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domingo, 18 de septiembre de 2016
Color e identidad: los orígenes del rosa mexicano
En las oscuras y sucias calles del Londres de mediados del siglo XIX se fundó el Royal College of Chemistry, siendo el químico alemán August Wilhelm Hofmann su primer director. En plena Revolución industrial, el principal cometido de la industria química en Inglaterra era la aplicación de los nuevos descubrimientos en el campo de la química orgánica, propiciada en gran medida por los experimentos realizados a partir del abundante subproducto de la industrialización: el alquitrán de hulla. A partir de los experimentos que Hofmann realizó con este material, pudo descubrir nuevos compuestos como el formaldehido y, junto con sus alumnos, logró perfeccionar los métodos para la extracción de benceno y del tolueno y convertirlos en compuestos nítricos. Ahora sabemos que fue quizás la industria bélica la que se vio mayormente beneficiada con estos importantes avances.
Uno de sus alumnos más distinguidos fue William Henry Perkin, a quien le fue encargada la noble tarea de encontrar la fórmula para producir, a partir del alquitrán, un sustituto sintético para la escasa y costosa quinina que se utilizaba para tratar la malaria, enfermedad muy extendida entre los colonialistas europeos. Perkin y su equipo sintetizaron de manera accidental un nuevo producto de un violeta intenso que llamaron “malveína”, debido a su parecido con los tintes naturales extraídos de las flores de malva. Perkin también descubrió un intenso tinte rojo conocido como carmesí de alizarina, sólo que la compañía bávara de anilinas, la basf, logró anticiparse con la patente. Otras compañías germanas como la agfa (Aktiengesellschaft für Anilin Fabrikation), la Hoechst y Bayer, desplazaron a las compañías inglesas convirtiendo a Alemania en la más grande potencia química y farmacéutica de la Europa de finales del siglo XIX.
La anilina (del añil o índigo) fue un descubrimiento descomunal que tuvo un enorme impacto en la economía del mundo. La gama cromática, que abarca del azul al rojo, siempre fue muy cotizada y muy costosa de producir, particularmente para la tinción de diversos textiles. Con el descubrimiento de estos tintes sintéticos, las enormes crinolinas que usaban las damas de sociedad europeas podían teñirse de violeta, de azul y de rosa a mucho menor costo que en toda la historia pasada. De hecho, cuando naciones enteras subsistían en gran medida de la producción de tintes naturales (como el índigo de India), sus economías se fueron a pique. Cuenta el químico e historiador del color inglés Philip Ball que, en 1860, la compañía Simpson, Maule y Nicholson fabricó un rojo de anilina que nombraron inicialmente como roseine, pero que finalmente se hizo más conocido por el nombre que persiste hasta el día de hoy: “magenta”, en honor de la ciudad italiana donde el ejército francés se enfrentó al austríaco en junio de 1859 y que había sido noticia de primera plana.
Uno de sus alumnos más distinguidos fue William Henry Perkin, a quien le fue encargada la noble tarea de encontrar la fórmula para producir, a partir del alquitrán, un sustituto sintético para la escasa y costosa quinina que se utilizaba para tratar la malaria, enfermedad muy extendida entre los colonialistas europeos. Perkin y su equipo sintetizaron de manera accidental un nuevo producto de un violeta intenso que llamaron “malveína”, debido a su parecido con los tintes naturales extraídos de las flores de malva. Perkin también descubrió un intenso tinte rojo conocido como carmesí de alizarina, sólo que la compañía bávara de anilinas, la basf, logró anticiparse con la patente. Otras compañías germanas como la agfa (Aktiengesellschaft für Anilin Fabrikation), la Hoechst y Bayer, desplazaron a las compañías inglesas convirtiendo a Alemania en la más grande potencia química y farmacéutica de la Europa de finales del siglo XIX.
