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jueves, 22 de junio de 2017

Vida idearia: Nahui Olín - Por Felipe LLanas Moreno



Nahui Olín, pobre y envejecida, trata de vender una poesía en los cafetines y restaurantes del México que la ha olvidado.

-¿Quién gasta un cinco en comprar
un poema?-


Sus ojazos verdes destellan entre
el desamparo y el recuerdo. Está convencida
de que su tiempo es otro
y no éste
que avanza hacia su muerte.


Se sienta a descansar en una banca
de la Alameda. El alimento para sus gatos
está seguro en una bolsa de plástico
que coloca en su regazo. Los papeles
hechos rollo que contienen sus escritos
y dibujos están en los bolsos
de su abrigo ajado.


Se incorpora con una firmeza
que todavía enamora. Camina lenta
saboreando sin remilgos el tedio
de la tarde del sábado. En la derruida
casona que habita, Carmen Mondragón
la espera con el festín del desvarío
en el que encuentran juntas
la felicidad bizarra
de la soledad.

NOTA. María del Carmen Mondragón Valseca (“Nahui Olín”) (México, 1893 o 94 - 1978).Perteneció a la aristocracia porfiriana, contra la que se rebeló, y fue considerada una de las mujeres más bellas y controvertidas de su tiempo; un personaje singular en una época política y culturalmente significativa para México: Los años veinte del pasado siglo. Modelo, poeta, pintora y feroz precursora de la liberación auténtica de la mujer, coincidió con Diego Rivera, Edward Weston, Tina Modotti, el Dr. Atl (su amante-enemigo quien la rebautizó como Nahui Olín), Antonieta Rivas Mercado, Frida Kahlo, Palma Guillén, Jean Charlot, y un largo etcétera. Murió presa de la locura, en el abandono y la miseria. Su obra pictórica y literaria no ha sido justamente valorada.



Por Felipe Llanas Moreno. Septiembre 2014.


©2017-paginasmexicanas®

domingo, 28 de mayo de 2017

Ante el cosmos


Quien contempla el cosmos admira su propia proyección. Derecha e izquierda siguen el eje de su cuerpo; el fuego alumbra a la medida de sus ojos; son sus temores los que moldean los hados y sus palpitaciones las que acompasan la música de las estrellas. Quien contempla el cosmos ve proyecciones de sus ancestros, de sus contemporáneos, de su futura descendencia. Quien contempla el cosmos ve su propia, privada, íntima proyección: su obra.

Alfredo López Austin

©2017-paginasmexicanas®

jueves, 23 de marzo de 2017

Vámonos patria a caminar, yo te acompaño - Otto René Castillo




Yo bajaré los abismos que me digas.
Yo beberé tus cálices amargos.
Yo me quedaré ciego para que tengas ojos.
Yo me quedaré sin voz para que tu cantes.

Yo he de morir para que tú no mueras,

para que emerja tu rostro flameando al horizonte
de cada flor que nazca de mis huesos.


Tiene que ser así, indiscutiblemente.

Ya me cansé de llevar tus lágrimas conmigo.
Ahora quiero caminar contigo, relampagueante.
Acompañarte en tu jornada, porque soy un hombre
del pueblo, nacido en octubre para la faz del mundo.
Ay, patria.
A los coroneles que orinan tus muros
tenemos que arrancarlos de raíces,
colgarlos de un árbol de rocío agudo,
violento de cóleras de pueblo.
Por ello pido que caminemos juntos. Siempre
con los campesinos agrarios
y los obreros sindicales,
con el que tenga un corazón para quererte.

Vámonos patria a caminar, yo te acompaño



"Otto René Castillo (1936-1967), poeta guerrillero capturado en la Sierra de las Minas con Nora Paiz, su amor, también combatiente, y quemados vivos el 17 de marzo de 1967, durante el gobierno de Méndez Montenegro. De aquel combate según se cuenta sólo salvó la vida el legendario Pablo Monsanto. Vivió 31 años. Dio a su pueblo su canto y su vida. ¿Qué más puede dar un poeta?" Luis Cardoza y Aragón 


