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jueves, 16 de marzo de 2017
Onésimo García Osorio , un recuerdo a la amistad - Alicia Mariscal de Yapur
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| Don Onésimo García Osorio 16 de febrero de 1928 - 8 de marzo de 2017 |
En 1972 Jorge y yo vivíamos en Cd. Mante, eran tiempos difíciles, el aparente auge del algodón a finales de los sesentas dejó
en la quiebra económica a muchos, en esos tiempos los bancos no
aseguraban las siembras y los que arriesgaron su capital tuvieron
pérdidas catastróficas por las condiciones climatológicas de la zona,
por ello los comerciantes empezaron a cerrar sus negocios, entre ellos
nosotros pues decidimos cerrar la tienda que Jorge había heredado de su
padre, ya teníamos a nuestros 4 hijos y él había decidido que
emigráramos a Tampico, quería entrar a la facultad de Derecho,
él decía que como carrera humanista era la más idónea para apoyar y
reforzar su sensibilidad y sus conocimientos artísticos.
En
ese mismo año a Jorge lo invitan a exponer en Bellas Artes, por lo que
estaba en franca producción de la obra que llevaría a México, y, como
era de esperarse, las inquietudes naturales y el nervio de lo que genera
un futuro cambio de ciudad y el compromiso de exponer en el máximo
recinto cultural del país afloraba en cada momento.
A
la casa iban a verlo algunos de sus amigos, entre ellos se destacaba
uno que se interesaba mucho en su pintura y le decía constantemente
“Jorge Yapur, tú vas a llegar muy lejos” me refiero al buen Onésimo
García, que en ese entonces era el presidente municipal de Cd. Mante.
Una noche Jorge me dijo “Mañana viene Onésimo, me comentó que viene
acompañado de una persona muy importante y que conoce mucho de pintura”.
Al otro día Onésimo llegó puntualmente
con su acompañante quien resultó ser el licenciado Ernesto Amor
Villalpando, prominente abogado de la ciudad de México y nieto del
arquitecto que diseñó la Aduana marítima de Tampico. El abogado resultó
ser una persona muy agradable en su trato y bastante culta pues se
expresó con un gran conocimiento acerca de la corriente estilística de
la pintura de mi marido (En ese entonces Jorge estaba en la corriente
abstracta) de inmediato mostró interés de adquirir alguno de los
cuadros, se decidió por uno de gran formato, le externó que lo invitara a la exposición y que le auguraba un gran éxito dejándole una tarjeta para lo que requiriera en México.
El
abogado Amor Villalpando nos trajo suerte con su visita aquella tarde
pero el crédito a la fortuna y a la bendición se lo dimos todo el tiempo
a Onésimo García, por su extraordinario valor de la amistad, por su
sensibilidad por el arte y el aprecio que sentía por mi marido, pues no sólo tuvo éxito en Bellas artes, de ahí la exposición fue itinerada al Instituto Mexicano del Café, al Centro Libanés de la ciudad de México y a Bellas Artes de Monterrey, Nuevo León, sobra decir que de aquella vasta producción sólo regresó un cuadro y que aún lo conservo.
Escribo
estos recuerdos porque personas como Don Onésimo García Osorio dejan el legado
de su gran sentido de la amistad y de su sensibilidad para la cultura y las artes. Por ello mi reconocimiento y aprecio para su hermosa familia y a la querida Libertad mi cariño y solidaridad.
Alicia Mariscal de Yapur
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martes, 14 de febrero de 2017
En recuerdo de los hombres nobles- Por Alicia Mariscal Ortega
Se
avecinan fechas muy significativas y me embarga una fuerte melancolía, con ella, la nostalgia . En febrero cumpliría cincuenta y dos años de mi matrimonio con Jorge Yapur, quien fue mi compañero de toda la vida y que tanta
falta me hace. Luego, en abril, los cumpleaños de mi hija Alicia y también el de mi viejo (y aquí se me recrudece aún más el sentimiento), porque
estos días los celebrábamos con gran calidez y alegría, misma que compartíamos
con nuestros más cercanos amigos; ya desde la espera de mi hija Alicia, pues ella
reside en Guadalajara, se sentía una gran emoción en la casa y los días parecían más
largos hasta su llegada, ésto se acrecentó mucho más cuando nació su hija, mi
nieta Sdagia, al grado que mi esposo me preguntaba constantemente “¿cuándo llegan las niñas?”.
Aunado
a este sentimiento, me viene el recuerdo inolvidable, y no carente de tristeza,
del ingeniero Heberto Castillo, personaje por quien sentí siempre (y hasta la
fecha) una profunda admiración y gran respeto, por la gran calidad moral y
congruencia de sus ideales políticos, ésto lo hacía muy cercano a mi manera de
pensar y de ver el mundo. Lo menciono porque él fallece en 1997, justamente un
cinco de abril, fecha en que mi hija Alicia cumple años, vaya ambigüedades que
nos da la vida, quizá el sentimiento sea distinto con respecto a los afectos,
pero la sensación de tristeza permanece.
Conocí
personalmente a Don Heberto Castillo en 1987, previo a la campaña presidencial
del 88 y que posteriormente declinaría su candidatura en favor del Ing.
Cuauhtémoc Cárdenas. Comento esta acción del ingeniero porque considero que el
valor de lo que es la entereza, la decencia y la innegable generosidad quedan
perfectamente reflejados en dicho acto.
Una
mañana, muy temprano, mi amigo Pepe Ortiz me llama por teléfono para pedirme
que fuera al aeropuerto en ese momento a recoger al ingeniero Heberto Castillo
y que lo acompañara durante su estancia en el puerto (En pocas palabras que
fuera su chofer y guía), evidentemente me agradó mucho la idea y accedí de
inmediato a su petición, experiencias como estas se presentan muy pocas veces
en la vida. Yo sabía del ingeniero Heberto Castillo desde años atrás por sus
colaboraciones como columnista en la revista PROCESO, conocía de su integridad
política, de su capacidad como científico y por sobre todo de su lucha para que
en este país hubiera justicia social.
Como
nunca antes, ese día el avión llegó puntualmente; para mi sorpresa me encontré
con un hombre de recio aspecto, muy fuerte y que nada tenía que ver con la
persona que veía en televisión y en las fotografías, y aún más agradable para
mí, su sencillez y su amabilidad.