La anilina (del añil o índigo) fue un descubrimiento descomunal que tuvo un enorme impacto en la economía del mundo. La gama cromática, que abarca del azul al rojo, siempre fue muy cotizada y muy costosa de producir, particularmente para la tinción de diversos textiles. Con el descubrimiento de estos tintes sintéticos, las enormes crinolinas que usaban las damas de sociedad europeas podían teñirse de violeta, de azul y de rosa a mucho menor costo que en toda la historia pasada. De hecho, cuando naciones enteras subsistían en gran medida de la producción de tintes naturales (como el índigo de India), sus economías se fueron a pique. Cuenta el químico e historiador del color inglés Philip Ball que, en 1860, la compañía Simpson, Maule y Nicholson fabricó un rojo de anilina que nombraron inicialmente como roseine, pero que finalmente se hizo más conocido por el nombre que persiste hasta el día de hoy: “magenta”, en honor de la ciudad italiana donde el ejército francés se enfrentó al austríaco en junio de 1859 y que había sido noticia de primera plana.
La enorme gama de productos teñidos, pintados, entintados o que incorporan en su material el amplísimo espectro de rosas, fucsias, violetas, magentas y rojos que se sintetizan actualmente a partir de estos colorantes, es inmensa e incluye ropa, coches, libros y revistas, juguetes, mochilas, productos artesanales, lonas y todo tipo de plásticos. Pareciera, por lo menos en México, que estamos invadidos por objetos en “rosa mexicano” o de colores similares (si es que aceptamos esta nomenclatura como un color oficial).
Cromática de la “mexicanidad”
Se ha repetido de manera insistente que México es un país muy colorido. Incluso sigue existiendo una política pública, impulsada por el entonces presidente Felipe Calderón, respecto a la “marca país México”, que hace hincapié en el uso de colores “cálidos, estridentes y vivos” que representen nuestra enorme “riqueza visual”. Sin lugar a dudas, y en muchos sentidos, el nuestro sí es un país que tiene cierta inclinación por el color, lo cual es evidente en nuestros mercados, en muchos de nuestros trajes regionales, en la arquitectura de algunas ciudades y aun en nuestra cultura culinaria. Es tal nuestro orgullo por el color nacionalista, que aseguramos que nuestros artistas han sido algunos de los mejores coloristas del mundo, como es el caso de Rufino Tamayo, quien “nació con las manos llenas de color” nativo de Oaxaca y, por lo tanto, “heredero de las grandes culturas prehispánicas”. Otro ejemplo que se repite con frecuencia es el del famoso color rosa de Luis Barragán quien, por su parte, declaró alguna vez que su paleta provenía en realidad de los surrealistas, en particular de “De Chirico, Balthus, Magritte, Delvaux y [sí] Chucho Reyes.”
De acuerdo con la mayoría de las fuentes disponibles, los pueblos “más civilizados” han rechazado históricamente el uso de colores intensos. Para algunos teóricos del pasado, como Johann w. von Goethe, el extendido uso del color es más característico de los países que se ubican en las regiones más calientes del planeta. Por otro lado, en su famosa Teoría de los colores, el poeta romántico demuestra ser un pensador racista, pues llega a afirmar que el color de la piel “indica una diferencia de carácter” y que el de los europeos, que “varía del blanco al amarillento, pardusco o rojizo […] es el más hermoso”. En cambio, el rojo (o “colorado” –el color por antonomasia–) es preferido por las personas “robustas y rudas”, por los niños y, por ende, por los pueblos salvajes y primitivos. Para los conquistadores españoles del siglo xvi, el gusto por el color de los nativos americanos era considerado incluso demoníaco (Goethe usa la palabra “peligroso”; gefährlich en la edición original).
El “rosa mexicano”, una versión rebajada pero intensa del rojo, entraría en estas categorías (véanse los escritos de Motolinía y Sahagún en México y Poma de Ayala en Perú). Aquí cabe recordar que dicho color no existía en las paletas prehispánicas, no obstante distintos tipos de rojo sí eran apreciados y sí se utilizó ampliamente como tinte, extraído de diversas plantas, insectos y moluscos.