"Alguna vez, los hombres prácticos se preguntarán si en las guerras sirve de algo matar a un poeta. Fusilaron a Federico García Lorca y a Roque Dalton; mataron con tormentos sicológicos a Miguel Hernández, a Boris Pasternak, a cientos más. Peor todavía, ¿sirve de algo matarlos de una manera tan cruel como lo hicieron con Otto René Castillo en 1967?" Juan Carlos Lemus



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lunes, 13 de marzo de 2017

Si se te pierde el alma en un descuido



¿Qué hace esa india huichola que está por parir? Ella recuerda. Recuerda intensamente la noche de amor de donde viene el niño que va a nacer. Piensa en eso con toda la fuerza de su memoria y su alegría. Así el cuerpo se abre, feliz de la felicidad que tuvo, y entonces nace un buen huichol, que será digno de aquel goce que lo hizo. 

Un buen huichol cuida su alma, su alumbrosa fuerza de vida, pero bien se sabe que el alma es más pequeña que una hormiga y más suave que un susurro, una cosa de nada, un airecito, y en cualquier descuido se puede perder. 

Un muchacho tropieza y rueda sierra abajo y el alma se desprende y cae en la rodada, atada como estaba nomás que por un hilo de seda de araña. Entonces el joven huichol se aturde y se enferma. Balbuciendo llama al guardián de los cantos sagrados, el sacerdote hechicero.

 ¿Qué busca ese viejo indio escarbando la sierra? Recorre el rastro por donde el enfermo anduvo. Sube, muy en silencio, por entre las rocas filosas, explorando los ramajes, hoja por hoja, y bajo las piedritas. 

¿Dónde se cayó la vida? ¿Dónde quedó asustada? Marcha lento y con los oídos muy abiertos, porque las almas perdidas lloran y a veces silban como brisa. Cuando encuentra el alma errante, el sacerdote hechicero la levanta en la punta de una pluma, la envuelve en un minúsculo copo de algodón y dentro de una cañita hueca la lleva de vuelta a su dueño, que no morirá. 

Eduardo Galeano 

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sábado, 24 de septiembre de 2016

JORGE YAPUR, UNIVERSAL Y VIGENTE



Como medio de trascendencia humana, la obra artística navega por el tiempo y el espacio con un desafío implícito. A fin de conservarse viva, universal, ha de mantener la frescura, el impacto y las emociones del primer momento. Nadie mejor que el propio artista lo sabe. De ahí su angustia, conforme va advirtiéndolo.
 
Por ende, quien se consagra a los menesteres del arte toma en serio el desarrollo coherente de convicciones, rupturas, continuidades y etapas, capaces de proveerle una identidad definida ante la hora del mundo que lo enmarca. Recorre los caminos delante a lomos del talento, cuyo galope aún debe afinarse en los rigores del aprendizaje multidisciplinario; aprendizaje que abre horizontes y sustenta la propuesta estética. Sin becas, ni apoyos o estímulos a cargo de los presupuestos sectoriales que han ido conformándose, lejos además del intrínseco aliento de las grandes urbes, sería comprensible incurrir en desmayos y flaquezas.
 




Pero he aquí que Jorge Yapur Sherife persevera en tierras entonces culturalmente precarias. Nunca las abandona, sino que concurre a transformarlas. Lo hace por tratarse nada menos que del terruño, donde afina genio y carácter, es decir el temple, imprimiéndole características inconfundibles. A contracorriente, acumula realizaciones plásticas de altos vuelos, resueltas siempre con solvencia y audacia. Por algo las avala el mismísimo Instituto Nacional de Bellas Artes. Cruzan luego el océano Atlántico, engalanándose con ellas la Expo Sevilla de 1992, para renombre de la patria chica.
 
Jorge Yapur Sherife cosecha a la par reconocimientos. En vida colman los entornos locales y alcanzan prestigiosos escenarios foráneos. Dichos reconocimientos incluso le sobreviven, multiplicándose post mortem con el afecto ganado por el maestro a pulso.
 