Durante
el trayecto le expliqué la logística y el itinerario de ese día, tenía que dar
un discurso en la plaza “Hijas de Tampico” y encabezar una marcha por el centro
de la ciudad, era indudable que yo no me quedaría con las ganas de hacerle una
especie de entrevista que más bien fue un interrogatorio general sobre sus
vivencias y su percepción de lo que sucedía políticamente en el país, le
pregunté sobre su apoyo a la lucha ferrocarrilera, a la de los maestros
normalistas, a la de los médicos, por supuesto a su participación en el
movimiento estudiantil de 1968 , también, muy prudentemente, le pregunté cómo fueron esos dos años de
encierro en Lecumberri; de entre todos estos cuestionamientos también me
interesaba saber acerca de su amistad con el obispo Sergio Méndez Arceo, ya que
me parecía paradójico y honestamente tenía la curiosidad, de cómo un hombre de
izquierda podía llevarse sumamente bien con un hombre del clero, se sabía que
eran grandes amigos; su respuesta fue contundente “Alicia, el Cura Méndez Arceo
es como un hermano para mí, precisamente él me visitó continuamente mientras
estuve encarcelado y jamás me dejó solo, él es un hombre muy comprometido con
su causa, coincidimos en muchas luchas sociales y estamos de acuerdo en muchos
aspectos…”
Fue
toda una gran experiencia conversar con el ingeniero Heberto, saber de su
propia voz parte de esa historia, en muchos aspectos, casi clandestina de la
vida incansable y azarosa por perseguir sus ideales sin perder sus principios.
Ya entrada la tarde lo llevé rápidamente al aeropuerto porque su avión estaba
a punto de salir, afortunadamente llegamos sin inconveniente alguno. Ya en el
área de abordar se despidió de mí con mucha gentileza y una afabilidad como si
me hubiera conocido de siempre, al verlo alejarse me quedé con la satisfacción , entre varias cosas, de haber conocido a una de las personalidades más
importantes de nuestra historia contemporánea.
Años
después volví a verlo un par de veces, en una plática que impartió en una
universidad local y otra en una reunión política, en ambas me reconoció; esa
cordialidad y humanidad me llevan a reflexionar sobre las palabras que escribió
cuando falleció su amigo el Padre Sergio Méndez Arceo.
“Todos
los seres nobles y buenos nos dejan la semilla de la libertad y la dignidad,
cuando mueren seres como ellos, no los enterramos, no los incineramos, están
sembrados en la conciencia del pueblo”.
Yo acotaría: “También Usted Ingeniero,
también Usted”
Dedicado al Lic.
José Ortiz Rosales
Por Alicia Mariscal Ortega
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sábado, 24 de septiembre de 2016
JORGE YAPUR, UNIVERSAL Y VIGENTE
Como medio de trascendencia humana, la obra artística navega por el tiempo y el espacio con un desafío implícito. A fin de conservarse viva, universal, ha de mantener la frescura, el impacto y las emociones del primer momento. Nadie mejor que el propio artista lo sabe. De ahí su angustia, conforme va advirtiéndolo.
Por ende, quien se consagra a los menesteres del arte toma en serio el desarrollo coherente de convicciones, rupturas, continuidades y etapas, capaces de proveerle una identidad definida ante la hora del mundo que lo enmarca. Recorre los caminos delante a lomos del talento, cuyo galope aún debe afinarse en los rigores del aprendizaje multidisciplinario; aprendizaje que abre horizontes y sustenta la propuesta estética. Sin becas, ni apoyos o estímulos a cargo de los presupuestos sectoriales que han ido conformándose, lejos además del intrínseco aliento de las grandes urbes, sería comprensible incurrir en desmayos y flaquezas.
Pero he aquí que Jorge Yapur Sherife persevera en tierras entonces culturalmente precarias. Nunca las abandona, sino que concurre a transformarlas. Lo hace por tratarse nada menos que del terruño, donde afina genio y carácter, es decir el temple, imprimiéndole características inconfundibles. A contracorriente, acumula realizaciones plásticas de altos vuelos, resueltas siempre con solvencia y audacia. Por algo las avala el mismísimo Instituto Nacional de Bellas Artes. Cruzan luego el océano Atlántico, engalanándose con ellas la Expo Sevilla de 1992, para renombre de la patria chica.
Jorge Yapur Sherife cosecha a la par reconocimientos. En vida colman los entornos locales y alcanzan prestigiosos escenarios foráneos. Dichos reconocimientos incluso le sobreviven, multiplicándose post mortem con el afecto ganado por el maestro a pulso.
Nos complace mucho que se una a la saga el título bibliográfico hoy presentado bajo el sello del Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, dirigido por la maestra Libertad García Cabriales. Nos referimos, claro está, al libro “Jorge Yapur, la voluntad del linaje”, del que tengo el gusto de ser coautor. Este compendio sin duda redundará en difundir con mayores bríos un magnífico acervo plástico, orgullo de Tamaulipas; reitera asimismo la vigencia y la universalidad del llamado Rulfo de la Huastecas. Por compartirlo, el aprecio sincero a la familia Yapur Mariscal –doña Licha, Victoria, Alicia, Jerjes, Yamil--, y a todos ustedes gracias por escucharme.
Presentación del libro “Jorge Yapur, la voluntad del linaje”. Espacio Cultural Metropolitano, Tampico, Tamps., 24 de septiembre de 2016
Por Raúl Sinencio Chávez
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jueves, 30 de junio de 2016
El valle de las “Siete Luminarias”
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| Cráter - Valle de las “Siete Luminarias” |
Hablando de
“estrellas” me viene a la memoria otro increíble paraje de este planeta
“encantado”: el valle de Santiago, en el centro de México. Allí, al recorrerlo,
tuve la oportunidad de adentrarme en un nuevo enigma, íntimamente vinculado a
las estrellas que dan forma a la llamada “Osa Mayor”. En realidad no debería
hablar de un enigma, sino de varios... Pero arrancaré por el que me condujo
hasta el citado valle, en el estado de Guanajuato. En una superficie de siete
kilómetros cuadrados se alzan siete volcanes extinguidos. Antes de la llegada
de los conquistadores la región recibía el nombre de “Camémbaro” que,
justamente, viene a significar “País de las Siete Luminarias”, en recuerdo siempre según la tradición
de las “antorchas” que manaban de los mencionados cráteres. Y con los
españoles, “Camémbaro” fue sustituido por valle de Santiago, fundándose la
ciudad del mismo nombre a poco más de 1.700 metros de altitud. Esto ocurría en
mayo de 1607. Pues bien, por aquellas fechas, los misioneros y cronistas
recibieron detalles en torno a algunos de los misteriosos sucesos que se
registraban en el interior de los dormidos volcanes, cuyo magma había sido
reemplazado por lagos de aguas profundas y turquesas. En uno de ellos conocido
hoy como “La Alberca” habitaba un monstruo que recibía el nombre de “Chan”. En
el de “Yuriría”, la laguna cambiaba de color poco antes de los terremotos...
