchada en parte de negro y leonado”. Agrega: Los hay “de […] aspecto melancólico” y por completo mudos.
Desde tiempos inmemoriales también los domestican. Pero aparte de lo descrito, respecto a los de Europa se distinguen por cubrir roles bastante distintos, sin vínculos con las artes bélicas. Sirven de compañía en la vida hogareña. Nuestros pueblos originarios creían asimismo que guiaban el alma de los difuntos en su camino al inframundo. Los sacrificaban en consecuencia, enterrándolos al lado del propietario fallecido. Lo anterior choca en forma terrible con las aludidas estrategias de quienes arriban de ultramar.
ASPAVIENTOS
Consumada la empresa conquistadora, sus cánidos beligerantes cambian de funciones. Algunos pasan al campo y cuidan allá del ganado. Otros se vuelven precursores de jaurías callejeras en ciudades novohispanas, marcándolas con inmundicias e instintos escandalosos que incomodan a las elites.
Los equivalentes nativos, por lo contrario, resultan diezmados sin miramientos. Apunta Clavijero: “Los españoles […] no teniendo todavía rebaños de ninguna” clase, “hacían la provisión para sus buques con carne de estos cuadrúpedos”. Sobreviven a duras penas, devolviéndoles visibilidad los pintores Frida Kahlo y Diego Rivera durante el siglo XX.
Otrora abundaban en las colindancias tamaulipecas y veracruzanas. A tal grado, que de ahí proviene el topónimo prehispánico de Tampico. En la antigua lengua huasteca, “tam” significa lugar y “pico” quiere decir perro; entiéndase lugar de perros. Al prejuicio actual mucho le incomoda y alega que se trata de perros de agua o nutrias. Vaya despropósito, si consideramos que a este mamífero acuático el mencionado idioma reserva la palabra “hatzo”. Tantos aspavientos por unos canes que, de tan raros, paradójicamente alcanzan hoy altas cotizaciones.
Por Raúl Sinencio Chávez
Publicado originalmente en La Razón, Tampico, Tamps.
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viernes, 11 de septiembre de 2015
Toda sangre tiene su historia
Toda sangre tiene su historia. Gira sin descanso en el interior laberíntico del cuerpo y no pierde el rumbo ni el sentido, enrojece de súbito el rostro y lo empalidece huyendo de él, irrumpe bruscamente de un rasguño de la piel, se vuelve capa protectora de una herida, encharca campos de batalla y lugares de tortura, se transforma en río sobre el asfalto de una carretera.
La sangre nos guía, la sangre nos levanta, con la sangre dormimos y con la sangre despertamos, con la sangre nos perdemos y salvamos, con la sangre vivimos, con la sangre morimos. Se convierte en leche y alimenta a los niños en brazos de las madres, se convierte en lágrima y llora sobre los asesinados, se convierte en revuelta y levanta un puño cerrado y un arma.
La sangre se sirve de los ojos para ver, entender y juzgar, se sirve de las manos para el trabajo y para la caricia, se sirve de los pies para ir adonde el deber la manda. La sangre es mujer y es hombre, se cubre de luto o de fiesta, se pone una flor en la cintura, y cuando toma nombres que no son los suyos es porque esos nombres pertenecen a todos los que son de la misma sangre.
La sangre sabe mucho, la sangre sabe la sangre que tiene.A veces la sangre monta a caballo y fuma en pipa, a veces mira con ojos secos porque el dolor los secó, a veces sonríe con una boca de lejos y una sonrisa de cerca, a veces esconde la cara pero deja que el alma se muestre, a veces implora la misericordia de un muro mudo y ciego, a veces es una criatura sangrando que va llevado en brazos, a veces diseña figuras vigilantes en las paredes de las casas, a veces es la mirada fija de esas figuras, a veces la atan, a veces se desata, a veces se convierte en gigante para subir las murallas, a veces hierve, a veces se calma, a veces es como un incendio que todo lo abrasa, a veces es una luz casi suave, un suspiro, un sueño, un descansar la cabeza en el hombro de la sangre que está al lado.