Nos complace mucho que se una a la saga el título bibliográfico hoy presentado bajo el sello del Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, dirigido por la maestra Libertad García Cabriales. Nos referimos, claro está, al libro “Jorge Yapur, la voluntad del linaje”, del que tengo el gusto de ser coautor. Este compendio sin duda redundará en difundir con mayores bríos un magnífico acervo plástico, orgullo de Tamaulipas; reitera asimismo la vigencia y la universalidad del llamado Rulfo de la Huastecas. Por compartirlo, el aprecio sincero a la familia Yapur Mariscal –doña Licha, Victoria, Alicia, Jerjes, Yamil--, y a todos ustedes gracias por escucharme.

Presentación del libro “Jorge Yapur, la voluntad del linaje”. Espacio Cultural Metropolitano, Tampico, Tamps., 24 de septiembre de 2016

Por Raúl Sinencio Chávez 

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domingo, 18 de septiembre de 2016

Color e identidad: los orígenes del rosa mexicano



En las oscuras y sucias calles del Londres de mediados del siglo XIX se fundó el Royal College of Chemistry, siendo el químico alemán August Wilhelm Hofmann su primer director. En plena Revolución industrial, el principal cometido de la industria química en Inglaterra era la aplicación de los nuevos descubrimientos en el campo de la química orgánica, propiciada en gran medida por los experimentos realizados a partir del abundante subproducto de la industrialización: el alquitrán de hulla. A partir de los experimentos que Hofmann realizó con este material, pudo descubrir nuevos compuestos como el formaldehido y, junto con sus alumnos, logró perfeccionar los métodos para la extracción de benceno y del tolueno y convertirlos en compuestos nítricos. Ahora sabemos que fue quizás la industria bélica la que se vio mayormente beneficiada con estos importantes avances.

Uno de sus alumnos más distinguidos fue William Henry Perkin, a quien le fue encargada la noble tarea de encontrar la fórmula para producir, a partir del alquitrán, un sustituto sintético para la escasa y costosa quinina que se utilizaba para tratar la malaria, enfermedad muy extendida entre los colonialistas europeos. Perkin y su equipo sintetizaron de manera accidental un nuevo producto de un violeta intenso que llamaron “malveína”, debido a su parecido con los tintes naturales extraídos de las flores de malva. Perkin también descubrió un intenso tinte rojo conocido como carmesí de alizarina, sólo que la compañía bávara de anilinas, la basf, logró anticiparse con la patente. Otras compañías germanas como la agfa (Aktiengesellschaft für Anilin Fabrikation), la Hoechst y Bayer, desplazaron a las compañías inglesas convirtiendo a Alemania en la más grande potencia química y farmacéutica de la Europa de finales del siglo XIX.

La anilina (del añil o índigo) fue un descubrimiento descomunal que tuvo un enorme impacto en la economía del mundo. La gama cromática, que abarca del azul al rojo, siempre fue muy cotizada y muy costosa de producir, particularmente para la tinción de diversos textiles. Con el descubrimiento de estos tintes sintéticos, las enormes crinolinas que usaban las damas de sociedad europeas podían teñirse de violeta, de azul y de rosa a mucho menor costo que en toda la historia pasada. De hecho, cuando naciones enteras subsistían en gran medida de la producción de tintes naturales (como el índigo de India), sus economías se fueron a pique. Cuenta el químico e historiador del color inglés Philip Ball que, en 1860, la compañía Simpson, Maule y Nicholson fabricó un rojo de anilina que nombraron inicialmente como roseine, pero que finalmente se hizo más conocido por el nombre que persiste hasta el día de hoy: “magenta”, en honor de la ciudad italiana donde el ejército francés se enfrentó al austríaco en junio de 1859 y que había sido noticia de primera plana.


La enorme gama de productos teñidos, pintados, entintados o que incorporan en su material el amplísimo espectro de rosas, fucsias, violetas, magentas y rojos que se sintetizan actualmente a partir de estos colorantes, es inmensa e incluye ropa, coches, libros y revistas, juguetes, mochilas, productos artesanales, lonas y todo tipo de plásticos. Pareciera, por lo menos en México, que estamos invadidos por objetos en “rosa mexicano” o de colores similares (si es que aceptamos esta nomenclatura como un color oficial).