Pero fue en nuestro
siglo cuando, al sobrevolar y fotografiar las “Siete Luminarias”, las tomas
aéreas pusieron de manifiesto “algo” sorprendente: los siete volcanes
principales del valle de Santiago se hallaban distribuidos “a imagen y
semejanza” de la famosa constelación del “Cano” u “Osa Mayor”. Y en honor a la
verdad, cuando uno examina estas fotografías tiene que reconocer que la
coincidencia, cuando menos, es desconcertante. Los siete círculos coinciden
casi a la perfección con las siete estrellas fundamentales de la referida
constelación. Por supuesto, para una mente medianamente racional, este hecho
sólo puede ser considerado como una “simple y curiosa casualidad” o como un
“capricho de la naturaleza”. Y puede que esté en lo cierto. O puede que no...
Porque hay algo mas. Algo que contribuye a complicar el misterio. Me fue comunicado
por la investigadora Guadalupe Rivera de Iturbide. Alertada por estas imágenes
y por los estudios del ilustre pensador mexicano Ignacio Ramírez en el siglo
pasado, la directora del Instituto de Investigaciones Históricas de la
Revolución Mexicana puso en marcha un ambicioso proyecto, consistente en el
levantamiento topográfico de la totalidad del país. Partiendo de la base de que
numerosas ciudades del viejo continente en especial las griegas habían sido
diseñadas de acuerdo con los mapas zodiacales, fue inspeccionando los
asentamientos del territorio mexicano, verificando con asombro cómo cada uno de
los poblamientos se correspondía con una determinada constelación. Y según la
doctora Rivera, el valle de las “Siete Luminarias” constituía el centro geográfico
matemático de la “gran espiral” que cubre todo México. Y sus hallazgos fueron
más allá de lo imaginable. Porque, al estudiar y relacionar el antiguo
calendario azteca con este asunto, Guadalupe Rivera llegó a la conclusión de
que cada 1.040 años, la “Osa Mayor” termina situándose en la vertical de los
mencionados siete volcanes. ¿Otra casualidad?.
Pero, como insinuaba
anteriormente, en este paradisíaco lugar se dan otros fenómenos, a cual más
extraño. Olvidaré
temporalmente la historia de “Chan” y centraré mi atención en el cráter “Yuriría”.
Cuando lo
inspeccioné, el nivel de la laguna que lo llena desde tiempo inmemorial había
descendido notablemente. Y los nativos se mostraban preocupados. Porque las
aguas de esta caldera según la tradición y las más modernas observaciones
disfrutan de una singular virtud: cambian de color antes de los terremotos. Desde hace años,
atraídos por semejante circunstancia, numerosos investigadores en especial
biólogos y vulcanólogos han ido desfilando por las orillas de este lago
interior, a la búsqueda de una explicación. Y, en efecto, algunos han sido
testigos de excepción del súbito y siempre alarmante proceso. De pronto, las
verdes y apacibles aguas adquieren una coloración rojiza. Y en cuestión de días
o semanas, bien en México o en cualquier otro punto del planeta, se registra un
movimiento telúrico. Así ocurrió en Julio de 1985. Los habitantes del valle de
Santiago descubrieron con horror cómo el “Yuriría” había modificado el color de
sus aguas, ofreciendo una amenazante tonalidad sanguinolenta y un intenso y
pestilente olor. Aquélla era la “señal”. Mes y medio después, el 19 de
septiembre, la ciudad de México era azotada por un violento seísmo. Y otro
tanto aconteció en 1989. En septiembre, el lago amaneció teñido de rojo sangre.
Días más tarde, en octubre, sendos movimientos sísmicos asolaban China y
California. El cráter, una vez más, lo había advertido.
Y aunque es ahora,
merced a la moderna tecnología, cuando se ha empezado a tomar en consideración
el insólito “proceder” del “Yuriría”, la verdad es que las noticias sobre tan
extraña “virtud” se pierden en la noche de los tiempos. Naturalmente, como
sucede con harta frecuencia, siempre fueron tomadas como “fantasías del
populacho” o “supersticiones propias de pueblos incultos y atrasados”. Y la
ciencia ha tenido que doblegarse ante la abrumadora realidad, reconociendo, en
definitiva, que las viejas leyendas y tradiciones no eran sólo fruto de la
imaginación popular. El propio nombre del antiquísimo asentamiento humano
existente junto al volcán ”Yuririapúndaro” nos habla ya del conocimiento de
estos hechos por parte de los pobladores originarios. Porque “Yuririapúndaro” significa
“lago de sangre”.
¿Y qué opinan los científicos sobre tan asombroso enigma?
Hoy por hoy se
muestran cautelosos. Los análisis de las muestras extraídas en pleno “cambio”
de tonalidad han arrojado una importante pero todavía insuficiente “pista”: el “rojo sangre” de
las aguas se debe fundamentalmente a la presencia en la superficie del lago de
un microorganismo protozoario flagelado de color rojizo. No cabe duda, por
tanto, que la modificación de la tonalidad natural del lago obedece a la
irrupción, posiblemente desde el fondo, de esta suerte de microorganismos.
Pero, ¿qué es lo que provoca el repentino desplazamiento de estas colonias de
seres vivos? ¿Quizá una serie de ondas subterráneas desconocidas aún para la
Ciencia que precede a los terremotos propiamente dichos? ¿Y por qué en las
aguas del “Yuriría” y no en las de los volcanes próximos? Podríamos aceptar
que, en el caso de los seísmos de la ciudad de México o California, la
proximidad de dichos lugares pudiera provocar un fenómeno previo de distorsión
en las profundidades del referido cráter. Pero ¿y en el caso de China?.