La verdadera modernización de nuestro país no inició sino hasta finalizada la Revolución, y con ella se introdujeron masivamente los tintes artificiales, sustituyendo casi hasta la extinción muchos de los productos naturales que genera nuestro rico país. Como sabemos, todos los gobiernos postrevolucionarios han participado en una campaña orientada a la cohesión social basada principalmente en el fortalecimiento del nacionalismo y en la creación de una identidad. Paradójicamente, la gran mayoría de estos gobiernos ha sido de derecha, como casi todos los nacionalismos. Durante la búsqueda de esta famosa identidad mexicana y nacionalista, surgieron diversos grupos que se caracterizaron por su xenofobia y su conservadurismo. Después de la Revolución, como parte del proceso nacionalista que definió nuestra idiosincrasia presente, se multiplicaron los grupos derechistas en México, particularmente durante el cardenismo, que fue el gobierno postrevolucionario más orientado hacia el pensamiento de izquierda. Esta polarización se fue definiendo aún más durante la Guerra fría en las décadas posteriores. Cuando terminó la segunda guerra mundial, y coincidiendo con el macartismo, el entonces presidente Miguel Alemán impulsó una doctrina llamada “de la mexicanidad” y la mayoría de los medios masivos de comunicación se unieron a esta campaña, fuertemente anticomunista.
En medio de este período surgió la idea de un “rosa mexicano”. Alrededor de 1948, Ramón Valdiosera, un joven diseñador de modas, supuestamente inspirado en la indumentaria de los grupos étnicos y el color de las buganvilias, lanzó una colección que tuvo amplia aceptación entre las mujeres de la alta sociedad mexicana, encabezadas por actrices como Dolores del Río y María Félix. Cuando se presentó en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York, los periodistas estadunidenses lo bautizaron como mexican pink y posteriormente recibió el espaldarazo de Alemán como una especie de embajador de la mexicanidad en el extranjero y entre el jet set.
Como se mencionó antes, fueron las principales compañías farmacéuticas las encargadas de sintetizar esta nueva gama cromática, a la cual pertenecen los tintes orgánicos que se usan para producir los rojos, violetas y rosáceos que tanto se utilizan hoy en día para la elaboración de un sinfín de productos comerciales que hace cincuenta o más años hubieran resultado extremadamente costosos. Entre otras cosas, y desde su fundación, estos mismos megaconsorcios productores han sido responsables de casi todos los explosivos y venenos que se emplean en la guerra y son los dueños, por así decirlo, de la producción de la mayoría de los colorantes sintéticos disponibles en el mercado.
Curiosamente, la relación entre el colorismo y el nacionalismo exacerbado no es exclusiva de nuestro país. Cuando los cromoluminaristas (puntillistas) y posteriormente los famosos fauves, como Henri Matisse, llegaron a la costa del sur de Francia en busca de la “luz y el color mediterráneos”, también arribaron a la cuna del ultranacionalismo francés. Fue en esta región donde se fundó el movimiento de Acción Francesa, mismo que publicó las revistas L’Occident (con la cual colaboró el pintor Maurice Denis) y La Rénovation Esthétique, de Émile Bernard, discípulo de Cézanne. Lamentablemente, nada de todo lo antedicho parece haber influido para moderar al menos la campaña de “rosificación” de nuestra nueva Ciudad de México, donde los miles de taxis, las fachadas de los verificentros, las credenciales de los adultos mayores y prácticamente toda papelería oficial, incluidas las boletas que emite la tesorería, nos han invadido como nunca antes •
lunes, 13 de abril de 2015
Sala-Museo Jorge Yapur, iniciativa plausible
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| El Gobierno Municipal de Tampico a través de la Dirección de Cultura , la cita es el 18 de abril de 2015 a las 19:30 Hrs. en la Casa de la Cultura de Tampico |
tiene
como propósito honrar la memoria y exaltar la obra del artista plástico
más reconocido - See more at:
http://www.toluca.gob.mx/museo-jos%C3%A9-mar%C3%ADa-velasco#sthash.ONJRLb8d.dpu
Desde la aparición de la fotografía, el público no ha perdido nunca el gusto por mirar la obra original, éste sin duda es un hecho histórico, sin embargo, dice García Serrano, "es sorprendente la incomprensión que suscita una imagen medieval, por ejemplo, admirada, idolatrada, por una legión de personas que desconocen los códigos para aproximarse a una interpretación culta. Pero lo mismo sucede con la pintura moderna, con el manierismo o el romanticismo, con la pintura de Historia, con el arte abstracto, el fauvismo o el “cool-art”, que nos demuestran cada día la enorme dimensión del analfabetismo visual de nuestro entorno. Los medios de masas multiplican las imágenes, las divulgan, las hacen populares; pero los códigos de lectura no se multiplican, no se divulgan, no se hacen populares".
