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martes, 25 de marzo de 2014

Polvo enamorado - Amor constante más allá de la muerte




Después de la bomba atómica
Polvo serán, mas, ¿polvo enamorado?



Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevaré el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

más no, de es otra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.




"El amor está en la mirada", me dijo alguna vez, haciendo la señal de ese vaivén con su dedo índice e intermedio. Un hechizo mutuo que penetra por los ojos y desciende hasta el pozo profundo del alma, de las almas. Esa frase, eco de "Piedra de Sol" ("El mundo cambia cuando dos se miran y se reconocen") contiene la pregunta central que se hizo Paz sobre el amor, similar a la que se hizo sobre la Revolución, los regímenes totalitarios, el destino de México. Y esa pregunta no atañe al cómo ni al cuándo, ni siquiera al por qué del amor, sino a su esencia. 



No le temo a la vida ni a la muerte
cuando siento en mi pecho palpitar tu corazón,
no hay poder en el mundo que consiga
doblegarme por la fuerza a su razón
cuando eres tierra,
cuando soy agua.


Referencias :

Taberna y otros lugares, Roque Dalton

Amor constante más allá de la muerte , Francisco de Quevedo y Villegas
Octavio Paz: la esencia del amor , E.K.
©2014-paginasmexicanas®

jueves, 20 de marzo de 2014

Juan Goytisolo:la curiosidad de Paz es vital

El escritor español detalla en charla telefónica desde Marruecos su participación en el encuentro internacional que rendirá tributo al premio Nobel de Literatura mexicano y que se realizará el 27 y 28 de marzo en El Colegio Nacional.

El “ombliguismo” hispano, ese mirar lo propio y no interesarse por las culturas ajenas, ha sido, durante mucho tiempo, “una de las grandes carencias de la cultura española y latinoamericana”, afirma el escritor español Juan Goytisolo (1931).
“Esto se ha traducido en que, en lugar de ser sujetos de contemplación, nos hemos convertido en objetos de contemplación”, comenta el narrador en entrevista vía telefónica desde Marruecos.
Explica que “ya no se puede comprender la cultura española sin lo que sobre ella han escrito los hispanistas ingleses, americanos, franceses o alemanes; mientras que la contribución hispana al conocimiento de esas culturas es prácticamente nula”.
Y el poeta y ensayista mexicano Octavio Paz (1914-1998), Nobel de Literatura 1990, “es justamente uno de los ejemplos de apertura a las demás culturas”, agrega el novelista que participará el próximo jueves 27 de marzo en la mesa Paz y el mundo del siglo XXI, con una ponencia sobre Fanatismos de la identidad, a partir de las 16 horas en El Colegio Nacional.
“Esta curiosidad de Paz por otras culturas y ver la suya a través de las otras es una ruptura muy feliz, como la de (Jorge Luis) Borges en otro campo, que ha permitido a las nuevas generaciones salir de este ‘ombliguismo’ identitario que ha sido desastroso para nosotros.”
Para el reconocido intelectual y crítico implacable del mundo contemporáneo occidental, Paz “no era sólo un gran poeta, sino que como crítico literario y analista político tenía una lucidez extraordinaria”.
Advierte que, “aunque no coincido siempre con él, incluso lo he admirado en los desacuerdos. Su razonamiento ilumina incluso a los que no están totalmente de acuerdo con él”.
Goytisolo narra que desde los años 50 de la pasada centuria comenzó a oír sobre la obra de Paz, pero no la podía leer, porque a la España franquista no llegaban los libros editados en México.
“Pero a principios de los 60 empecé a leer El laberinto de la soledad, su poesía, sus ensayos y realmente me fascinaron. No obstante, el verdadero encuentro amistoso entre los dos fue hacia finales de los 60 en París. En enero de 1968 nos vimos y me hizo una dedicatoria muy amable. Luego lo vi en distintas ocasiones en París, Madrid, Barcelona y México, lo que ha sido un privilegio”, cuenta.
Añade que, ahora, los escritores de las generaciones posteriores a la suya lo leen y ya forma parte de los autores llamados “imprescindibles”.
“He leído muy atentamente dos de sus obras maestras. Una es el libro sobre Sor Juana Inés de la Cruz. Es una maravilla, no hay otra palabra. El análisis que hace de la Nueva España, de la sociedad de la época, de la asfixia intelectual y de la valentía de una mujer que decide escribir en un contexto tan misógino; definitivamente se trata de un libro conmovedor.
“Y, por otra parte, Vislumbres de la India, al que voy a referirme en la ponencia que he preparado, evocando la curiosidad intelectual de Paz por la cultura y el subcontinente hindú”, asegura.
El ganador en 2002 del Premio de Ensayo y Poesía Octavio Paz destaca que en la época actual es fundamental abrirse a otras culturas e interesarse por ellas. “En España se me ha reprochado siempre mi interés por la cultura árabe. Y les respondo que a qué viene esa falta de interés cuando tenemos centenares de palabras de origen árabe, injertos árabes en la sintaxis española, es decir, aprendiendo el árabe he aprendido mucho sobre la propia España. La curiosidad de Paz es vital. He aprendido mucho de la India leyéndolo”.

Pasión por México

El autor que también cultiva géneros como el reportaje, la literatura de viajes o las memorias, que vive a caballo entre Marraquech, París, Estados Unidos y España, aprendió “a amar a México” a través de la obra de Octavio Paz, confiesa.
“México es, en efecto, un país fascinante. Releía hace poco El laberinto de la soledad y ese análisis que Paz hace de los distintos estratos que componen el México actual es realmente admirable; libros así son totalmente necesarios”.
El autor de Juegos de manos (1954) y El exiliado de aquí y de allá (2008) asegura que siente una gran curiosidad por México. “Es uno de los países en lengua española que más me han atraído. Me encuentro muy bien en México. Cuando estoy ahí me siento absolutamente en mi propia casa. Por la complejidad, la riqueza cultural que tiene y por los elementos que componen esta cultura”.
Le da gusto regresar al país que vio nacer al autor de Libertad bajo palabra, aunque no fue aquí donde lo vio por última vez. “Nuestro último encuentro fue en París. Tuvimos una larga conversación. Él sabía que estaba enfermo. Fue una entrevista muy emocionante, porque hablamos de todo. Él me habló de una forma muy bella de Carlos Fuentes, lamentando el mal entendido que hubo entre ellos. Fue una entrevista memorable. Conversar con él era siempre un privilegio”.
Goytisolo, quien acaba de publicar el poemario Ardores, cenizas, desmemoria, integrado por nueve poemas, se niega a adelantar el libro que está escribiendo. “Es un secreto entre yo y yo. Trabajo en cosas que no tengo prisa en publicar”, dice.