Los frutos del Paraíso
Y para cerrar estos
breves apuntes en torno al enigmático valle de las “Siete Luminarias” quizá
debería hacer mención del no menos misterioso cerro de Culiacán, que se alza a
una decena de kilómetros de los cráteres. Allí, según la leyenda, existe una
“mágica ciudad subterránea”. Pero pospondré mis investigaciones en las faldas y
cima de este coloso para una mejor ocasión y en beneficio de otro enigma que,
de no haberlo visto con mis propios ojos, difícilmente lo hubiera aceptado.
Porque, ¿quién puede imaginar una col de cuarenta y tres kilos? ¿Cómo aceptar
que la tierra pueda ofrecer matas de apio de un metro de altura, cañas de maíz
de cuatro, hojas de acelga de 1,85 metros o que, de una sola semilla de
cebolla, nazcan hasta doce ejemplares, con un peso total de quince kilos?
Sé que puede parecer
una fantasía, muy propia de libros y películas de ciencia-ficción. A las
imágenes me remito. Ellas hablan por sí solas.
Todo empezó en los años
setenta y justa y misteriosamente en los dominios del valle de Santiago. Varios
campesinos y vecinos del lugar entre los que destacan José Carmen García
Hernández y Óscar Arredondo Ramírez sorprendieron a propios y extraños con unos
frutos gigantescos, como jamás se había visto en la historia de México y, si me apuran, del
resto del mundo.
Como es natural, la
noticia voló, conmocionando a las autoridades y estamentos oficiales. Y una
legión de expertos se personó en los terruños, verificando la realidad de
semejante “revolución agrícola”. Pero, desconfiados, sometieron a los
“artífices” de las gigantescas cosechas a una prueba de fuego. Y en 1977, en un
campo experimental próximo a Tampico (Tamaulipas), ingenieros agrícolas del
gobierno y los campesinos de Santiago se enfrentaron en un curioso reto. Los
unos sembraron las hortalizas siguiendo los métodos tradicionales. Los otros
pared con pared, según su secreto saber y entender. El resultado fue
espectacular. Mientras los ingenieros obtenían una producción media por
hectárea de ocho toneladas, el “campo” de los “revolucionarios” superaba las
cien... Y la “mágica fórmula” según los depositarios del preciado tesoro era
extensible a todo tipo de productos: cereales, flores, tubérculos, etc. Y lo
demostraron. Las formidables “cosechas” comenzaron a invadir los mercados de la
región. Y durante un tiempo, los hogares de los santiaguinos se vieron
beneficiados por este “regalo de los cielos”. Baste decir que, por ejemplo, con
dos monumentales hojas de acelga podía alimentarse toda una familia. Y algo
similar ocurría con las patatas, maíz, cebollas, coles y demás verduras.
La esperanzadora
noticia, sin embargo, no agradó a las multinacionales. Tal y como habían
demostrado los impulsores de este sensacional hallazgo, la siembra y los
cuidados de los productos sometidos a la “secreta fórmula” no requerían de
fertilizantes ni pesticidas. El proceso se desarrollaba de forma natural, sobre
cualquier tipo de suelo y bajo unas condiciones climáticas y de riego
enteramente normales. Y surgieron las amenazas y presiones. Y los campesinos se
vieron obligados a abandonar sus experimentos y sus tierras. Uno de ellos,
incluso, terminaría en prisión. Y la “gran revolución agrícola” fue abortada.
Las multinacionales,
sin embargo, no consiguieron arrancarles el “secreto” de tan prodigioso
sistema. Un “secreto” que ha sido transmitido a un escogido grupo de amigos
incondicionales de los “revolucionarios” mexicanos. Un “secreto” que guarda una
íntima relación con el noble arte de la astrología y que según mis confidentes ”fue legado a estos habitantes del enigmático valle de las Siete Luminarias” por
seres “no humanos”.
Sé que estas
aseveraciones pueden hacer sonreír malévolamente a los incrédulos y escépticos.
Están en su derecho. Pero ¿pueden ellos de la mano de la ciencia oficial obrar
un “milagro” semejante?.
Y puede que llegue el día cuando los valores espirituales del hombre hayan madurado en que ese “secreto” se abra de nuevo al mundo, en beneficio de todos.
Por J.J.Benítez
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jueves, 19 de mayo de 2016
Sandino en Tamaulipas- Por Raúl Sinencio Chávez
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18 de mayo de 1895-21 de febrero de 1934 |
Prominente sitio ocupa Augusto César Sandino entre los héroes de Nicaragua. Alcanza incluso amplia proyección en América Latina. Casi desapercibido pasa empero que al encumbramiento del personaje sirve de antesala Tamaulipas.
Destrezas
Hacia mayo de 1923 Sandino remonta la bocana del río Pánuco y desembarca en parajes tamaulipecos. A los 28 años de edad, pisa tierras de México por vez primera. El arribo entona con la época. A numerosísimos inmigrantes de origen variopinto aloja en aquellas fechas el sureste extremo de la entidad.
Median sólidos motivos. Porque la zona concentra también gran cantidad de firmas extranjeras, atraídas por el oro negro. Prepotentes, saqueadores, los inversionistas del ramo lo exportan a través de Tampico, puerto marítimo. El año previo la actividad extractiva acusa retrocesos y miles de obreros terminan despedidos. Sin embargo, las oportunidades laborales continúan para la mano de obra especializada.
Al joven Sandino esto lo anima. Posee experiencia, aparte de estudios. Tras enfrentarse a despótico ricachón, en 1921 abandona el terruño. Las circunstancias lo conducen a desempeñarse en un ingenio azucarero de Honduras. Presta luego servicios de mecánico a la United Fruit en Guatemala. Instruido y con destrezas fabriles, llegado a la Babel de Tamaulipas lo contrata la South Pennsylvania Oil Company.
Enseñanza
A contrapelo del bajo perfil que desea conservar, nada inadvertido pasa en la comunidad anfitriona. Operario de la empresa Waters-Pierce, Félix Chávez Olivares recuerda: Sandino tenía fama de tacaño. Abstemio, carente de familia, subsiste con extrema modestia. Pese al clima húmedo y caluroso del trópico, calza en forma cotidiana las botas de trabajo, que suben hasta la rodilla. Ahorra cuanto puede, a la espera de regresar con los suyos y atender compromisos emancipadores, según Chávez Olivares.