Es
por ello de reconocer en su valía que el Ayuntamiento tampiqueño
decidiera rendirle formal homenaje al Maestro Jorge Yapur Sherife. Sobre el particular y próximo a
inaugurarse con la debida solemnidad, ha dispuesto reservarle uno de los salones de la Casa de la Cultura. Dicho espacio
ofrecerá permanente retrospectiva de quien fuera creador del
“Huastequismo”, audaz propuesta estilística, presentándose además un
libro temático.
Conocida y apreciada por críticos, investigadores y amplios públicos de las más diversas latitudes, la obra de este tamaulipeco distinguido redunda en que el nombre de Tampico se asocie también a las altas expresiones del arte y la cultura.
Es válido enunciar de esta forma la
frase expresada por Hans Georg Gadamer, hablando de la necesidad de una
excepción cultural: "la cultura es el único bien de la humanidad que
pertenece a todos, más que disminuirse -al ser compartido- se vuelve más
grande".
Tampico mostrará así un talento propio del que puede sentirse legítimamente orgulloso.
©2015-paginasmexicanas®
domingo, 2 de noviembre de 2014
jueves, 30 de enero de 2014
Jorge Yapur: la grandeza no se entierra - Para la familia Yapur y a la memoria de un grande de Tamaulipas
¿Por qué es que aún somos bárbaros? Se preguntaba Federico Schiller en medio de los tiempos convulsos que habitó. Considerado como uno de los grandes pensadores de todos los tiempos; el poeta, filósofo, historiador y dramaturgo alemán, argumentaba con ardor la importancia de “cultivar la sensibilidad estética” para formar ciudadanos capaces de vivir y participar en sociedad. Nacido en 1759, Schiller fue siempre un defensor de la libertad y creía fervientemente que la humanidad podía salir de cualquier abismo a través del arte porque tiene la clave de los secretos más íntimos del alma humana.
En ese contexto, los artistas son fundamentales porque tienen el poder de revelarnos lo esencial. Fernando Savater señala que la fuerza de los artistas reside en su habilidad para producir placer, el cual es junto al dolor, el instrumento por excelencia en la formación de las personas. Por ello, el mismísimo Platón los expulsó de la ciudad ideal, desconfió de ellos, les temía. En contrapunto, la brillantísima Iris Murdoch señala que “el buen artista nos ayuda a ver la necesidad en la vida, qué es lo que se debe soportar, qué hacer y deshacer, y a purificar nuestra imaginación hasta contemplar el mundo real, generalmente velado por los miedos y la ansiedad”.
“El artista no es el primero en descubrir o lograr algo, sino “el único” que puede crearlo”, refiere Savater, quien además afirma que si Fleming no hubiera descubierto la penicilina, si Bell no hubiera descubierto el teléfono, incluso si Colón no hubiera descubierto América, alguien tarde o temprano lo hubiera hecho. Pero si Mozart, Cervantes o Velázquez, hubieran muerto en la cuna, nadie habría compuesto la “Flauta Mágica” ni contado la historia del Quijote, ni pintado Las Meninas. Lo que cada artista crea es único, pero además se constituye en referente de su tiempo, porque el arte, el verdadero, trasciende y puede vivir para siempre. Los bellísimos poemas de Schiller son una prueba fehaciente de ello.