Hoy, sesión solemne para Paz

“Una pregunta, ¿y las letras de oro, cuándo? Se las debemos también a Octavio Paz”, recordó desde su curul el diputado federal del PRD Fernando Belaunzarán.
El cuestionamiento quedó sin respuesta en el salón de plenos del Palacio Legislativo de San Lázaro que este mediodía será sede de la ceremonia solemne con motivo del centenario del natalicio del Nobel.
Para formalizar el formato de la sesión, programada a las 11 horas de hoy, los diputados avalaron en votación económica el acuerdo que para tal efecto tomó la Junta de Coordinación Política (Jucopo).
Su contenido se dio a conocer al pleno: primero habrá una intervención de la presidenta de la Comisión Especial para Conmemorar el Centenario del Natalicio de Paz, la diputada federal Sonia Rincón Chanona, de Nueva Alianza.
En seguida se hará entrega a un reconocimiento a la viuda del Nobel, Marie-José Paz Tramini, quien ofrecerá un mensaje.
Posteriormente, en representación de la Cámara, tomará la palabra el presidente de la Mesa Directiva, el diputado federal del PAN José González Morfín.
El acto concluirá con la entonación del Himno Nacional en un salón de plenos que hoy acogerá a intelectuales, funcionarios, diplomáticos y creadores.
A mano alzada, los diputados aprobaron el formato de la ceremonia.
Pero antes los diputados Ricardo Mejía, de Movimiento Ciudadano, y el propio Belaunzarán manifestaron la conveniencia de que la ceremonia incluyera mensajes de reconocimiento a la obra de Paz de parte de las siete bancadas representadas en el Congreso.
“Nos parece que se ha hecho un buen esfuerzo para llegar a esta sesión solemne, pero que es importante que no quede únicamente como una rememoración, sino que se pueda explorar el pensamiento de Paz, sobre todo su pensamiento político, porque marcó en diferentes momentos una posición crítica frente a los excesos del poder, frente a lo que él llamó el ogro filantrópico”, argumentó Mejía.
El perredista secundó la iniciativa al considerar que la obra literaria de Paz no puede separarse de su vida política.
Comentó que el escritor fue siempre “provocadoramente valiente” frente a “los inquisidores de la ortodoxia” tanto de los regímenes totalitarios como del priista.
Llevar el nombre de Paz al Muro de Honor de la Cámara se ha desechado varias ocasiones; tampoco prosperó en la coyuntura del natalicio.

¿Dónde y cuándo?

El tributo a Paz será el 27 y 28 de marzo en El Colegio Nacional (Luis González Obregón 23, Centro Histórico), a partir de las 10 horas.
Por Virginia Bautista
Con información de Excelsior
©2014-paginasmexicanas®

miércoles, 31 de octubre de 2012

¡ Qué Viva el Día de Muertos ! - Rituales que hay que vivir en torno a la muerte


El culto a la vida, si de verdad es profundo y total,
es también culto a la muerte.
Ambas son inseparables. Una civilización que niega a la muerte
acaba por negar a la vida.
Octavio Paz.

A propósito de la festividad del Día de Muertos que cada año nos muestra el sincretismo resultado de largos procesos culturales, resulta fundamental anotar que más de 40 grupos indígenas, que superan los seis millones de personas, sostienen rituales asociados con esta celebración. Por ello planteamos una revisión de la diversidad de enfoques que contribuyen al análisis y al conocimiento de esta festividad.


 La muerte no es misterio temible. Tú y yo la conocemos bien.
No tiene secretos que pueda conservar
para turbar el sueño del hombre bueno.
No apartes tu cara de la muerte.
No temas que te prive de la respiración.
No le temas, no es tu amo,
que se abalance sobre ti, más y más veloz.
No es tu amo, sino el servidor de tu Hacedor,
de lo que o quien creó la muerte
y te creó y es el único misterio.
.
La muerte está presente en la cultura de México. Nuestros dichos son relativos a ella: “boda y mortaja del cielo bajan”; “mujeres juntas, ni difuntas”; “de buenas intenciones están llenos los panteones”; “te espantas del difunto y te abrazas de la mortaja”. Sin la muerte no existiría el valiente mexicano, “si me han de matar mañana, que me maten de una vez”; ni el héroe y el caudillo respetable, el que luchó por sus ideales.

Pero esta idiosincrasia ha llegado a ser mal entendida. En muchas ocasiones se piensa que el mexicano no sufre la muerte, sino que hasta la desea. Algunas películas, canciones, fotografías y libros hacen pensar en el mexicano como un pueblo adorador de la muerte, lo cual es una irreverente falacia.


El mexicano le teme a la muerte: si no entonces, ¿por qué pactamos con ella? Lo que pasa es que cada cultura tiene una forma diferente de acercarse a ella y la nuestra es por medio de la insolencia.

La fiesta para los muertos es una forma de rendir culto a los antepasados, aun cuando para la gente extraña a nuestras costumbres (los extranjeros, los otros) sea irrespetuoso y lo pueden ver de una forma insana diciendo que llegamos al límite de la necrofilia.Pero no hay tradición más mexicana que los días de muertos; por mexicana me refiero no relativo a los usos prehispánicos, sino a lo que podemos concebir como México.

De esta forma, las celebraciones en las que se propicia el culto a los antepasados (comunitarios y/o familiares) son, como se mencionó, los ritos funerarios y los de recordatorio. En el caso particular de la celebración más importante en nuestro país, Día de Muertos, es producto de dos tradiciones culturales: la hispana y la prehispánica. La mayor parte de los pueblos campesinos de México la festejan, tanto indígenas como mestizos, ya que coinciden con el fin del ciclo agrícola de muchos productos, entre ellos, el maíz de temporal y la calabaza. Es época de abundancia, en contraste con las carencias que padecen los agricultores el resto del año. Por esta razón se lleva a cabo la fiesta más grande, es el consumo en una economía irracional, esto es, cuando existen excedentes en la producción, que se significan como movimientos tensionantes, es necesario abrir una “válvula de escape”, siendo ésta la economía irracional. Este tipo de economía permite el consumo de los sobrantes vía los rituales, quedando el beneficio al interior de la comunidad. De esta forma los rituales agrarios permiten la regulación de los procesos sociales.


El día 2 de noviembre, además de ser una festividad agrícola, es una celebración relacionada con el culto a los antepasados, a los muertos. Es el tiempo en el que las almas de los parientes desaparecidos regresan a las casas a convivir con sus familiares vivos. No debemos olvidar que en algunos grupos indígenas los antepasados, algunas veces deificados, regulan las relaciones entre los individuos.