Ácrata del grupo Hermanos Rojos, afirma Gonzalo Ruiz Carrillo que el istmeño vive en frágil cuartería de madera al fondo de la hoy calle Emilio Carranza de Ciudad Madero, cerca del Pánuco. El sindicalista Eucelio Serna Hernández señala que en Mata Redonda, frente a la ribera tampiqueña, Augusto César es fogonero de la Huasteca Petroleum Company. En agosto de 1925 el consorcio del Tío Sam lo traslada a Cerro Azul, Veracruz.
El área reporta mientras importantes huelgas. La de electricistas triunfa en 1923; obtienen lo propio al siguiente año los petroleros de El Águila. En ambos casos se trata de patrones ingleses. Si bien fracasa el paro de 1925 en la Huasteca Petroleum Company, logra cimbrarla a fondo. Sandino evita cualquier liderazgo. No obstante, visualiza como posible imponer serios reveses a las potencias hegemónicas. Decisiva resulta tal enseñanza.
Libres
Vía trasatlántica, desde muelles tamaulipecos sale el 15 de mayo de 1926 rumbo a Nicaragua, que padece la invasión de EUA. Ante ello, da vida al Ejército Defensor de la Soberanía, con arraigo en Las Segovias. Escasamente pertrechadas, sus fuerzas propinan tremendos golpes al enemigo.
Arrebatándolas en fieros combates, los patriotas acumulan insignias estadounidenses. “Una de estas banderas ha sido enviada a México y la tengo aquí para quien quiera verla”, anuncia el legislador de izquierda Hernán Laborde en la Cámara de Diputados el 26 de noviembre de 1928. Lo agreden representantes del oficialismo, lambiscones de la Casa Blanca.
El prócer vuelve a nuestro país en 1929, por el ofrecimiento de apoyo que le hiciera el presidente Emilio Portes Gil. Incumplidas dichas promesas, Augusto César retoma su lucha meses adelante. Humilladas, en 1933 las tropas gringas abandonan suelo nicaragüense. Antes forman la tenebrosa Guardia Nacional, dirigida por el dictador Anastasio Somoza García, que ordena el asesinato de Sandino en 1934. Henri Barbusse llamaría al exvecino de Tamaulipas “General de hombres libres”.
Por Raúl Sinencio Chávez
Publicado originalmente en La Razón, Tampico, Tamps
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jueves, 5 de mayo de 2016
Diminuta plaza, gran escándalo - Por Raúl Sinencio Chávez
Pequeña de veras resulta aquella plaza. Abarca escasos metros cuadrados. Presenta además forma triangular. Y he aquí que aun con tales características, detona tremendo escándalo que sacude la vida política de Tamaulipas.
CASA
Se ubica a las puertas del viejo casco de Tampico, por el ángulo noroeste. Frente a ella, las calles Altamira y Álvaro Obregón desembocan en la avenida Hidalgo. Surge poco antes, cuando el puerto crece hacia allá. La denominan entonces 5 de Mayo, como homenaje al triunfo obtenido en Puebla sobre invasores franceses.
Por la época de que hablamos, el área luce embellecida con prados y plantas de ornato. En la parte central funciona magnífica fuente. Recién concluida, sostiene en lo alto brillante globo terráqueo.
Durante la mañana, el domingo 20 de noviembre de 1927 al sitio acuden las autoridades porteñas. Encabezándolas el jefe edilicio Tomás R. Morales, presiden breve ceremonia, declarándose en servicio el flamante conjunto. A cargo del mensaje oficial, el regidor Francisco H. Mattar anuncia “que en lo sucesivo el jardín y la fuente inaugurados llevarán el nombre de El Mundo”, periódico que financia las obras. Vicente Villasana González dirige la casa editora.
INTERESES
Monta en cólera el gobernador tamaulipeco Emilio Portes Gil. Ese órgano de prensa, “que […] publica artículos injuriosos y groseros de Nemesio García Naranjo, de [José] Vasconcelos y de otros escritores”, textos “en que se insulta a la Revolución […] Mexicana y se calumnia al presidente de la República, es indigno” del proyectado honor, remarca en telegrama remitido desde Ciudad Victoria el martes 22 a Tomás R. Morales.
Peor aún, considera intolerable quitarle al espacio recreativo la denominación que recuerda “una fecha gloriosa para nuestra patria”. Mal y de malas, trasluce el mandatario del estado desconocimiento previo de la medida, enterándose sólo por el propio medio informativo. A este último lanza serios cargos. “Portavoz de los […] que conspiran contra” el país –acusa--, en 1924 “recibió dinero del exgobernador [César] López de Lara para apoyar la asonada delahuertista”, reservándose por qué le consta.
Suelta riendas y tilda al impreso de “enemigo […] de los trabajadores, […] siempre dispuesto a venderse al mejor postor, con tal de que […] sea representativo de los intereses capitalistas”. Respecto del otrora correligionario suyo --con quien rompe por causas que jamás esclarece--, puntualiza: “El señor Villasana, director del diario referido, puede” estar “seguro de que […] no se le […] dará dinero a cambio de un vergonzante silencio”.
OBSEQUIO
Remacha don Emilio, sin embargo: “Por ningún motivo” permitiré el cambio que anunciara el regidor Mattar. “En caso de que así” lo hubiere dispuesto el cabildo, tengo “motivos bastantes para poner el veto […] a dicho acuerdo”, espeta. “Tal disposición –resuelve—“queda en suspenso”, “conforme a la Ley Orgánica del Municipio Libre”.
Pretende fundamentarse en obsoleta normatividad reglamentaria. De 1918, deviene inaplicable, pues nunca la aprueba el cuerpo legislativo. Mandamás del Partido Socialista Fronterizo, dominante en Tamaulipas con tintes caciquiles, el funcionario rebasa asimismo sus facultades constitucionales, limitadas a suspender provisionalmente acuerdos de los ayuntamientos que perjudiquen al municipio o trasgredan el orden jurídico, mientras dictamina el congreso de manera firme.
Aunque menoscaba el debido proceso, ordena Portes Gil al Periódico Oficial difundir el larguísimo telegrama, cimbrándose la entidad. Inhibidos, los munícipes tampiqueños renuncian al polémico nombre, pero dejan intacto por 48 años el obsequio de Villasana González, merecedor incluso de tarjetas postales. Subsiste “la plaza 5 de Mayo”, apunta en 1942 Ignacio Fuentes. Se refiere, bien claro está, al minúsculo parque que fuera objeto de veleidades autoritarias, desbordadas por rancias animadversiones.