Hoy recuerdo al enorme Schiller para reconocer al entrañable Jorge Yapur, un grande del arte en Tamaulipas que murió el pasado cinco de enero en el seno de la huasteca que tanto amó. Todo un honor fue para mí acompañar a su familia en el homenaje que le brindaron los tampiqueños encabezados por su Alcalde, artistas e instituciones sociales, culturales y universitarias. En su memorial, un luminoso poema de la autoría de Felipe Llanas, sonó en la bella voz de Irma Meza:
“En la vida la muerte es compañera y amiga. Sentir es parte de la existencia, de la vivencia, del cariño. Prospectos somos todos. Algo hay que va más allá: La grandeza del ser. Y la grandeza no se entierra ni se olvida. Quienes quedamos en espera podemos estar ciertos que nos encontraremos en un abrazo. Que el recuerdo y la entraña no necesitan epitafio. Y que quien venció al tiempo con su obra deja la muestra de su paso en cada aurora”.
Ante el escalofrío de la belleza del poema, reconocemos la grandeza de Jorge Yapur, esa que no se entierra ni se olvida, esa que nos queda en su obra, en su brillante inteligencia, en su honestidad intelectual, en su rebeldía. Nuestra querida amiga y promotora cultural Amparo Berumen también dedicó un entrañable texto: “Poseído por una alucinación deliberada, Jorge Yapur fue atesorando formas y movimientos revestidos de alegorías sorprendentes, sugerentes. Y desdoblado por el soplo divino de los cuatro elementos nació el Huastequismo, su concepto emblemático. Explanaciones lucientes, coloreadas: estampas de aquello que los hombres de otro tiempo creyeron ver… Y vieron. Rescate imaginativo. Huasteca aire y fuego. Huasteca tierra y agua”.
Todo eso y más conlleva la grandeza del tamaulipeco Jorge Yapur, que adquirió su mayor dimensión en el gran amor a su esposa Alicia, su musa, su sostén, en el orgullo por sus amados hijos, ramas de un tronco que no muere y en el inmenso amor por su tierra natal. Personaje emblemático, Jorge refleja en su obra el alma de Tamaulipas, su esencia, su grandeza. Tamaulipas pierde con su muerte algo de su esencia, pero gana un ejemplo extraordinario, un artista que supo ser, como quería Schiller, un educador de la sociedad, un amante de la libertad, una conciencia de la sociedad.
Hasta siempre, querido Jorge Yapur, tú quien “Sólo por la puerta oriental de la belleza te abriste camino en el país del conocimiento”, tú, por quien sabemos que la grandeza no se entierra, tú quien nos abriste paso a la belleza que no muere.
Por Libertad García Cabriales
viernes, 10 de enero de 2014
Jorge Yapur, in memoriam - Por Raúl Sinencio Chávez
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| Fotografía de Alondra Valverde |
Para conmemorar el llamado V Centenario del Encuentro de Ambos Mundos, España monta la Expo Sevilla 1992. México se hace presente con varios cuadros del tamaulipeco Jorge Yapur Sherife, que arrancan enseguida comentarios elogiosos. Vaya coincidencia. El mismo puerto andaluz hospeda la Exposición Iberoamericana en 1929, otorgándole medalla de oro a la pintura del veracruzano Ramón Cano Manilla, otrora maestro de Yapur Sherife.
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| Fotografía de Alondra Valverde |
Dilema
Tierra adentro de la casualidad, el alumno despliega contrastes y similitudes frente al mentor. Intensivos aprendizajes fraguan los respectivos talentos. Socializadores del saber, por añadidura, los dos se alternan en la enseñanza artística. Si hacia 1950 don Ramón lo instruye en Ciudad Mante, don Jorge hace más tarde prestigiosa carrera docente.
Homenaje post mortem a Cano Manilla, “El globo” engalana nuestros libros de texto gratuito. Reconocido en vida, del aventajado discípulo procede la escultura que se vuelve emblemática del Festival Internacional Tamaulipas. Aún correspondiéndoles épocas diferentes, cada quien remonta medianías con realizaciones acogidas por selectos recintos nacionales y foráneos.
Efectivamente, Jorge Yapur se forja en la segunda mitad del siglo XX mexicano, clímax y ocaso post-revolucionario por antonomasia. Mientras prosigue la brega plástica, ensancha horizontes formativos al cursar una carrera profesional de encuadre humanístico. Imparte luego cátedras universitarias de excelencia. Sin duda, ello le permite la informada libertad con que resuelve el dilema clave de los artistas contemporáneos. Reacio al reciclamiento de fórmulas agotadas, toma distancia y opta por rutas propias.