Oficialmente, según el calendario católico, el día 1 de noviembre está dedicado a Todos Santos y el día 2 a los Fieles Difuntos. Sin embargo, en la tradición popular de gran parte de la República Mexicana, el día 1 se dedica a los muertos chiquitos o niños fallecidos, y el día 2 a los adultos o muertos grandes. No obstante, se dan una serie de variantes a lo largo del país: en algunos lugares se dice que el 28 de octubre es el día de los matados, o sea de aquellos muertos en accidente, y que el día 30 de octubre llegan las almas de los limbos, es decir, de los niños que murieron sin ser bautizados.

Esta distinción de dos celebraciones de muertos según la edad, proviene de la época prehispánica. Fray Diego Durán dice que en el ritual indígena nahua existían dos fiestas dedicadas al culto a los muertos: Miccailhuitontli o Fiesta de los Muertecitos, que se conmemoraba en el noveno mes del calendario nahua, y equivalía al mes de agosto del año cristiano; y la Fiesta Grande de los Muertos, celebrada el décimo mes del año. Estas fiestas, además de dedicarse a los muertos, también eran propiciatorias de la agricultura, ya que en ese mes (agosto para los cristianos) debido al hielo, temían los indígenas la muerte de las sementeras. Para ello se “apercibían con ofrendas y oblaciones y sacrificios”. Durán, pasados algunos años de la Conquista, pudo observar que el día de Todos Santos ponían ofrenda para los niños muertos, y el siguiente día otra para los difuntos adultos, dejaron de hacerlo en agosto (que es cuando acostumbraban), para así disimular que celebraban sus festividades y aparentar que festejaban las celebraciones cristianas.

Las ofrendas consistían en dinero, cacao, cera, aves, frutas, semillas en cantidad y “cosas de comida”. Es interesante señalar que a principios de este siglo, en lo que actualmente es la Delegación Magdalena Contreras, Distrito Federal, todavía se celebra la Fiesta de los Muertecitos, a la cual aún se le designaba con el nombre de Miccailhuitontli. Durante esta celebración, el día 1 de noviembre se llevaban a la cima de la montaña llamada Acoconetla ofrendas consistentes en ollas y jarros que contenían leche, atole, chocolate y pan dulce. En este lugar se adoraba a Tláloc, dios de la lluvia, para quien se sacrificaban niños, que se convertían en tlaloques. Por esta razón se le dio a la montaña el nombre de Acoconetla, que significa “lugar de los niños de agua”, ya que ellos enviaban el preciado líquido a la tierra.


Por otro lado, en España también había un culto a los difuntos. Las creencias en el “más allá” y la devoción a las ánimas, estuvieron inmersas en rituales importantísimos. Día a día han ido desapareciendo. Sin embargo, actualmente el mes de noviembre recibe el nombre de “mes de las ánimas” durante el cual se les rinde culto en diversas formas. No sólo en noviembre se recuerda a las ánimas, sino también en Navidad, a fines del año.

Lo que se puede notar, a partir de lo anterior, es la convivencia de dos sistemas ideológicos que, en un momento, pudieran ser irreconciliables: por un lado el europeo-hispánico y por otro el nahua-prehispánico. La maravilla del humano es ser adaptable, de esta manera no sólo se adapta biológica sino también culturalmente. El sincretismo no es sólo una forma de aculturación, es también una amalgama de sistemas simbólicos que dan paso a un nuevo sistema de códigos.

De esta manera, no podemos decir que las festividades de días de muertos sean una evocación del pasado prehispánico. Al contrario: es una representación de la identidad, una re-creación de los orígenes de un pueblo sincrético y sintético. Se sintetizan, suman, los cuerpos, sumas, y las ideologías, sistemas culturales, mestizando no sólo nuestras características físicas, sino también nuestras mentalidades y saberes. No podemos concebir el mundo nuevo sin la perspectiva de los otros que ahora son nosotros. Esta suma de cosmovisiones es la que da sentido a los días de muertos. Si aseveráramos que es un ritual prehispánico, debería celebrarse en los días propios, pero al ser síntesis de dos pensamientos, le damos la validez merecida.


Así, aun cuando se ha olvidado que es una festividad agrícola y que, por lo tanto, debe ser celebrada en las comunidades agrícolas, esto es, excluyendo a las zonas indígenas de cazadores-recolectores del norte, la celebración se ha introyectado en todos y cada uno de los mexicanos, sin distinción de zona productiva, fisicobiótica y/o económica.

De esta manera, subyacen los mitos creacionistas de una y otra cultura en el contexto de los símbolos propios de esta celebración. Se debe entender que la una no subyuga a la otra; que al contrario, conviven y se amalgaman para proclamar el símbolo de la muerte que deviene de la síntesis de los pensamientos.

El caso concreto de lo anterior es el nombre propio, y oficial, del proceso ritual Fieles Difuntos. La concepción del muerto emerge de la experiencia de la muerte, esto es, al ser el deceso un evento físico, nuestra experiencia apropia el conocimiento relativo acerca del cadáver, forma material de la defunción, así como el proceso de tanatomorfosis que prosigue a la finitud. Así pues, las representaciones realizadas de la muerte siempre nos conllevan a un esqueleto, una calavera, con lo que simbolizamos también al finado. Las mismas palabras tienen el simbolismo y significado de la experiencia.

No es lo mismo un finado que un muerto o que un difunto. Estas palabras españolas y latinas tienen un significado diferente en la experiencia simbólica del mexicano. El finado representa al que acaba de morir y deviene de la finitud, el límite y el fin. Por este motivo es poco usado. Por otro lado, muerto tiene la representación del esqueleto, figura e ícono de la misma muerte, pero en el simbolismo, al tener una sonrisa, no espanta (“¡espántame panteón!”), sino que es la representación del umbral que debemos pasar para ser antepasados. Por último, y en correlación con lo anterior, difunto, aquel que forma parte de los antepasados.

Todas estas palabras tienen un referente simbólico que le dan un significado a los mitos, leyendas y procesos rituales propios de nuestra cultura. La amalgama de las palabras, las que utilizamos y simbolizamos, lo mismo significamos que asignamos, no son más que la representación de la cosmovisión, de la religión. Aquí es necesario diferenciar a la religión institucional de la religión popular.


Mientras que el catolicismo instituye, promueve y legisla una serie de conocimientos y creencias, la gente común, el gentil, adopta, cuando no adapta, sus preceptos a la propia forma de entender. De esta manera, el sincretismo religioso que se ha dado en América indígena, es la clara muestra de una religión popular. En este marco, la celebración de Todos Santos, o sea, de aquellos santos que no se encuentran en el calendario santoral, valga la redundancia, son celebrados en este día 1 de noviembre, y al siguiente, 2 de noviembre, todos los feligreses que han muerto y son acogidos por la madre Iglesia.