Por Raúl Sinencio Chávez
Publicado en La Razón, Tampico, Tamps.
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Por Raúl Sinencio Chávez
Publicado en La Razón, Tampico, Tamps.
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domingo, 17 de abril de 2016
martes, 12 de abril de 2016
Amagos perros - Por Raúl Sinencio Chávez
Con las huestes de Hernán Cortés llegan animales desconocidos en México. Claro ejemplo ofrece el caballo que sirve de transporte. Desembarcan a la par mastines, diferentes a las contrapartes autóctonas en características y usos. Ambas razas sustancian por ende peculiares facetas de la conquista española, que dejan huella en Tamaulipas.
PRISIONEROS
Cuando los embajadores de Moctezuma regresan, aún impresionados le informan al emperador mexica que las tropas europeas traen lebreles, así llamados, “enormes, […] de grandes lenguas colgantes;” sus “ojos derraman fuego, están echando chispas […] Son muy fuertes y robustos, no están quietos, andan jadeando, andan con la lengua colgando”, recoge fray Bernardino de Sahagún.
Tramas metálicas, telas o cueros resistentes a flechazos les cubren los costados y el lomo. Complementan las corazas anchos collares unidos a cadenas, que en la mano lleva el amo, pudiéndolas soltar con rapidez, Ello sobrecoge de inmediato a los que nunca habían visto algo semejante.
De mandíbula recia y atronadores ladridos, aquellos especímenes han sido entrenados para el combate fiero. Enormes, ágiles, bravos, prestos a las órdenes de ataque, se lanzan contra los ejércitos adversarios, destrozándolos batalla tras batalla. Incluso escarmientan a comunidades o prisioneros mal avenidos. Sucede en diversos puntos, donde causan espanto. Resalta el Códice Florentino: “Ponían gran temor en todos los que los veían”.
ULTRAMAR
Sobran elementos que marquen y acentúen el contraste. Expliquémonos. Mesoamérica registra de antemano la presencia canina. Amplia e indudable, ésta se extiende a diversos climas y territorios. Al respecto, suman por lo menos diez las variedades propias.
Una de ellas la describe Francisco Javier Clavijero. “El ‘xolotzcuintli’ –asevera el jesuita— […] en algunos individuos” alcanza “cuatro pies de largo. Tiene las orejas derechas, el cuello grueso y la cola larga. Lo más singular […] es estar enteramente privado de pelo […] Sólo tiene sobre el hocico algunas cerdas largas y retorcidas. Todo su cuerpo está cubierto de una piel lisa, blanda, de color ceniza, […] manchada en parte de negro y leonado”. Agrega: Los hay “de […] aspecto melancólico” y por completo mudos.
Desde tiempos inmemoriales también los domestican. Pero aparte de lo descrito, respecto a los de Europa se distinguen por cubrir roles bastante distintos, sin vínculos con las artes bélicas. Sirven de compañía en la vida hogareña. Nuestros pueblos originarios creían asimismo que guiaban el alma de los difuntos en su camino al inframundo. Los sacrificaban en consecuencia, enterrándolos al lado del propietario fallecido. Lo anterior choca en forma terrible con las aludidas estrategias de quienes arriban de ultramar.
ASPAVIENTOS
Consumada la empresa conquistadora, sus cánidos beligerantes cambian de funciones. Algunos pasan al campo y cuidan allá del ganado. Otros se vuelven precursores de jaurías callejeras en ciudades novohispanas, marcándolas con inmundicias e instintos escandalosos que incomodan a las elites.
Los equivalentes nativos, por lo contrario, resultan diezmados sin miramientos. Apunta Clavijero: “Los españoles […] no teniendo todavía rebaños de ninguna” clase, “hacían la provisión para sus buques con carne de estos cuadrúpedos”. Sobreviven a duras penas, devolviéndoles visibilidad los pintores Frida Kahlo y Diego Rivera durante el siglo XX.
Otrora abundaban en las colindancias tamaulipecas y veracruzanas. A tal grado, que de ahí proviene el topónimo prehispánico de Tampico. En la antigua lengua huasteca, “tam” significa lugar y “pico” quiere decir perro; entiéndase lugar de perros. Al prejuicio actual mucho le incomoda y alega que se trata de perros de agua o nutrias. Vaya despropósito, si consideramos que a este mamífero acuático el mencionado idioma reserva la palabra “hatzo”. Tantos aspavientos por unos canes que, de tan raros, paradójicamente alcanzan hoy altas cotizaciones.
Por Raúl Sinencio Chávez
Publicado originalmente en La Razón, Tampico, Tamps.
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sábado, 16 de enero de 2016
Tamaulipeco de izquierda - Por Raúl Sinencio Chávez
Autor de numerosas obras bibliográficas –que van del ensayo a la narrativa--, Gerardo Unzueta Lorenzana destaca como intelectual de ideas avanzadas. Congruente e incorruptible, lucha por ellas y desde la izquierda contribuye a democratizar el país. En intensa labor, mantiene además vivos los vínculos con Tamaulipas, su entidad de origen.
ESTIPENDIOS
Gerardo nace en Cecilia, ahora Ciudad Madero, el 3 de octubre de 1925. Por actividades sindicales, al padre lo expulsan de la industria petrolera, dominada por capitales extranjeros. Ante ello, la familia se traslada a la Ciudad de México. Sin ignorar el precio de la disidencia, Unzueta Lorenzana ingresa al Partido Comunista Mexicano (PCM) muy joven. Pronto forma parte del núcleo directivo que rompe con el dogmatismo y asume posturas críticas frente al gobierno y la Unión Soviética, algo entonces inusitado.
También de afanes periodísticos, la prensa tamaulipeca y de otros estados reproduce sus artículos de fondo. Inicia en publicaciones independientes y dirige órganos informativos de carácter partidista. Consigue entrevistar a Ernesto “Che” Guevara recién triunfa la Revolución Cubana, lo que grabado en disco alcanza varias ediciones.
Las simpatías con el movimiento estudiantil y popular lo vuelven preso político de 1968 a 1971. Recorre Tamaulipas en 1976 junto a Valentín Campa Salazar, aspirante presidencial del PCM, privado de registro. La Reforma Política de 1977 legaliza a los comunistas y dos años más tarde Gerardo se convierte en combativo legislador de la cámara baja. Conducta invariable en aquellos tiempos, lo mismo que el resto de la bancada Unzueta Lorenzana dona íntegros los estipendios parlamentarios a su propio agrupamiento, proporcionándole éste modesto sueldo.