Cromática de la “mexicanidad”

Se ha repetido de manera insistente que México es un país muy colorido. Incluso sigue existiendo una política pública, impulsada por el entonces presidente Felipe Calderón, respecto a la “marca país México”, que hace hincapié en el uso de colores “cálidos, estridentes y vivos” que representen nuestra enorme “riqueza visual”. Sin lugar a dudas, y en muchos sentidos, el nuestro sí es un país que tiene cierta inclinación por el color, lo cual es evidente en nuestros mercados, en muchos de nuestros trajes regionales, en la arquitectura de algunas ciudades y aun en nuestra cultura culinaria. Es tal nuestro orgullo por el color nacionalista, que aseguramos que nuestros artistas han sido algunos de los mejores coloristas del mundo, como es el caso de Rufino Tamayo, quien “nació con las manos llenas de color” nativo de Oaxaca y, por lo tanto, “heredero de las grandes culturas prehispánicas”. Otro ejemplo que se repite con frecuencia es el del famoso color rosa de Luis Barragán quien, por su parte, declaró alguna vez que su paleta provenía en realidad de los surrealistas, en particular de “De Chirico, Balthus, Magritte, Delvaux y [sí] Chucho Reyes.”

De acuerdo con la mayoría de las fuentes disponibles, los pueblos “más civilizados” han rechazado históricamente el uso de colores intensos. Para algunos teóricos del pasado, como Johann w. von Goethe, el extendido uso del color es más característico de los países que se ubican en las regiones más calientes del planeta. Por otro lado, en su famosa Teoría de los colores, el poeta romántico demuestra ser un pensador racista, pues llega a afirmar que el color de la piel “indica una diferencia de carácter” y que el de los europeos, que “varía del blanco al amarillento, pardusco o rojizo […] es el más hermoso”. En cambio, el rojo (o “colorado” –el color por antonomasia–) es preferido por las personas “robustas y rudas”, por los niños y, por ende, por los pueblos salvajes y primitivos. Para los conquistadores españoles del siglo xvi, el gusto por el color de los nativos americanos era considerado incluso demoníaco (Goethe usa la palabra “peligroso”; gefährlich en la edición original).

El “rosa mexicano”, una versión rebajada pero intensa del rojo, entraría en estas categorías (véanse los escritos de Motolinía y Sahagún en México y Poma de Ayala en Perú). Aquí cabe recordar que dicho color no existía en las paletas prehispánicas, no obstante distintos tipos de rojo sí eran apreciados y sí se utilizó ampliamente como tinte, extraído de diversas plantas, insectos y moluscos.

La verdadera modernización de nuestro país no inició sino hasta finalizada la Revolución, y con ella se introdujeron masivamente los tintes artificiales, sustituyendo casi hasta la extinción muchos de los productos naturales que genera nuestro rico país. Como sabemos, todos los gobiernos postrevolucionarios han participado en una campaña orientada a la cohesión social basada principalmente en el fortalecimiento del nacionalismo y en la creación de una identidad. Paradójicamente, la gran mayoría de estos gobiernos ha sido de derecha, como casi todos los nacionalismos. Durante la búsqueda de esta famosa identidad mexicana y nacionalista, surgieron diversos grupos que se caracterizaron por su xenofobia y su conservadurismo. Después de la Revolución, como parte del proceso nacionalista que definió nuestra idiosincrasia presente, se multiplicaron los grupos derechistas en México, particularmente durante el cardenismo, que fue el gobierno postrevolucionario más orientado hacia el pensamiento de izquierda. Esta polarización se fue definiendo aún más durante la Guerra fría en las décadas posteriores. Cuando terminó la segunda guerra mundial, y coincidiendo con el macartismo, el entonces presidente Miguel Alemán impulsó una doctrina llamada “de la mexicanidad” y la mayoría de los medios masivos de comunicación se unieron a esta campaña, fuertemente anticomunista.

En medio de este período surgió la idea de un “rosa mexicano”. Alrededor de 1948, Ramón Valdiosera, un joven diseñador de modas, supuestamente inspirado en la indumentaria de los grupos étnicos y el color de las buganvilias, lanzó una colección que tuvo amplia aceptación entre las mujeres de la alta sociedad mexicana, encabezadas por actrices como Dolores del Río y María Félix. Cuando se presentó en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York, los periodistas estadunidenses lo bautizaron como mexican pink y posteriormente recibió el espaldarazo de Alemán como una especie de embajador de la mexicanidad en el extranjero y entre el jet set.