El gentil tomó estas conmemoraciones de carácter eucarístico y las transformó en celebraciones de tipo paganas, donde el principal actor son sus antepasados. Día de Muertos, Fieles Difuntos, no son un día, son días ceremonias que tienen inmersa una connotación religiosa, donde el rito confirma el culto y éste simboliza la comunión y pacto de una grupalidad que traspasa los límites. La muerte no nos puede alcanzar mientras haya quien nos conmemore, quien nos recuerde.

Muertos y difuntos; y almas, ánimas, espíritus, tonalli, teyolia, ihiyotl, no son más que palabras que se sincretizan y simbolizan el mismo principio, lo que da vida, entidad anímica. De tal suerte que el antepasado, en su forma anímica, es “el que viene de allá”, de donde es la región de los muertos, con un permiso para disfrutar, celebrar y reafirmar los lazos de identidad en una comunidad. El que viene es “el que se nos ha adelantado”, al que veremos, ¿pronto?.

Por este motivo, esta celebración no es el duelo, no duele. No puede recibirse al pariente, al amigo, al antepasado con lágrimas en los ojos; es tiempo de fiesta y podemos hacerla. Al visitante se le abren las puertas y se le da en abundancia, porque gracias a su intercesión con la divinidad (Fieles Difuntos,santos, antepasados), nos han brindado una gran cosecha. El que venga, sea de aquí o forastero, es convidado, no vaya a ser el muerto disfrazado.


La fiesta y el carnaval esconden la confirmación de los mitos de origen, el significado de la algarabía es la comunión de la grupalidad. Por esta razón, en la actualidad las festividades de Todos Santos y los Fieles Difuntos, producto de dos tradiciones culturales (volviendo a recalcar que es europea-hispánica y nahua-prehispánica), consiste en una serie de prácticas y rituales entre las que destacan la recepción y despedida de las ánimas, la colocación de las ofrendas o altares de muertos, el arreglo de las tumbas, la velación en los cementerios y la celebración de los oficios religiosos.

Dentro del complejo marco del culto y del servicio a los muertos, la ofrenda tiene un papel preponderante, es el centro de la celebración. Sabemos que en la descripción de los ritos y el ceremonial para la atención y servicio de los muertos la ofrenda representa una de las fases de interpretación más trascendentes del culto.

Ofrendar es compartir con los parientes difuntos ciertos goces de la vida y algo de los frutos obtenidos en la anualidad pasada. Si el servicio de la comunidad para sus muertos se identifica básicamente en el modo de ofrendar, la ofrenda no se otorga como una dádiva sino como un ofrecimiento o sufragio coaccionado por una tradición que hace realidad la existencia de las ánimas.

La ofrenda se prepara y exhibe como expresión de sentimientos aparentemente de gratitud, amor y veneración, que no pueden esconder el temor a la insatisfacción y al disgusto de los sobrenaturales visitantes. Así la ofrenda se obsequia como un acto propiciador de personal y solemne pleitesía, constituyéndose por ello en carga sagrada, en acto de aseguramiento para quien según sus vínculos parentales o de intereses está (de acuerdo con las normas) obligado a recibir y atender a las ánimas que en noviembre acuden a su antiguo hogar a disfrutar de las buenas cosas que en su situación y recinto de difuntos les son vedadas.

La ofrenda es de gran variedad y se diferencia según los factores que influyen en su propiciación y en su acatamiento. En relación a los datos manejados para la comunidad se puede identificar un cuadro de distribución de tipos de ofrenda basado en algunas circunstancias básicas y de acuerdo con:


1. Participación. Estará relacionada con la característica de la ofrenda y el tipo de culto, por lo que puede ser: a) Personal, cuando la ofrenda es una relación entre deudo y ánima, como es el caso de las “coronas”, la “iluminación” o la “llorada” en el panteón. b) Familiar, porque la ofrenda se efectúa como acto solidario llevado a cabo, para dar un ejemplo, en los altares domésticos. c) Social, que puede diferenciarse en: ofrenda para ánimas con deudos y ofrenda para las ánimas sin deudos.

2. Especializada. Tiene correspondencia con su motivación y su dedicación. Así tenemos ofrendas para niños, adultos, padres, abuelos, hijos mayores,hijos menores, hijas, hijos, tíos, compadres, etc., y existe una muy especial dedicada al difunto testador, es decir, a la persona que dejó los bienes actualmente disfrutados.

La cantidad también es un objeto diferenciador. Una ofrenda costosa y rica no necesariamente coincide con la situación económica de los dolientes, porque hay más relación entre la ofrenda y su grado de significación que con las posibilidades económicas; existen muchos ejemplos que ilustran esta situación: la familia que con limitaciones prepara una magnífica ofrenda, como la de gran solvencia que apenas cumple con el requisito. Desde este aspecto la ofrenda puede examinarse como motivador de prestigio, tomando en cuenta: 1) Costo; 2) número de objetos que la componen; 3) número de ánimas ofrendadas; 4) decoración de la ofrenda, y 5) grado de tradicionalidad de los ofrendados.

Lo anterior nos lleva a señalar que saber presentar una ofrenda tiene gran relevancia. Los dolientes conocen dos tipos o formas de exhibir sus posibilidades de ofrendadores ante la comunidad: el altar doméstico y la tumba. La ofrenda se constituye por elementos que le dan su tipo. Podemos considerar que una ofrenda completa tiene los siguientes elementos conformadores: flores, ceras, alimentos, bebidas alcohólicas e imágenes religiosas. Por lo general sólo en la festividad de los difuntos este cuadro general de componentes es observado en su totalidad. Dentro de estos factores constitutivos, la función de la ofrenda complementa su realidad en la actividad necrolúdica de los grupos. Sabemos que la función de la ofrenda es más compleja y no tan sencilla de especificar en una relación descriptiva.


La ofrenda de noviembre es un gravamen, una contribución profundamente coaccionada por la relación de pleitesía. Este sistema institucional de relacionarse vivos y muertos ha creado, dentro de la normalidad de lo cotidiano, cierta angustia. Un tributario, para existir, necesita pautas y normas de autoridad; son las ánimas quienes constituyen dentro de este mundo valorativo ese papel.

Por lo tanto existe en el pueblo mexicano un afanoso anhelo por rendir en homenaje público a sus muertos, evitando así sus represalias. Pero esa conducta no es producida como simple homenaje de veneración y amor a los difuntos. Desde los episodios mortuorios el respeto hacia el nuevo estado de los muertos se evidencia, luego se compagina socialmente con comportamientos que hacen pensar en cierta dependencia de los vivos hacia los muertos, supeditación que atañe por ejemplo a los aspectos de salud personal y familiar, desarrollo de la comunidad, asuntos económicos, el ciclo agrario y la religión.