DESARROLLO
Al fusionarse el PCM con organizaciones afines, en la siguiente década surge el Partido Socialista Unificado de México (PSUM). A instancias suyas, Gerardo desarrolla intensa actividad en suelo tamaulipeco. Sostiene la candidatura a senador en 1982. Disputa un año después la alcaldía de Tampico, distrito por el que contiende en los comicios federales de 1985 y resulta diputado plurinominal. La coalición del PSUM con los partidos Mexicano de Trabajadores y Revolucionario de los Trabajadores en 1986 lo postula candidato a gobernador.
Fuertes iniquidades marcaban aún las acciones proselitistas. Sobre todo en procesos locales, disponía la oposición de magros financiamientos públicos, reservándose el oficialismo indebidas ventajas. Carentes de autonomía las autoridades electorales, fraudulentas prácticas coartaban el voto libre.
No obstante, Unzueta Lorenzana evita repliegues sectarios y denuncias puramente testimoniales. Al contrario, impulsa campañas acaso con las propuestas de mayor solvencia vista por Tamaulipas, insertándose una izquierda de nuevo tipo en cargos representativos. Basadas en la modernización democrática, Gerardo diseña y expone alternativas serias al desarrollo excluyente que presenta el terruño.
VICIOS
Por ejemplo, plantea regenerar la otrora pestilente laguna del Carpintero de Tampico y transformarla en sitio recreativo. Proyecta a la vez estrategias concretas para comunidades rurales de alto rezago. Lo equivalente hace respecto de los déficits socioeconómicos en la zona fronteriza con EUA. Aunque desvirtuándolas, algunas de las referidas elaboraciones hallan eco luego en programas del gobierno.
Lejos de poses electoreras, con espíritu de servicio desempeña el puesto legislativo. Ayuda en forma solidaria a compañeras y compañeros. Materializa iniciativas que buscan mejorar las condiciones de vida en Tula. Por conducto de él, artistas del sureste tamaulipeco reciben fondos económicos que el Instituto Nacional de Bellas Artes suministra para cierta revista especializada.
A los noventa años de edad, fallece en la Ciudad de México el 10 de enero de 2016. Quedan los coterráneos debiéndole merecido reconocimiento. La trayectoria de Gerardo Unzueta Lorenzana contrasta hoy con nuestra vida política, escasa de propuestas constructivas, pero sobrada de lamentables vicios.
Por Raúl Sinencio Chávez
Publicado en La Razón, Tampico, Tamps., 15 enero 2016
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Publicado en La Razón, Tampico, Tamps., 15 enero 2016
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domingo, 10 de enero de 2016
Muere Gerardo Unzueta
Nacido el 3 de octubre de 1925 y originario de Tampico, Tamaulipas, murió a la edad de noventa años Gerardo Unzueta Lorenzana ,informaron fuentes cercanas al veterano militante de izquierda.
Gerardo Unzeta militó en el Partido Comunista Mexicano de 1946 a 1981; en el Partido Socialista Unificado de México de 1981 a 1988; y en el Partido Mexicano Socialista de 1988 a 1989.
También fue editor de las revistas “Socialismo” y “Memoria”; así como colaborador en las revistas “Política” y “Siempre”. Fue columnista del periódico El Universal desde 1985.
Por su simpatía y apoyo al movimiento estudiantil, durante su encargo como secretario general del PCM en el Distrito Federal, fue preso político de 1968 a 1971.
Fue miembro del Comité Central y de la Comisión Política de los partidos Comunista Mexicano y Socialista Unificado de México.
Participó activamente en los principales movimientos sociales y sindicales de la segunda mitad del siglo XX, y en la fundación del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Asimismo, fue diputado federal por el PCM y la Coalición de Izquierda de 1979 a 1982, y por el PSUM de 1985 a 1988. De 1997 a 2000 fue asesor del Gobierno del Distrito Federal en asuntos legislativos.
Entre sus obras literarias se encuentran “Lombardo Toledano y el marxismo-leninismo” (1966), “Sobre el problema estudiantil-popular”, “Cartas desde la prisión” (1969), “La concepción materialista de la historia: seis aspectos de la teoría marxista-leninista de la Revolución” (1972).
De igual forma, las novelas “La Grande” y “El Diablo” (2001) y “La Julia y sus dos ataúdes” (2004), en 2007 publicó “Tres años de lucha política de izquierda”, entre otras.
También fue editor de las revistas “Socialismo” y “Memoria”; así como colaborador en las revistas “Política” y “Siempre”. Fue columnista del periódico El Universal desde 1985.
Por su simpatía y apoyo al movimiento estudiantil, durante su encargo como secretario general del PCM en el Distrito Federal, fue preso político de 1968 a 1971.
Fue miembro del Comité Central y de la Comisión Política de los partidos Comunista Mexicano y Socialista Unificado de México.
Participó activamente en los principales movimientos sociales y sindicales de la segunda mitad del siglo XX, y en la fundación del Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Asimismo, fue diputado federal por el PCM y la Coalición de Izquierda de 1979 a 1982, y por el PSUM de 1985 a 1988. De 1997 a 2000 fue asesor del Gobierno del Distrito Federal en asuntos legislativos.
Entre sus obras literarias se encuentran “Lombardo Toledano y el marxismo-leninismo” (1966), “Sobre el problema estudiantil-popular”, “Cartas desde la prisión” (1969), “La concepción materialista de la historia: seis aspectos de la teoría marxista-leninista de la Revolución” (1972).
De igual forma, las novelas “La Grande” y “El Diablo” (2001) y “La Julia y sus dos ataúdes” (2004), en 2007 publicó “Tres años de lucha política de izquierda”, entre otras.
El pasado 16 de diciembre falleció su esposa , la inolvidable camarada Francisca Reyes Castellanos,o "Panchita". Una gran luchadora social, una mujer de firmes, sólidas y rectas convicciones, que desde su juventud consagró todas sus energías a la defensa de los derechos de los trabajadores. Nacida en una familia pobre de Nueva Rosita, corazón de la región minera de Coahuila y activa sindicalista desde su juventud, se afilió al PCM a los 22 años, cuando trabajaba como secretaria en Altos Hornos de México, y se mantuvo fiel a la ideología y los principios marxistas hasta el último día de su vida.