Como se mencionó antes, fueron las principales compañías farmacéuticas las encargadas de sintetizar esta nueva gama cromática, a la cual pertenecen los tintes orgánicos que se usan para producir los rojos, violetas y rosáceos que tanto se utilizan hoy en día para la elaboración de un sinfín de productos comerciales que hace cincuenta o más años hubieran resultado extremadamente costosos. Entre otras cosas, y desde su fundación, estos mismos megaconsorcios productores han sido responsables de casi todos los explosivos y venenos que se emplean en la guerra y son los dueños, por así decirlo, de la producción de la mayoría de los colorantes sintéticos disponibles en el mercado.

Curiosamente, la relación entre el colorismo y el nacionalismo exacerbado no es exclusiva de nuestro país. Cuando los cromoluminaristas (puntillistas) y posteriormente los famosos fauves, como Henri Matisse, llegaron a la costa del sur de Francia en busca de la “luz y el color mediterráneos”, también arribaron a la cuna del ultranacionalismo francés. Fue en esta región donde se fundó el movimiento de Acción Francesa, mismo que publicó las revistas L’Occident (con la cual colaboró el pintor Maurice Denis) y La Rénovation Esthétique, de Émile Bernard, discípulo de Cézanne. Lamentablemente, nada de todo lo antedicho parece haber influido para moderar al menos la campaña de “rosificación” de nuestra nueva Ciudad de México, donde los miles de taxis, las fachadas de los verificentros, las credenciales de los adultos mayores y prácticamente toda papelería oficial, incluidas las boletas que emite la tesorería, nos han invadido como nunca antes •



lunes, 30 de mayo de 2016

Elogio de la envidia y los poetas


miércoles, 25 de mayo de 2016

Estoy aquí, sentada, con todas mis palabras...




Estoy aquí, sentada, con todas mis palabras
como con una cesta de fruta verde, intactas.

Los fragmentos
de mil dioses antiguos derribados
se buscan por mi sangre, se aprisionan, queriendo
recomponer su estatua.
De las bocas destruidas
quiere subir hasta mi boca un canto,
un olor de resinas quemadas, algún gesto
de misteriosa roca trabajada.
Pero soy el olvido, la traición,
el caracol que no guardó del mar
ni el eco de la más pequeña ola.
Y no miro los templos sumergidos;
sólo miro los árboles que encima de las ruinas
mueven su vasta sombra, muerden con dientes ácidos
el viento cuando pasa.
Y los signos se cierran bajo mis ojos como
la flor bajo los dedos torpísimos de un ciego.
Pero yo sé: detrás
de mi cuerpo otro cuerpo se agazapa,
y alrededor de mí muchas respiraciones
cruzan furtivamente
como los animales nocturnos en la selva.
Yo sé, en algún lugar,
lo mismo
que en el desierto cactus,
un constelado corazón de espinas
está aguardando un hombre como el cactus la lluvia.
Pero yo no conozco más que ciertas palabras
en el idioma o lápida
bajo el que sepultaron vivo a mi antepasado.



Rosario Castellanos

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viernes, 2 de octubre de 2015

Tlatelolco 68 - Jaime Sabines






(Sobre el 2 de octubre de 1968)

1

Nadie sabe el número exacto de los muertos,
ni siquiera los asesinos,
ni siquiera el criminal.
(Ciertamente, ya llegó a la historia
este hombre pequeño por todas partes,
incapaz de todo menos del rencor).

Tlatelolco será mencionado en los años que vienen
como hoy hablamos de Río Blanco y Cananea,
pero esto fue peor,
aquí han matado al pueblo;
no eran obreros parapetados en la huelga,
eran mujeres y niños, estudiantes,
jovencitos de quince años,
una muchacha que iba al cine,
una criatura en el vientre de su madre,
todos barridos, certeramente acribillados
por la metralla del Orden y Justicia Social.

A los tres días, el ejército era la víctima de los desalmados,
y el pueblo se aprestaba jubiloso
a celebrar las Olimpiadas, que darían gloria a México.

2

El crimen está allí,
cubierto de hojas de periódicos,
con televisores, con radios, con banderas olímpicas.