Por todo lo anterior, pareciera que el ritual de Día de Muertos es una tradición que se mantiene y que conserva la mayor parte de sus tradiciones y códigos, pero no es así. En la actualidad esta celebración enfrenta dos procesos que pueden desaparecerlo. Por un lado la infiltración de pensamientos religiosos no católicos y por otro la infiltración de nuevos símbolos.

Los pueblos de predominancia indígena han sufrido cambios en sus sistemas simbólicos y de vida a partir de la segunda década del siglo pasado, debido a la presencia de los grupos de la Universidad Lingüística de Verano, de ideología cristiana no católica predominantemente. Al abrazar el credo de los cristianos, el indígena acepta los dogmas y creencias impuestos por esta institución religiosa. Al aceptar este sistema de vida, impuesto por los dogmas de fe, se apartan de la tradición, símbolos y sistemas de códigos de la comunidad, separándose y alejándose del resto.

En este sentido, el ritual de Día de Muertos se contrapone con los derechos y obligaciones contenidos en los dogmas de fe del cristianismo. De acuerdo con dicha religión está prohibido realizar homenajes, ritos y culto a los muertos: sólo Dios es sujeto de veneración y pleitesía. De esta manera, al olvidar las raíces del ritual, una celebración agrícola y de convite en torno a la comunidad (tanto de vivos como de muertos), se desvanece porque muchas personas se alejan de la comunidad para convertirse en miembros de otro grupo.


Esta infiltración en la ideología de las comunidades predominantemente indígenas, resulta de peligro sumo para la tradición porque conlleva una aculturación resultante de la inserción de símbolos extranjeros en los Días de Muertos. En la medida en que estas comunidades tienen un porcentaje importante de emigrantes, al regresar a sus localidades llevan símbolos y códigos propios de las ciudades donde emigraron, tanto de México como de Estados Unidos.

Poco a poco se van perdiendo las tradiciones y costumbres del Día de Muertos o Todos Santos. Ello se debe, en gran medida, a la comercialización de estos días, que privilegia la suntuosidad, el glamour, la fastuosidad, aunque no sea tradicional. Asimismo, la entrada de la cultura anglosajona, con el Halloween, va minando la existencia de estas tradiciones.

Pero no en todo México ha pasado esto. Algunas comunidades, a pesar de la occidentalización, mantienen las tradiciones y el culto a los antepasados; han ido adoptando y adaptándose a la aculturación, sin perder sus tradiciones, sino enriqueciéndolas.

De esta manera podemos ver en altares, conviviendo, esqueletos, brujas, murciélagos, calaveras de plástico, entre otros, con las velas, las imágenes religiosas, catrinas, flores y fotos de los difuntos. Cuando se logran sincretizar las ideologías y símbolos de dos lenguajes, de culturas diferentes se puede enriquecer, y puede convivir el Halloween con Fieles Difuntos, entendiendo que cada uno pertenece a un sistema de códigos diferente, pero que se puede amalgamar. En cambio, en la medida en que prevalezcan posiciones extremistas, como puede ser la de la mexicanidad mal entendida, o bien la poca aceptación y permisibilidad de los sistemas religiosos ante una religiosidad popular, esta celebración se perderá, mutándose una fiesta más en un asunto de comercializar y vender productos.

Por este motivo es importante rescatar las tradiciones mexicanas, las cuales tienen un significado simbólico más allá de la comercialización. Debemos desprendernos de la intolerancia a otras cosmovisiones. La celebración europea de Halloween tiene símbolos que pueden ser introducidos a nuestra celebración, porque no se contraponen, y finalmente somos un pueblo mestizo, sincrético.

Por José Erik Mendoza Luján


Profesor e investigador de la Dirección de Antropología Física del INAH y coordinador del Seminario Permanente de la Antropología de la Muerte

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¡ Qué Viva el Día de Muertos ! - Rituales que hay que vivir en torno a la muerte por José Erik Mendoza Luján se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
Basada en una obra en http://paginasmexicanas.blogspot.mx/2012/10/que-viva-el-dia-de-muertos-rituales-que.html.

martes, 29 de mayo de 2012

Piedra de Sol - Octavio Paz




Un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:
                       un caminar tranquilo
de estrella o primavera sin premura,
agua que con los párpados cerrados
mana toda la noche profecías,
unánime presencia en oleaje,
ola tras ola hasta cubrirlo todo,
verde soberanía sin ocaso
como el deslumbramiento de las alas
cuando se abren en mitad del cielo,

un caminar entre las espesuras
de los días futuros y el aciago
fulgor de la desdicha como un ave
petrificando el bosque con su canto
y las felicidades inminentes
entre las ramas que se desvanecen,
horas de luz que pican ya los pájaros,
presagios que se escapan de la mano,

una presencia como un canto súbito,
como el viento cantando en el incendio,
una mirada que sostiene en vilo
al mundo con sus mares y sus montes,
cuerpo de luz filtrado por un ágata,
piernas de luz, vientre de luz, bahías,
roca solar, cuerpo color de nube,
color de día rápido que salta,
la hora centellea y tiene cuerpo,
el mundo ya es visible por tu cuerpo,
es transparente por tu transparencia,

voy entre galerías de sonidos,
fluyo entre las presencias resonantes,
voy por las transparencias como un ciego,
un reflejo me borra, nazco en otro,
oh bosque de pilares encantados,
bajo los arcos de la luz penetro
los corredores de un otoño diáfano,

voy por tu cuerpo como por el mundo,
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
en dos mitades de color durazno,
un paraje de sal, rocas y pájaros
bajo la ley del mediodía absorto,

vestida del color de mis deseos
como mi pensamiento vas desnuda,
voy por tus ojos como por el agua,
los tigres beben sueño de esos ojos,
el colibrí se quema en esas llamas,
voy por tu frente como por la luna,
como la nube por tu pensamiento,
voy por tu vientre como por tus sueños,

tu falda de maíz ondula y canta,
tu falda de cristal, tu falda de agua,
tus labios, tus cabellos, tus miradas,
toda la noche llueves, todo el día
abres mi pecho con tus dedos de agua,
cierras mis ojos con tu boca de agua,
sobre mis huesos llueves, en mi pecho
hunde raíces de agua un árbol líquido,