Hay sangres que hasta cuando están frías queman. Esas sangres son eternas como la esperanza.
José Saramago
Prólogo del libro Chiapas, rostros de la guerra
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jueves, 3 de septiembre de 2015
Ah qué Porfirio - Por Raúl Sinencio Chávez
Por el noreste de nuestro país hizo Porfirio Díaz varios recorridos. Estos incluyen el paso frente a playas tamaulipecas, rodeado de circunstancias sólo en parte conocidas. Para desgracia suya aquí narramos hechos casi secretos, que lo dejan mal parado.
LLORÓN
A falta de contrincante que le propiciara ayuno y desvelos, Sebastián Lerdo de Tejada ganó en 1876 los comicios presidenciales. Fallecido don Benito Juárez, cubriría el cuatrienio precedente. Y no obstante que afloraron discordias políticas en la respectiva contienda, Lerdo resultó electo para retener el cargo hasta 1880. Pero acabaría depuesto y exiliado.
De antecedentes levantiscos, Porfirio Díaz se rebeló contra el régimen. Mediaría al efecto un plan suscrito en Tuxtepec, Oaxaca. El propio Díaz le introdujo luego reformas en Palo Blanco, poblado vecino de Matamoros, Tamaulipas. Refiere Daniel Cosío Villegas: “El contenido ideológico […] del porfirismo era pobrísimo (baste recordar que la principal bandera de uno de los pronunciamientos del general Díaz previos a su conquista del poder, fue la condenación del impuesto del timbre)”.
Consiguió encumbrarse, bien sabemos. Entretanto, fuerzas gobiernistas le propinaron memorables tundas. En Icamole, Nuevo León, cosecharía amargos frutos. Motejado ipso facto “Llorón de Icamole” por tabloides contemporáneos, Porfirio abandonó suelo mexicano, perdiéndosele la pista durante cierto lapso.
TIBURONES
Ocupemos ahora del “City of Havana”, que Nuevo Orleáns vio zarpar en junio de 1876. Iba hacia el puerto de Veracruz, con escala breve en Tampico. El vapor estadounidense llevaba a extraño pasajero. Atrajo miradas por lucir peluca, barbas, gafas oscuras y vientre postizo. Vaya facha, caray. Aquel hombre se dijo médico homeópata, cubano de nacimiento.
Según lo previsto, la nave fondeó el martes 20 en costas meridionales de Tamaulipas, cerca de la bocana del río Pánuco. Mera rutina. Conforme a ella, abordaron el buque elementos militares. Tenían órdenes de partir rumbo al enclave jarocho y reforzarlo.
Ocupemos ahora del “City of Havana”, que Nuevo Orleáns vio zarpar en junio de 1876. Iba hacia el puerto de Veracruz, con escala breve en Tampico. El vapor estadounidense llevaba a extraño pasajero. Atrajo miradas por lucir peluca, barbas, gafas oscuras y vientre postizo. Vaya facha, caray. Aquel hombre se dijo médico homeópata, cubano de nacimiento.
Según lo previsto, la nave fondeó el martes 20 en costas meridionales de Tamaulipas, cerca de la bocana del río Pánuco. Mera rutina. Conforme a ella, abordaron el buque elementos militares. Tenían órdenes de partir rumbo al enclave jarocho y reforzarlo.
Sintiéndose perseguido --anota José Fernández Iturribarría--, el falso homeópata “salió desnudo a cubierta y precipitadamente se lanzó al agua”. Enrique Krause y Fausto Zerón-Medina complementan: Presuroso, “el capitán [del transporte] lo rescató, lo encubrió y notificó que el supuesto médico había perdido la vida”, engullido por los tiburones. “Encerrado en su camarote” –tercia Cosío Villegas—tan estrafalario tipo “prosiguió el viaje hasta desembarcar en forma misteriosa en Veracruz”, el jueves 29.
ATUENDO
Otros que a la sazón allá bajaron del mismo barco fueron los soldados procedentes de Tamaulipas. Por supuesto, ignoraban el verdadero nombre de quien se lanzó al mar semana y media atrás. Menos aún parecieron interesarse en averiguarlo.