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| Fotografía de Alondra Valverde |
Raíces
En búsqueda incesante, Yapur Sherife entonces cultiva el abstracto y el expresionismo figurativos con notables aciertos. Dice mucho que la sala José María Velasco del Instituto Nacional de Bellas Artes le reciba creaciones de tales períodos. Merced a la encomiable factura, cruzan incluso el océano Atlántico y llegan hasta Ginebra, Milán y Turín. Don Jorge ronda apenas los treinta años de edad.
Aparte de calidades intrínsecas, queda entretanto claro que lo suyo resulta de veras audaz. Nada quizá lo defina mejor que las progresivas innovaciones de vanguardia. Con recio sustento, combinan de manera invariable temple, rigor e ingenio. Sirva de ejemplo ilustrativo la variante plástica del realismo mágico, aporte originalísimo que deslumbra a la Expo Sevilla 92.
Aún de mayor aliento consideramos el huastequismo. Dicha propuesta recurre a las raíces pre-hispánicas del suelo circundante y retoma los principios estéticos de la antigua cultura huasteca, recreándolos en diversas producciones de caballete. Sin transigir con el colorido facilón, al margen de artificios folcloristas, Jorge Yapur logra escenas lúdicas, exultantes, de íntima belleza y composiciones luminosas.
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| Fotografía de Alondra Valverde |
Frescura
Produce asimismo piezas escultóricas con gran fuerza expresiva e insinuante movimiento, afincadas en la síntesis de formas y ejecuciones magistrales. El huastequismo concilia empero ruptura y continuidad, fórmula capaz de potenciarlo a través del tiempo y espacio. Aunque de padres libaneses, para nuestro orgullo Yapur Sherife asume lo mexicano de modo entrañable e inteligente.
Visto en retrospectiva, don Jorge consagra más de media vida a fecundos trajines. Éstos desbordan el lienzo, acumulan generoso saldo de murales y abarcan magníficas obras en relieve, según renglones arriba referimos. Por si fuera poco, descuella en labores académicas e incursiona en la prosa con un ensayo multilingüe, donde explica y desdobla paso a paso el huastequismo. Al lado de Alicia Mariscal Ortega, consolida estimable y culta familia.
Crítico del statu quo, solidario con las causas progresistas, es también defensor acérrimo de la dignidad del arte. Su partida, registrada el 5 de enero de 2014, causa profunda tristeza y enorme pesar. Sobrio, universal, solvente, vigoroso, el legado de Jorge Yapur Sherife preserva la vigencia, frescura y vitalidad del primer día. Bien habéis osado, querido maestro.
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| Fotografía de Alondra Valverde |
Por Raúl Sinencio Chávez
Publicado en La Razón, Tampico, Tamps., 10 enero 2014.
Publicado en La Razón, Tampico, Tamps., 10 enero 2014.
©2014-paginasmexicanas®
lunes, 6 de enero de 2014
Partió Don Jorge Yapur Sherife,padre del Huastequismo
Don Jorge Yapur Sherife es de esos hombres que las sociedades paren muy de vez en cuando. Estamos hablando de un artista y profesional multifacético; pintor, escultor, maestro en la Facultad de Música de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) donde terminó los estudios de licenciatura en Derecho en el Centro Universitario Tampico-Madero.
Mexicano de ascendencia libanesa, amante como buen baisano, de sus raíces de ultramar y de la tierra que pisa y lo vió nacer. Amante de la familia, de la buena cocina, de la buena música y ante todo, del arte mismo.
Su nombre, Jorge, tiene, como una de sus trasliteraciones en tierras de Oriente, a Jéder, derivación del término "verde", por aquello de San Jorge, el "siempre verde", el que "nunca muere". Y estamos hablando de un artista multifacético y muy prolífico, y es Vox Populi que el artista vive en sus obras, por lo tanto, voy a nombrarlo aquí, y en la vida misma, en un eterno presente, por cariño, por admiración y por justicia.