voy por tu talle como por un río,
voy por tu cuerpo como por un bosque,
como por un sendero en la montaña
que en un abismo brusco se termina
voy por tus pensamientos afilados
y a la salida de tu blanca frente
mi sombra despeñada se destroza,
recojo mis fragmentos uno a uno
y prosigo sin cuerpo, busco a tientas,

corredores sin fin de la memoria,
puertas abiertas a un salón vacío
donde se pudren todos lo veranos,
las joyas de la sed arden al fondo,
rostro desvanecido al recordarlo,
mano que se deshace si la toco,
cabelleras de arañas en tumulto
sobre sonrisas de hace muchos años,

a la salida de mi frente busco,
busco sin encontrar, busco un instante,
un rostro de relámpago y tormenta
corriendo entre los árboles nocturnos,
rostro de lluvia en un jardín a obscuras,
agua tenaz que fluye a mi costado,

busco sin encontrar, escribo a solas,
no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo en el instante, caigo al fondo,
invisible camino sobre espejos
que repiten mi imagen destrozada,
piso días, instantes caminados,
piso los pensamientos de mi sombra,
piso mi sombra en busca de un instante,

busco una fecha viva como un pájaro,
busco el sol de las cinco de la tarde
templado por los muros de tezontle:
la hora maduraba sus racimos
y al abrirse salían las muchachas
de su entraña rosada y se esparcían
por los patios de piedra del colegio,
alta como el otoño caminaba
envuelta por la luz bajo la arcada
y el espacio al ceñirla la vestía
de un piel más dorada y transparente,


tigre color de luz, pardo venado
por los alrededores de la noche,
entrevista muchacha reclinada
en los balcones verdes de la lluvia,
adolescente rostro innumerable,
he olvidado tu nombre, Melusina,
Laura, Isabel, Perséfona, María,
tienes todos los rostros y ninguno,
eres todas las horas y ninguna,
te pareces al árbol y a la nube,
eres todos los pájaros y un astro,
te pareces al filo de la espada
y a la copa de sangre del verdugo,
yedra que avanza, envuelve y desarraiga
al alma y la divide de sí misma,
escritura de fuego sobre el jade,
grieta en la roca, reina de serpientes,
columna de vapor, fuente en la peña,
circo lunar, peñasco de las águilas,
grano de anís, espina diminuta
y mortal que da penas inmortales,
pastora de los valles submarinos
y guardiana del valle de los muertos,
liana que cuelga del cantil del vértigo,
enredadera, planta venenosa,
flor de resurrección, uva de vida,
señora de la flauta y del relámpago,
terraza del jazmín, sal en la herida,
ramo de rosas para el fusilado,
nieve en agosto, luna del patíbulo,
escritura del mar sobre el basalto,
escritura del viento en el desierto,
testamento del sol, granada, espiga,

rostro de llamas, rostro devorado,
adolescente rostro perseguido
años fantasmas, días circulares
que dan al mismo patio, al mismo muro,
arde el instante y son un solo rostro
los sucesivos rostros de la llama,
todos los nombres son un solo nombre
todos los rostros son un solo rostro,
todos los siglos son un solo instante
y por todos los siglos de los siglos
cierra el paso al futuro un par de ojos,

no hay nada frente a mí, sólo un instante
rescatado esta noche, contra un sueño
de ayuntadas imágenes soñado,
duramente esculpido contra el sueño,
arrancado a la nada de esta noche,
a pulso levantado letra a letra,
mientras afuera el tiempo se desboca
y golpea las puertas de mi alma
el mundo con su horario carnicero,

sólo un instante mientras las ciudades,
los nombres, lo sabores, lo vivido,
se desmoronan en mi frente ciega,
mientras la pesadumbre de la noche
mi pensamiento humilla y mi esqueleto,
y mi sangre camina más despacio
y mis dientes se aflojan y mis ojos
se nublan y los días y los años
sus horrores vacíos acumulan,

mientras el tiempo cierra su abanico
y no hay nada detrás de sus imágenes
el instante se abisma y sobrenada
rodeado de muerte, amenazado
por la noche y su lúgubre bostezo,
amenazado por la algarabía
de la muerte vivaz y enmascarada
el instante se abisma y se penetra,
como un puño se cierra, como un fruto
que madura hacia dentro de sí mismo
y a sí mismo se bebe y se derrama
el instante translúcido se cierra
y madura hacia dentro, echa raíces,
crece dentro de mí, me ocupa todo,
me expulsa su follaje delirante,
mis pensamientos sólo son su pájaros,
su mercurio circula por mis venas,
árbol mental, frutos sabor de tiempo,

oh vida por vivir y ya vivida,
tiempo que vuelve en una marejada
y se retira sin volver el rostro,
lo que pasó no fue pero está siendo
y silenciosamente desemboca
en otro instante que se desvanece:

frente a la tarde de salitre y piedra
armada de navajas invisibles
una roja escritura indescifrable
escribes en mi piel y esas heridas
como un traje de llamas me recubren,
ardo sin consumirme, busco el agua
y en tus ojos no hay agua, son de piedra,
y tus pechos, tu vientre, tus caderas
son de piedra, tu boca sabe a polvo,
tu boca sabe a tiempo emponzoñado,
tu cuerpo sabe a pozo sin salida,
pasadizo de espejos que repiten
los ojos del sediento, pasadizo
que vuelve siempre al punto de partida,
y tú me llevas ciego de la mano
por esas galerías obstinadas
hacia el centro del círculo y te yergues
como un fulgor que se congela en hacha,
como luz que desuella, fascinante
como el cadalso para el condenado,
flexible como el látigo y esbelta
como un arma gemela de la luna,
y tus palabras afiladas cavan
mi pecho y me despueblan y vacían,
uno a uno me arrancas los recuerdos,
he olvidado mi nombre, mis amigos
gruñen entre los cerdos o se pudren
comidos por el sol en un barranco,

no hay nada en mí sino una larga herida,
una oquedad que ya nadie recorre,
presente sin ventanas, pensamiento
que vuelve, se repite, se refleja
y se pierde en su misma transparencia,
conciencia traspasada por un ojo
que se mira mirarse hasta anegarse
de claridad:
                  yo vi tu atroz escama,
Melusina, brillar verdosa al alba,
dormías enroscada entre las sábanas
y al despertar gritaste como un pájaro
y caíste sin fin, quebrada y blanca,
nada quedó de ti sino tu grito,
y al cabo de los siglos me descubro
con tos y mala vista, barajando
viejas fotos:
                 no hay nadie, no eres nadie,
un montón de ceniza y una escoba,
un cuchillo mellado y un plumero,
un pellejo colgado de unos huesos,
un racimo ya seco, un hoyo negro
y en el fondo del hoyo los dos ojos
de una niña ahogada hace mil años,

miradas enterradas en un pozo,
miradas que nos ven desde el principio,
mirada niña de la madre vieja
que ve en el hijo grande un padre joven,
mirada madre de la niña sola
que ve en el padre grande un hijo niño,
miradas que nos miran desde el fondo
de la vida y son trampas de la muerte
—¿o es al revés: caer en esos ojos
es volver a la vida verdadera?,