P. Thouson, cónsul gringo en Tampico, desliza información privilegiada. El 19 de julio siguiente la comunica a John Foster, representante de Washington en México: Tras “la llegada del ‘City of Havana’ […] se rumoró que Porfirio Díaz se encontraba a bordo”, sugiriéndolo disfrazado con “peluca y barba postiza”.
Acierta el cónsul Thouson, aunque nunca revela las fuentes de que echa mano.
A propósito, cabe preguntarnos sobre la estancia de Porfirio allende el río Bravo entre mayo y junio de 1876, en medio del borlote que puso en marcha. Sería interesante conocer los motivos que estuvieron detrás. Lamentamos que la bibliografía del periodo nos deje en ascuas. Sin embargo, investigaciones serias bosquejan posibles respuestas. Acorde con estudios documentales, el futuro dictador tuvo favorecedores en tierras del Tío Sam. Puede mencionarse al general Edward Ord, extitular de la Secretaría de Defensa.
A propósito, cabe preguntarnos sobre la estancia de Porfirio allende el río Bravo entre mayo y junio de 1876, en medio del borlote que puso en marcha. Sería interesante conocer los motivos que estuvieron detrás. Lamentamos que la bibliografía del periodo nos deje en ascuas. Sin embargo, investigaciones serias bosquejan posibles respuestas. Acorde con estudios documentales, el futuro dictador tuvo favorecedores en tierras del Tío Sam. Puede mencionarse al general Edward Ord, extitular de la Secretaría de Defensa.
Está asimismo demostrado que recién salido el plan de Tuxtepec, Díaz recibió por lo pronto 130 mil dólares, cuantiosos fondos incluso en tiempos actuales. Le habrían servido para adquirir el ridículo atuendo con que abandonó Nuevo Orleáns.
Por Raúl Sinencio Chávez
Publicado en La Razón, Tampico, Tamps., 11 mayo 2012.
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Publicado en La Razón, Tampico, Tamps., 11 mayo 2012.
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jueves, 2 de abril de 2015
Semana Santa de 1873
En el siglo XIX en ningún otro país de América Latina se perpetraron tantos ataques violentos contra los protestantes como en México. Tan rotunda afirmación es de Hans-Jürgen Prien, especialista en historia de la diversificación religiosa latinoamericana.
Prien sostiene que en el siglo XIX el número de mártires protestantes se eleva a 59, entre los que vale la pena advertir sólo un extranjero. Se trata, pues, de protestantes mexicanos, victimados por católicos mexicanos. En efecto, el peso fuerte de la labor misionera evangélica descansaba desde fechas tempranas sobre los hombros de los mexicanos, de manera que en 1892, del total de 689 colaboradores que trabajaban en México, 512 eran mexicanos ( Historia del cristianismo en América Latina, Ediciones Sígueme, 1985, p. 775).
Para Prien, el único protestante extranjero (estadunidnese) víctima mortal de la intolerancia fue el misionero John L. Stephens, de la Iglesia congregacional. El hecho tuvo lugar en Ahualulco, Jalisco, el 2 de marzo de 1874. Junto con él, Jesús Islas cayó abatido por la horda linchadora.
En realidad fueron por lo menos tres los extranjeros víctimas de la intolerancia, motivada ésta por la idea de que era necesario defender la integridad religiosa católica romana del país. El primero fue un protestante estadunidense (de oficio zapatero), asesinado en agosto de 1824, caso acerca del cual escribió José Joaquín Fernández de Lizardi, El Pensador Mexicano. Otro crimen es el ya citado de John L. Stephens. Y el tercero que he localizado es el de Henri Morris, ultimado en el ataque sufrido por la congregación evangélica de Acapulco, el 26 de enero de 1875.
El Sábado de Gloria de 1873 a Primitivo A. Rodríguez (hijo adoptivo del ex sacerdote dominico Manuel Aguas, cuya conversión al protestantismo en 1871 generó encendidas polémicas en la prensa de la época) le toca vivir una experiencia terrible. De visita en el capítulo de la Iglesia de Jesús, en Capulhuac, estado de México, es perseguido y agredido, junto con otros visitantes e integrantes de la congregación, por un grupo de católicos. Resultan heridos cinco creyentes evangélicos de Joquicingo y es asesinado Luis Gonzaga, de Capulhuac.