El aire denso, inmóvil,
el terror, la ignominia.
alrededor las voces, el tránsito, la vida.
Y el crimen está allí.

3

Habría que lavar no sólo el piso; la memoria.
Habría que quitarles los ojos a los que vimos,
asesinar también a los deudos,
que nadie llore, que no haya más testigos.
Pero la sangre echa raíces
y crece como un árbol en el tiempo.
La sangre en el cemento, en las paredes,
en una enredadera: nos salpica,
nos moja de vergüenza, de vergüenza, de vergüenza.

La bocas de los muertos nos escupen
una perpetua sangre quieta.

4

Confiaremos en la mala memoria de la gente,
ordenaremos los restos,
perdonaremos a los sobrevivientes,
daremos libertad a los encarcelados,
seremos generosos, magnánimos y prudentes.

Nos han metido las ideas exóticas como una lavativa,
pero instauramos la paz,
consolidamos las instituciones;
los comerciantes están con nosotros,
los banqueros, los políticos auténticamente mexicanos,
los colegios particulares,
las personas respetables.
Hemos destruido la conjura,
aumentamos nuestro poder:
ya no nos caeremos de la cama
porque tendremos dulces sueños.

Tenemos Secretarios de Estado capaces
de transformar la mierda en esencias aromáticas,
diputados y senadores alquimistas,
líderes inefables, chulísimos,
un tropel de putos espirituales
enarbolando nuestra bandera gallardamente.

Aquí no ha pasado nada.
Comienza nuestro reino.

5

En las planchas de la Delegación están los cadáveres.
Semidesnudos, fríos, agujereados,
algunos con el rostro de un muerto.
Afuera, la gente se amontona, se impacienta,
espera no encontrar el suyo:
“Vaya usted a buscar a otra parte.”

6

La juventud es el tema
dentro de la Revolución.
El gobierno apadrina a los héroes.
El peso mexicano está firme
y el desarrollo del país es ascendente.
Siguen las tiras cómicas y los bandidos en la televisión.
Hemos demostrado al mundo que somos capaces,
respetuosos, hospitalarios, sensibles
(¡Qué Olimpiada maravillosa!),
y ahora vamos a seguir con el “Metro”
porque el progreso no puede detenerse.

Las mujeres, de rosa,
los hombres, de azul cielo,
desfilan los mexicanos en la unidad gloriosa
que constituye la patria de nuestros sueños.

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viernes, 11 de septiembre de 2015

Toda sangre tiene su historia



Toda sangre tiene su historia. Gira sin descanso en el interior laberíntico del cuerpo y no pierde el rumbo ni el sentido, enrojece de súbito el rostro y lo empalidece huyendo de él, irrumpe bruscamente de un rasguño de la piel, se vuelve capa protectora de una herida, encharca campos de batalla y lugares de tortura, se transforma en río sobre el asfalto de una carretera.

La sangre nos guía, la sangre nos levanta, con la sangre dormimos y con la sangre despertamos, con la sangre nos perdemos y salvamos, con la sangre vivimos, con la sangre morimos. Se convierte en leche y alimenta a los niños en brazos de las madres, se convierte en lágrima y llora sobre los asesinados, se convierte en revuelta y levanta un puño cerrado y un arma.

La sangre se sirve de los ojos para ver, entender y juzgar, se sirve de las manos para el trabajo y para la caricia, se sirve de los pies para ir adonde el deber la manda. La sangre es mujer y es hombre, se cubre de luto o de fiesta, se pone una flor en la cintura, y cuando toma nombres que no son los suyos es porque esos nombres pertenecen a todos los que son de la misma sangre. 

La sangre sabe mucho, la sangre sabe la sangre que tiene.A veces la sangre monta a caballo y fuma en pipa, a veces mira con ojos secos porque el dolor los secó, a veces sonríe con una boca de lejos y una sonrisa de cerca, a veces esconde la cara pero deja que el alma se muestre, a veces implora la misericordia de un muro mudo y ciego, a veces es una criatura sangrando que va llevado en brazos, a veces diseña figuras vigilantes en las paredes de las casas, a veces es la mirada fija de esas figuras, a veces la atan, a veces se desata, a veces se convierte en gigante para subir las murallas, a veces hierve, a veces se calma, a veces es como un incendio que todo lo abrasa, a veces es una luz casi suave, un suspiro, un sueño, un descansar la cabeza en el hombro de la sangre que está al lado. 