En 1959, poco después del triunfo de la Revolución cubana, Gerardo Unzueta entrevistó a Camilo Cienfuegos y a Ernesto Che Guevara.
En 1959, poco después del triunfo de la Revolución cubana, Gerardo Unzueta entrevistó a Camilo Cienfuegos y a Ernesto Che Guevara.
Con la desaparición física de Gerardo Unzueta, termina el ciclo de una generación de comunistas mexicanos.
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martes, 5 de enero de 2016
jueves, 3 de septiembre de 2015
Ah qué Porfirio - Por Raúl Sinencio Chávez
Por el noreste de nuestro país hizo Porfirio Díaz varios recorridos. Estos incluyen el paso frente a playas tamaulipecas, rodeado de circunstancias sólo en parte conocidas. Para desgracia suya aquí narramos hechos casi secretos, que lo dejan mal parado.
LLORÓN
A falta de contrincante que le propiciara ayuno y desvelos, Sebastián Lerdo de Tejada ganó en 1876 los comicios presidenciales. Fallecido don Benito Juárez, cubriría el cuatrienio precedente. Y no obstante que afloraron discordias políticas en la respectiva contienda, Lerdo resultó electo para retener el cargo hasta 1880. Pero acabaría depuesto y exiliado.
De antecedentes levantiscos, Porfirio Díaz se rebeló contra el régimen. Mediaría al efecto un plan suscrito en Tuxtepec, Oaxaca. El propio Díaz le introdujo luego reformas en Palo Blanco, poblado vecino de Matamoros, Tamaulipas. Refiere Daniel Cosío Villegas: “El contenido ideológico […] del porfirismo era pobrísimo (baste recordar que la principal bandera de uno de los pronunciamientos del general Díaz previos a su conquista del poder, fue la condenación del impuesto del timbre)”.
Consiguió encumbrarse, bien sabemos. Entretanto, fuerzas gobiernistas le propinaron memorables tundas. En Icamole, Nuevo León, cosecharía amargos frutos. Motejado ipso facto “Llorón de Icamole” por tabloides contemporáneos, Porfirio abandonó suelo mexicano, perdiéndosele la pista durante cierto lapso.
TIBURONES
Ocupemos ahora del “City of Havana”, que Nuevo Orleáns vio zarpar en junio de 1876. Iba hacia el puerto de Veracruz, con escala breve en Tampico. El vapor estadounidense llevaba a extraño pasajero. Atrajo miradas por lucir peluca, barbas, gafas oscuras y vientre postizo. Vaya facha, caray. Aquel hombre se dijo médico homeópata, cubano de nacimiento.
Según lo previsto, la nave fondeó el martes 20 en costas meridionales de Tamaulipas, cerca de la bocana del río Pánuco. Mera rutina. Conforme a ella, abordaron el buque elementos militares. Tenían órdenes de partir rumbo al enclave jarocho y reforzarlo.
Ocupemos ahora del “City of Havana”, que Nuevo Orleáns vio zarpar en junio de 1876. Iba hacia el puerto de Veracruz, con escala breve en Tampico. El vapor estadounidense llevaba a extraño pasajero. Atrajo miradas por lucir peluca, barbas, gafas oscuras y vientre postizo. Vaya facha, caray. Aquel hombre se dijo médico homeópata, cubano de nacimiento.
Según lo previsto, la nave fondeó el martes 20 en costas meridionales de Tamaulipas, cerca de la bocana del río Pánuco. Mera rutina. Conforme a ella, abordaron el buque elementos militares. Tenían órdenes de partir rumbo al enclave jarocho y reforzarlo.
Sintiéndose perseguido --anota José Fernández Iturribarría--, el falso homeópata “salió desnudo a cubierta y precipitadamente se lanzó al agua”. Enrique Krause y Fausto Zerón-Medina complementan: Presuroso, “el capitán [del transporte] lo rescató, lo encubrió y notificó que el supuesto médico había perdido la vida”, engullido por los tiburones. “Encerrado en su camarote” –tercia Cosío Villegas—tan estrafalario tipo “prosiguió el viaje hasta desembarcar en forma misteriosa en Veracruz”, el jueves 29.
ATUENDO
Otros que a la sazón allá bajaron del mismo barco fueron los soldados procedentes de Tamaulipas. Por supuesto, ignoraban el verdadero nombre de quien se lanzó al mar semana y media atrás. Menos aún parecieron interesarse en averiguarlo.
P. Thouson, cónsul gringo en Tampico, desliza información privilegiada. El 19 de julio siguiente la comunica a John Foster, representante de Washington en México: Tras “la llegada del ‘City of Havana’ […] se rumoró que Porfirio Díaz se encontraba a bordo”, sugiriéndolo disfrazado con “peluca y barba postiza”.
Acierta el cónsul Thouson, aunque nunca revela las fuentes de que echa mano.
A propósito, cabe preguntarnos sobre la estancia de Porfirio allende el río Bravo entre mayo y junio de 1876, en medio del borlote que puso en marcha. Sería interesante conocer los motivos que estuvieron detrás. Lamentamos que la bibliografía del periodo nos deje en ascuas. Sin embargo, investigaciones serias bosquejan posibles respuestas. Acorde con estudios documentales, el futuro dictador tuvo favorecedores en tierras del Tío Sam. Puede mencionarse al general Edward Ord, extitular de la Secretaría de Defensa.
A propósito, cabe preguntarnos sobre la estancia de Porfirio allende el río Bravo entre mayo y junio de 1876, en medio del borlote que puso en marcha. Sería interesante conocer los motivos que estuvieron detrás. Lamentamos que la bibliografía del periodo nos deje en ascuas. Sin embargo, investigaciones serias bosquejan posibles respuestas. Acorde con estudios documentales, el futuro dictador tuvo favorecedores en tierras del Tío Sam. Puede mencionarse al general Edward Ord, extitular de la Secretaría de Defensa.
Está asimismo demostrado que recién salido el plan de Tuxtepec, Díaz recibió por lo pronto 130 mil dólares, cuantiosos fondos incluso en tiempos actuales. Le habrían servido para adquirir el ridículo atuendo con que abandonó Nuevo Orleáns.
Por Raúl Sinencio Chávez
Publicado en La Razón, Tampico, Tamps., 11 mayo 2012.
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Publicado en La Razón, Tampico, Tamps., 11 mayo 2012.
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