El núcleo evangélico en Capulhuac se originó cuando el liberal Nicanor Gómez adquirió un ejemplar de la respuesta dada por Manuel Aguas a la excomunión que contra él decretó el arzobispo Antonio Pelagio de Labastida y Dávalos. La lectura de este material en 1872, junto con la del Nuevo Testamento, lleva a Nicanor Gómez a separarse de la Iglesia católica y hacer causa común en Capulhuac con otras personas que compartían sus ideas. Entonces apoya al grupo de la Iglesia de Jesús afincada en la ciudad de México, que tenía una congregación en el vecino pueblo de Joquicingo.
Los protestantes de Joquicingo, encabezados por Primitivo A. Rodríguez, llegaron a participar de una celebración especial de sus similares en Capulhuac el Sábado de Gloria de 1873. Al concluir el culto los visitantes son acompañados hacia la salida del pueblo por varios creyentes de Capulhuac, entre ellos Nicanor Gómez, su hijo Eulogio y Luis Gonzaga. Un grupo incitado por el párroco católico esperaba el momento de atacar a los protestantes, lo que ocurre cuando divisan que algunos de éstos emprenden la retirada de Capulhuac. Los agresores utilizan armas blancas y de fuego. Resultan heridos cinco de Joquicingo y muerto Luis Gonzaga, quien recibe un balazo y 27 puñaladas.
Nicanor Gómez sobrevivió al ataque en Capulhuac, después del cual no sólo se fortalece su liderazgo en la congregación evangélica de ese lugar, sino también en núcleos establecidos en otras poblaciones del estado de México. No saldría con vida de otro episodio trágico, que tuvo lugar en Almoloya del Río, el 26 de octubre de 1884, cuando él y sus hijos Néstor y Pánfilo, además de Procopio C. Díaz (convertido al protestantismo en Acapulco, Guerrero, en 1874 por la lectura del folleto Viniendo a la luz, de Manuel Aguas). Calixto Vega y Nicolás Muciño visitaron a los protestanrtes de Almoloya con el fin de reforzar su trabajo en el poblado.
Trescientos católicos rodearon el templo en que se hallaban 40 evangélicos, a quienes atacaron con machetes, armas de fuego y piedras. Nicanor Gómez recibió un balazo en la cara, fue auxiliado por familiares y correligionarios que lo trasladaron a Capulhuac para recibir atención médica. Durante ocho días estuvo entre la vida y la muerte. Finalmente, ocurrió su deceso el 2 de noviembre, tras ocho días de agonía. Por el ataque de los perseguidores también perdieron la vida Pastor Landa y Nicolás Muciño.
En una sencilla circular, el pastor presbiteriano Manuel Zavaleta informa sobre el deceso: En Capulhuac, ayer [2 de noviembre] a las ocho de la noche, pasó a mejor vida el ministro cristiano don Nicanor Gómez. Mártir por la causa del Evangelio de N. S. Jesucristo, y víctima del fanatismo católico romano. Oremos a nuestro amoroso Padre, por su afligida familia, y por los que le mataron.
Ante casos como el de Capulhuac y Almoloya del Río, bien cabe la observación de Carlos Monsiváis: “Al protestantismo lo nacionaliza, si el verbo tiene algún sentido en materia religiosa, el número de víctimas, o desde otra perspectiva, de mártires”.
domingo, 29 de marzo de 2015
Antiguos prodigios de la Huasteca - Por Raúl Sinencio Chávez
Grandes o menudas, las magnificencias deambulan por la Huasteca antigua. Unas y otras arrancan palabras de admiración, multiplicándose al paso del tiempo. Son testimonios que aportan matices a nuestra ya de por sí deslumbrante identidad nacional. Compartamos breve muestra.