Hay sangres que hasta cuando están frías queman. Esas sangres son eternas como la esperanza.


José Saramago
Prólogo del libro Chiapas, rostros de la guerra
  
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martes, 18 de agosto de 2015

Romance de la Guardia Civil española - Federico García Lorca




Los caballos negros son.
Las herraduras son negras.
Sobre las capas relucen
manchas de tinta y de cera.
Tienen, por eso no lloran,
de plomo las calaveras.
Con el alma de charol
vienen por la carretera.
Jorobados y nocturnos,
por donde animan ordenan
silencios de goma oscura
y miedos de fina arena.
Pasan, si quieren pasar,
y ocultan en la cabeza
una vaga astronomía
de pistolas inconcretas.

*

¡Oh ciudad de los gitanos!
En las esquinas banderas.
La luna y la calabaza
con las guindas en conserva.
¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vió y no te recuerda?
Ciudad de dolor y almizcle,
con las torres de canela.

*

Cuando llegaba la noche,
noche que noche nochera,
los gitanos en sus fraguas
forjaban soles y flechas.
Un caballo malherido,
llamaba a todas las puertas.
Gallos de vidrio cantaban
por Jerez de la Frontera.
El viento, vuelve desnudo
la esquina de la sorpresa,
en la noche platinoche
noche, que noche nochera.

*

La Virgen y San José
perdieron sus castañuelas,
y buscan a los gitanos
para ver si las encuentran.
La Virgen viene vestida
con un traje de alcaldesa,
de papel de chocolate
con los collares de almendras.
San José mueve los brazos
bajo una capa de seda.
Detrás va Pedro Domecq
con tres sultanes de Persia.
La media luna, soñaba
un éxtasis de cigüeña.
Estandartes y faroles
invaden las azoteas.
Por los espejos sollozan
bailarinas sin caderas.
Agua y sombra, sombra y agua
por Jerez de la Frontera.

*

¡Oh ciudad de los gitanos!
En las esquinas banderas.
Apaga tus verdes luces
que viene la benemérita.
¡Oh ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Dejadla lejos del mar,
sin peines para sus crenchas.

*

Avanzan de dos en fondo
a la ciudad de la fiesta.
Un rumor de siemprevivas
invade las cartucheras.
Avanzan de dos en fondo.
Doble nocturno de tela.
El cielo, se les antoja,
una vitrina de espuelas.

*

La ciudad libre de miedo,
multiplicaba sus puertas.
Cuarenta guardias civiles
entran a saco por ellas.
Los relojes se pararon,
y el coñac de las botellas
se disfrazó de noviembre
para no infundir sospechas.
Un vuelo de gritos largos
se levantó en las veletas.
Los sables cortan las brisas
que los cascos atropellan.
Por las calles de penumbra
huyen las gitanas viejas
con los caballos dormidos
y las orzas de monedas.
Por las calles empinadas
suben las capas siniestras,
dejando detrás fugaces
remolinos de tijeras.
En el portal de Belén
los gitanos se congregan.
San José, lleno de heridas,
amortaja a una doncella.
Tercos fusiles agudos
por toda la noche suenan.
La Virgen cura a los niños
con salivilla de estrella.
Pero la Guardia Civil
avanza sembrando hogueras,
donde joven y desnuda
la imaginación se quema.
Rosa la de los Camborios,
gime sentada en su puerta
con sus dos pechos cortados
puestos en una bandeja.
Y otras muchachas corrían
perseguidas por sus trenzas,
en un aire donde estallan
rosas de pólvora negra.
Cuando todos los tejados
eran surcos en la tierra,
el alba meció sus hombros
en largo perfil de piedra.

*

¡Oh, ciudad de los gitanos!
La Guardia Civil se aleja
por un túnel de silencio
mientras las llamas te cercan.

¡Oh, ciudad de los gitanos!
¿Quién te vio y no te recuerda?
Que te busquen en mi frente.
juego de luna y arena.



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