¡caer, volver, soñarme y que me sueñen
otros ojos futuros, otra vida,
otras nubes, morirme de otra muerte!
—esta noche me basta, y este instante
que no acaba de abrirse y revelarme
dónde estuve, quién fui, cómo te llamas,
cómo me llamo yo:
                            ¿hacía planes
para el verano —y todos los veranos—
en Christopher Street, hace diez años,
con Filis que tenía dos hoyuelos
donde bebían luz los gorriones?,
¿por la Reforma Carmen me decía
"no pesa el aire, aquí siempre es octubre",
o se lo dijo a otro que he perdido
o yo lo invento y nadie me lo ha dicho?,
¿caminé por la noche de Oaxaca,
inmensa y verdinegra como un árbol,
hablando solo como el viento loco
y al llegar a mi cuarto —siempre un cuarto—
no me reconocieron los espejos?,
¿desde el hotel Vernet vimos al alba
bailar con los castaños — "ya es muy tarde"
decías al peinarte y yo veía
manchas en la pared, sin decir nada?,
¿subimos juntos a la torre, vimos
caer la tarde desde el arrecife?
¿comimos uvas en Bidart?, ¿compramos
gardenias en Perote?,
                               nombres, sitios,
calles y calles, rostros, plazas, calles,
estaciones, un parque, cuartos solos,
manchas en la pared, alguien se peina,
alguien canta a mi lado, alguien se viste,
cuartos, lugares, calles, nombres, cuartos,

Madrid, 1937,
en la Plaza del Ángel las mujeres
cosían y cantaban con sus hijos,
después sonó la alarma y hubo gritos,
casas arrodilladas en el polvo,
torres hendidas, frentes esculpidas
y el huracán de los motores, fijo:
los dos se desnudaron y se amaron
por defender nuestra porción eterna,
nuestra ración de tiempo y paraíso,
tocar nuestra raíz y recobrarnos,
recobrar nuestra herencia arrebatada
por ladrones de vida hace mil siglos,
los dos se desnudaron y besaron
porque las desnudeces enlazadas
saltan el tiempo y son invulnerables,
nada las toca, vuelven al principio,
no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres,
verdad de dos en sólo un cuerpo y alma,
oh ser total...
                    cuartos a la deriva
entre ciudades que se van a pique,
cuartos y calles, nombres como heridas,
el cuarto con ventanas a otros cuartos
con el mismo papel descolorido
donde un hombre en camisa lee el periódico
o plancha una mujer; el cuarto claro
que visitan las ramas de un durazno;
el otro cuarto: afuera siempre llueve
y hay un patio y tres niños oxidados;
cuartos que son navíos que se mecen
en un golfo de luz; o submarinos:
el silencio se esparce en olas verdes,
todo lo que tocamos fosforece;
mausoleos de lujo, ya roídos
los retratos, raídos los tapetes;
trampas, celdas, cavernas encantadas,
pajareras y cuartos numerados,
todos se transfiguran, todos vuelan,
cada moldura es nube, cada puerta
da al mar, al campo, al aire, cada mesa
es un festín; cerrados como conchas
el tiempo inútilmente los asedia,
no hay tiempo ya, ni muro: ¡espacio, espacio,
abre la mano, coge esta riqueza,
corta los frutos, come de la vida,
tiéndete al pie del árbol, bebe el agua!,

todo se transfigura y es sagrado,
es el centro del mundo cada cuarto,
es la primera noche, el primer día,
el mundo nace cuando dos se besan,
gota de luz de entrañas transparentes
el cuarto como un fruto se entreabre
o estalla como un astro taciturno
y las leyes comidas de ratones,
las rejas de los bancos y las cárceles,
las rejas de papel, las alambradas,
los timbres y las púas y los pinchos,
el sermón monocorde de las armas,
el escorpión meloso y con bonete,
el tigre con chistera, presidente
del Club Vegetariano y la Cruz Roja,
el burro pedagogo, el cocodrilo
metido a redentor, padre de pueblos,
el Jefe, el tiburón, el arquitecto
del porvenir, el cerdo uniformado,
el hijo pedilecto de la Iglesia
que se lava la negra dentadura
con el agua bendita y toma clases
de inglés y democracia, las paredes
invisibles, las máscaras podridas
que dividen al hombe de los hombres,
al hombre de sí mismo,
                            se derrumban
por un instante inmenso y vislumbramos
nuestra unidad perdida, el desamparo
que es ser hombres, la gloria que es ser hombres
y compartir el pan, el sol, la muerte,
el olvidado asombro de estar vivos;  
 
  amar es combatir, si dos se besan
el mundo cambia, encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, brotan las alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
es real y tangible, el vino es vino,
el pan vuelve a saber, el agua es agua,
amar es combatir, es abrir puertas,
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado
por un amo sin rostro;
                           el mundo cambia
si dos se miran y se reconocen,
amar es desnudarse de los nombres:
"déjame ser tu puta", son palabras
de Eloísa, mas él cedió a las leyes,
la tomó por esposa y como premio
lo castraron después;
                         mejor el crimen,
los amantes suicidas, el incesto
de los hermanos como dos espejos
enamorados de su semejanza,
mejor comer el pan envenenado,
el adulterio en lechos de ceniza,
los amores feroces, el delirio,
su yedra ponzoñosa, el sodomita
que lleva por clavel en la solapa
un gargajo, mejor ser lapidado
en las plazas que dar vuelta a la noria
que exprime la substancia de la vida,
cambia la eternidad en horas huecas,
los minutos en cárceles, el tiempo
en monedas de cobre y mierda abstracta;

mejor la castidad, flor invisible
que se mece en los tallos del silencio,
el difícil diamante de los santos
que filtra los deseos, sacia al tiempo,
nupcias de la quietud y el movimiento,
canta la soledad en su corola,
pétalo de cristal en cada hora,
el mundo se despoja de sus máscaras
y en su centro, vibrante transparencia,
lo que llamamos Dios, el ser sin nombre,
se contempla en la nada, el ser sin rostro
emerge de sí mismo, sol de soles,
plenitud de presencias y de nombres;