Entre tanta necrológica,prefiero una nota de vida, de plena y alegre vida como le gusta a Don Jorge, gran bailarín, gran cantante, excelente cocinero,(de paellas únicas, de receta reservada), es, para decirlo con exactitud,un sibarita.
Siempre admiré su "mirada", (aquello que sólo él ve, y plasma en sus pinturas, llenas de contenido y significado, verdaderos viajes dimensionales a las entrañas de la Huasteca). Como expresé en una nota anterior y reitero en ésta:
"Conocer la obra del maestro Jorge Yapur Sherife, ha logrado transportarme al México nativo y ancestral, a los verdaderos dueños de la tierra, a mi adolescencia de ávido lector de Rulfo y Castaneda, al esoterismo mesoamericano ... a las raíces mismas de nuestra América india ... gracias al maestro por tan maravilloso viaje".
Investigador voraz de una creatividad inagotable, hechicero que atrapa en sus obras el legado se su tierra, de su sangre, de su historia ... basta estar frente a una de sus creaciones para olvidarse del entorno y ser atrapado por una vorágine de pensamientos y sensaciones que sólo un iniciado puede plasmar en una obra de arte.
Siempre digo que no soy un erudito en arte ... ni pretendo serlo, simplemente admiro lo que me conmueve, lo que alborota mis sentidos, lo que me "llena" intectual y sensorialmente. Muchos hablan de "La Gioconda" y su sonrisa enigmática, y quizás no habré sabido ver, pero al igual que a Ernesto Guevara de la Serna ... a mí no me dice nada ... En cambio al observar: El arcón de la memoria, la araña busca su lugar en la cueva, La Tomiyauh y la serie Huastequismo, siento que el artista me habla, me transmite su acervo génico, me transporta a tiempos remotos y me hace vivenciar el sentido de la obra de una manera corporal, física y no sólo intelectual.
Quizás deba pedir disculpas por no poder ser todo lo objetivo que la tarea requiere, pero en verdad, desde que conocí, vivencié y disfruté su obra, me he vuelto un profundo admirador del Maestro Yapur.
Un 5 de Enero partieron grandes artistas, el escritor español Ramón del Valle Inclán, la fotógrafa italiana Tina Modotti, el ensayista y dramaturgo español Juan Benet, y también nuestro querido Maestro Jorge Yapur Sherife.
Como buen patriarca, reunió a la familia en estas fiestas y se llenó de amor y cariño, (tan necesario cuando uno va a emprender viaje en solitario), y se fue primero a ver como es esta aventura de cambiar de aires, ( lo que le debe haber costado dejar sus afectos y su tierra tamaulipeca), pero alguien debe ser el primero, y el raís, (cabeza de familia), asumió la tarea, sabiendo que es un "mientras tanto", que en los tiempos de Dios, es un suspiro, consciente del reencuentro en el Kauzar, en el Paraíso.
Partió como sólo los grandes y los justos pueden hacerlo, serena y rápidamente, simplemente un cambio de estado ... Seguramente, la cosmogonía del guerrero tolteca le dictó que "El único modo de escapar a la voracidad del águila, es salirse de puntillas y conteniendo el aliento..." (Como bien decía el yaqui Don Juan Mathus).
Y como dice el dicho: El que no tenga un amigo libanés… que lo busque... Yo lo tengo, lo admiro y lo quiero, gran conocedor de las costumbres y modismos de mi querida tierra argentina, mucho la estima y siempre lo hace saber; por lo tanto, querido amigo y Maestro Jorge Yapur Sherife, permíteme agregar a la fórmula de rigor Allâh Yerhamo, (Dios lo bendiga) la coloquial y cariñosa ilâl-liqâ, habibi, (hasta el reencuentro, querido).
Con todo cariño y respeto, mi abrazo a la distancia para Doña Alicia Mariscal; Victoria, Alicia, Xerxes y Yamil Yapur.
Para conocer la magnífica obra del Maestro Jorge Yapur Sherife, pueden visitar los siguientes enlaces:
Jorge Yapur Sherife - El Rulfo de las Huastecas
Muestra retrospectiva 2011 del artista Jorge Yapur Sherife
©2014-paginasarabes®