Horizonte
“Yo, Xochiquetzal, diosa de las flores y del amor,/ del país de la lluvia y de la niebla vengo yo/ […] de Tomoanchan”. Algunos creen que la Huasteca inspira al poeta cuando esto canta. Si acertaran, habríamos encontrado bastante remoto bosquejo de la zona, puesto que dichos versos preceden con mucho a la conquista española.
Los hombres lucían objetos “de oro, cubiertas las cabezas de colores de plumas […] de papagayo […] y en la trasera de la cinta traían unos espejos redondos y sus rodelas colgadas del brazo, […] con otras muchas cosas”, complementa Tezozómoc.
Fray Bernardino de Sahagún recopila al inicio del horizonte novohispano: “Tienen muchas joyas, esmeraldas y turquesas finas y todo género de piedras preciosas; las mujeres se engalanan mucho y pónense bien sus trajes; andan bien vestidas, traen sus trenzas en las cabezas, con que se tocan, de colores diferentes y retorcidas con plumas” de aves exóticas.
Flechas
“Andan [los naturales de la región] –añade el franciscano-- bien vestidos y sus ropas y sus mantas muy pulidas y curiosas, porque en su tierra hacen las mantas que [en idioma náhuatl] llaman ‘centzontilmatli’, ‘centzonquachtli’, que quiere decir manta de mil colores; de allí se traen las mantas […] pintadas de remolinos de agua, ingeridas unas con otras, en las cuales y en otras mucho se esmeraban las tejedoras”.
John Chilton retrata con su prosa a los pobladores originarios en años tempranos del virreinato. “Son ellos altos de cuerpo […] con el cabello largo […] andaban […] con arco y flecha”, de modo que “eran grandes flecheros”, indica el trotamundos y comerciante inglés. Casi a la sazón, el visitador Gómez Nieto recoge los ancestrales nombres “de tres mujeres [lugareñas] y que se llamaba una Ceal y la otra Alive y la otra Toan”.
A inicios de la decimoséptima centuria, fray Antonio Vázquez de Espinosa anota: “El temple [del rumbo] es muy cálido y húmedo […] Hay por esta tierra innumerables venados que cazan los indios con flechas […] Toda la tierra [cerca del río Pánuco] es muy llana y amena, que parece un pedazo de paraíso”. Vázquez Espinosa sin duda escribe cautivado por lo que observa.
Noche
Al transcurrir el siglo XX los antiguos prodigios de aquella cultura aún maravillan. “Parecen haber sido maestros en el arte de la concha” y el caracol marino –puntualiza don Manuel Toussaint--, legándonos “piezas esculpidas que se han supuesto eran pectorales […] Arte de paciencia, que […] revela un gran sentido de la decoración y del simbolismo religioso”. Presentan intrincadas figuras y “recibieron un mayor realce al realizarse el vaciado de ciertas porciones del pectoral”, agregan Nicola Kuehne Hayder y Joaquín A. Muñoz Mendoza.
Al transcurrir el siglo XX los antiguos prodigios de aquella cultura aún maravillan. “Parecen haber sido maestros en el arte de la concha” y el caracol marino –puntualiza don Manuel Toussaint--, legándonos “piezas esculpidas que se han supuesto eran pectorales […] Arte de paciencia, que […] revela un gran sentido de la decoración y del simbolismo religioso”. Presentan intrincadas figuras y “recibieron un mayor realce al realizarse el vaciado de ciertas porciones del pectoral”, agregan Nicola Kuehne Hayder y Joaquín A. Muñoz Mendoza.
Toussaint describe también la escultura llamada el “Adolescente huasteco”: “Figura […] esbelta con las manos en disposición de llevar algo […]. En su cuerpo desnudo se realzan finos grabados”, al parecer “tatuajes […] Lo más notable es la cabeza del personaje: fuerte, enérgica, con profunda emoción de raza hasta en su cráneo deforme, pero con un gran sentimiento de la plástica […] Estamos ante una obra maestra”.
Dejemos que “La dama huasteca”, del premio Nobel Octavio Paz, cierre estas sencillas líneas: “Ronda por las orillas, desnuda, saludable, recién salida del baño, recién nacida de la noche. En su pecho arden joyas arrancadas al verano”.
Publicado en La Razón, Tampico, Tamps.
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