sigo mi desvarío, cuartos, calles,
camino a tientas por los corredores
del tiempo y subo y bajo sus peldaños
y sus paredes palpo y no me muevo,
vuelvo donde empecé, busco tu rostro,
camino por las calles de mí mismo
bajo un sol sin edad, y tú a mi lado
caminas como un árbol, como un río
caminas y me hablas como un río,
creces como una espiga entre mis manos,
lates como una ardilla entre mis manos,
vuelas como mil pájaros, tu risa
me ha cubierto de espumas, tu cabeza
es un astro pequeño entre mis manos,
el mundo reverdece si sonríes
comiendo una naranja,
                                 el mundo cambia
si dos, vertiginosos y enlazados,
caen sobre las yerba: el cielo baja,
los árboles ascienden, el espacio
sólo es luz y silencio, sólo espacio
abierto para el águila del ojo,
pasa la blanca tribu de las nubes,
rompe amarras el cuerpo, zarpa el alma,
perdemos nuestros nombres y flotamos
a la deriva entre el azul y el verde,
tiempo total donde no pasa nada
sino su propio transcurrir dichoso,

no pasa nada, callas, parpadeas
(silencio: cruzó un ángel este instante
grande como la vida de cien soles),
¿no pasa nada, sólo un parpadeo?
—y el festín, el destierro, el primer crimen,
la quijada del asno, el ruido opaco
y la mirada incrédula del muerto
al caer en el llano ceniciento,
Agamenón y su mugido inmenso
y el repetido grito de Casandra
más fuerte que los gritos de las olas,
Sócrates en cadenas "(el sol nace,
morir es despertar: "Critón, un gallo
a Esculapio, ya sano de la vida"),
el chacal que diserta entre las ruinas
de Nínive, la sombra que vio Bruto
antes de la batalla, Moctezuma
en el lecho de espinas de su insomnio,
el viaje en la carretera hacia la muerte
—el viaje interminable mas contado
por Robespierre minuto tras minuto,
la mandíbula rota entre las manos—,
Churruca en su barrica como un trono
escarlata, los pasos ya contados
de Lincoln al salir hacia el teatro,
el estertor de Trotsky y sus quejidos
de jabalí, Madero y su mirada
que nadie contestó: ¿por qué me matan?,
los carajos, los ayes, los silencios
del criminal, el santo, el pobre diablo,
cementerio de frases y de anécdotas
que los perros retóricos escarban,
el delirio, el relincho, el ruido obscuro
que hacemos al morir y ese jadeo
que la vida que nace y el sonido
de huesos machacadosen la riña
y la boca de espuma del profeta
y su grito y el grito del verdugo
y el grito de la víctima...
                                    son llamas
los ojos y son llamas lo que miran,
llama la oreja y el sonido llama,
brasa los labios y tizón la lengua,
el tacto y lo que toca, el pensamiento
y lo pensado, llama el que lo piensa,
todo se quema, el universo es llama,
arde la misma nada que no es nada
sino un pensar en llamas, al fin humo:
no hay verdugo ni víctima...
                                         ¿y el grito
en la tarde del viernes?, y el silencio
que se cubre de signos, el silencio
que dice sin decir, ¿no dice nada?,
¿no son nada los gritos de los hombres?,
¿no pasa nada cuando pasa el tiempo?

—no pasa nada, sólo un parpadeo
del sol, un movimiento apenas, nada,
no hay redención, no vuelve atrás el tiempo,
los muerto están fijos en su muerte
y no pueden morirse de otra muerte,
intocables, clavados en su gesto,
desde su soledad, desde su muerte
sin remedio nos miran sin mirarnos,
su muerte ya es la estatua de su vida,
un siempre estar ya nada para siempre,
cada minuto es nada para siempre,
un rey fantasma rige sus latidos
y tu gesto final, tu dura máscara
labra sobre tu rostro cambiante:
el monumento somos de una vida
ajena y no vivida, apenas nuestra,

—¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?,
¿cuándo somos de veras lo que somos?,
bien mirado no somos, nunca somos
a solas sino vértigo y vacío,
muecas en el espejo, horror y vómito,
nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es de nadie, todos somos
la vida —pan de sol para los otros,
los otros todos que nosotros somos—,
soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos,
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,
la vida es otra, siempre allá, más lejos,
fuera de ti, de mí, siempre horizonte,
vida que nos desvive y enajena,
que nos inventa un rostro y lo desgasta,
hambre de ser, oh muerte, pan de todos,

Eloísa, Perséfona, María,
muestra tu rostro al fin para que vea
mi cara verdadera, la del otro,
mi cara de nosotros siempre todos,
cara de árbol y de panadero,
de chófer y de nube y de marino,
cara de sol y arroyo y Pedro y Pablo,
cara de solitario colectivo,
despiértame, ya nazco:
                                  vida y muerte
pactan en ti, señora de la noche,
torre de claridad, reina del alba,
virgen lunar, madre del agua madre,
cuerpo del mundo, casa de la muerte,
caigo sin fin desde mi nacimiento,
caigo en mí mismo sin tocar mi fondo,
recógeme en tus ojos, junta el polvo
disperso y reconcilia mis cenizas,
ata mis huesos divididos, sopla
sobre mi ser, entiérrame en tu tierra,
tu silencio dé paz al pensamiento
contra sí mismo airado;
                                    abre la mano,
señora de semillas que son días,
el día es inmortal, asciende, crece,
acaba de nacer y nunca acaba,
cada día es nacer, un nacimiento
es cada amanecer y yo amanezco,
amanecemos todos, amanece
el sol cara de sol, Juan amanece
con su cara de Juan cara de todos,

puerta del ser, despiértame, amanece,
déjame ver el rostro de este día,
déjame ver el rostro de esta noche,
todo se comunica y transfigura,
arco de sangre, puente de latidos,
llévame al otro lado de esta noche,
adonde yo soy tú somos nosotros,
al reino de pronombres enlazados,

puerta del ser: abre tu ser, despierta,
aprende a ser también, labra tu cara,
trabaja tus facciones, ten un rostro
para mirar mi rostro y que te mire,
para mirar la vida hasta la muerte,
rostro de mar, de pan, de roca y fuente,
manantial que disuelve nuestros rostros
en el rostro sin nombre, el ser sin rostro,
indecible presencia de presencias...

quiero seguir, ir más allá, y no puedo:
se despeñó el instante en otro y otro,
dormí sueños de piedra que no sueña
y al cabo de los años como piedras
oí cantar mi sangre encarcelada,
con un rumor de luz el mar cantaba,
una a una cedían las murallas,
todas las puertas se desmoronaban
y el sol entraba a saco por mi frente,
despegaba mis párpados cerrados,
desprendía mi ser de su envoltura,
me arrancaba de mí, me separaba
de mi bruto dormir siglos de piedra
y su magia de espejos revivía
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre.
México, 1957
 
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