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domingo, 10 de mayo de 2015

De cuando conocí al asesino de mi padre Roque Dalton


Edgar Alejandro Rivas Mira, principal instigador y autor intelectual del asesinato de Roque Dalton y de Armando Arteaga, el 10 de mayo de 1975, está presuntamente muerto. Conocido en la clandestinidad como Luis Ríos, Sebastián Urquilla, el Choco Sebastián o El Capitán, habría fallecido hace aproximadamente en 2009.

No sólo éso: su esposa Ana Angélica Meardi Araujo, habría fallecido también en 2011; ambos murieron en la capital mexicana, sumidos en la soledad, el olvido y el más absoluto deterioro de sus facultades morales, mentales y físicas.

Habría acabado así, en cierta medida, el misterio que encierra a esta pareja, al menos en lo que se refiere a su última ubicación geográfica y las circunstancias finales de sus vidas. 

No tenemos la fecha ni lugar exacto de sus fallecimientos, tampoco dónde fueron sepultados ni bajo qué nombres. Sólo sabemos que murieron, con dos años de diferencia entre uno y otro, en el Distrito Federal de los Estados Unidos Mexicanos.


El simpático Luis Ríos, se transformó en el siniestro y prepotente “Capitán Sebastián Urquilla”

Corrían momentos convulsos, especialmente en América Latina. Los movimientos de izquierda habían entrado en una etapa de reelaboración de sus estrategias. Se dejaba atrás la teoría del foco guerrillero y se asumían las estrategias insurreccionales y las de guerra popular prolongada… El Salvador seguía sumido en una dictadura inamovible.

Mi padre estaba preocupado y seguramente con muchas incertidumbres. Los guerrilleros guatemaltecos y nicaragüenses estaban refundando sus guerrillas y Roque Dalton era parte de ese esfuerzo. Cuba, entonces, era un hervidero de guerrilleros. Pero entraba también la etapa triunfos electorales, como el de Allende o de los militares nacionalistas como Omar Torrijos, en Panamá.

En eso apareció un personaje en La Habana: Luis Ríos. Joven y simpático. Venía de Alemania Occidental. ¿Podría ser entre 1969 o 1970?

Recuerdo a Luis Ríos siempre risueño... Siempre contando chistes y haciendo pantomimas al tiempo que narraba sus cuentos. Se integraba a un grupo de gente, entre centroamericanos, brasileños, uruguayos y mexicanos, intelectuales revolucionarios que residían temporalmente en La Habana.

Nuestra casa y la de la periodista mexicana Marta Solís, que quedaba a tres cuadras de distancia, eran los centros de las reuniones, en las que había debates políticos y jolgorios.

El tal Luis Ríos, de pantalones verdes de corduroy, no era otro que Edgar Alejandro Rivas Mira…, pero yo no lo supe hasta varios años después.

Ni más ni menos que el fundador de “El Grupo” –pequeña guerrilla que tuvo como hecho relevante el secuestro y asesinato de Ernesto Regalado Dueñas-. Posterior a ese funesto hecho, se convierte en el fundador del Ejército Revolucionario del Pueblo –ERP-, en cuyo seno se hacía llamar “El Capitán”, otros le decían “El choco Sebastián Urquilla”.

No tenía muchas ideas sobre lo que este individuo llegó a hacer a Cuba en su etapa de Luis Ríos, pero después he descubierto que estuvo haciendo un entrenamiento como parte de una red de la inteligencia cubana. Hay una gruesa sospecha de que éste era una especie de “doble agente”, pero que actuó especialmente al servicio del imperialismo.

Luego este tipo desapareció y no volvimos a saber de él...

A mediados de 1970 con mi madre y mis hermanos, hicimos un viaje de La Habana a San Salvador, para visitar a nuestra familia. El entonces presidente Fidel Sánchez Hernández autorizó nuestro regreso y nos extendieron "pasaportes especiales" por gestiones de mi tío Alfredito Morales, quien era vicepresidente de la Asamblea Legislativa y era amigo personal del presidente Sánchez Hernández.

Durante esta visita al país, Salvador Cayetano Carpio (quien en abril de 1970 fundó una de las organizaciones de izquierda armada más poderosa de Latinoamérica) contacta a mi madre para entregarle un documento que ella entregó a mi padre a su regreso a La Habana. Era la carta de renuncia de "Saúl" -quien después se convirtiera en "Marcial"- al liderazgo del Partido Comunista (PCS).

Antes de septiembre de 1970 regresamos a La Habana. Mi padre un poco después hace un viaje a Chile, con Allende aún en el poder. Supimos que mi padre se reunió clandestinamente con Fabio Castillo Figueroa, quien había sido enviado por Rivas Mira, para solicitarle a mi padre que se integrara al ERP.

Sin embargo, existen versiones que indican que Fabio llegó a hablar con mi padre en nombre también de “Marcial”; todo ello, según parece, debido a un supuesto acuerdo de unidad que se estaba gestando entre ERP-FPL.

Es así como mi padre decidió su integración a la guerrilla salvadoreña; aunque en ese entonces estaba por decidir irse con los guatemaltecos que fundarían el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) o con los nicaragüenses que refundaron el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que eran parte de un llamado Organismo Revolucionario Centroamericano.

Cuando triunfa la revolución en Nicaragua, en su primer discurso de celebración de la victoria sandinista, Daniel Ortega, pasa revista a los héroes del FSLN y entre ellos mencionó a Roque Dalton.

Reaparece Luis Ríos

Corría entonces el año 1972 y aparece nuevamente aquel Luis Ríos... Pero de su rostro había desaparecido todo lo que pudiera llamarse simpatía, carisma y buen humor.

Lo vi dos o tres veces en mi casa, donde hicieron reuniones a puerta cerrada.

Ya no hacia chistes ni bromeaba. Mi hermano Roque y yo, sin embargo, le pedimos formalmente nuestro ingreso al ERP para incorporarnos a la guerrilla, pero ni nos respondió. Nos miró de manera rara...

Nunca más lo volví a ver. Su esposa Angélica Meardi estuvo varias veces después en mi casa. Mi madre se quejaba de su trato pedante y prepotente; a cada rato mencionaba a su marido y se refería a él como "el jefe".

Por razones de “seguridad” fueron enviados a La Habana los padres de Rivas Mira. Vivian el par de ancianos en un hotel de La Habana Vieja. Mi mamá y nosotros los íbamos a visitar y salíamos a pasear.

Mi madre, con mucha discreción, siempre se comportó muy respetuosa y afable con los señores padres de Rivas Mira. Los llevaba al médico y atendía sus necesidades, al igual que compartía sus nostalgias.

Cuando mi padre fue asesinado, los padres de Rivas Mira aún se encontraban en Cuba. Nunca nadie les dijo nada… Recuerdo que pronto dejamos de frecuentarlos.

Un encargado del Departamento América del Partido Comunista de Cuba (PCC) le contó a mi madre que los padres de Rivas Mira supieron del asesinato de mi padre y supieron que su hijo había dado la orden. Los señores estaban temerosos porque creyeron que los cubanos se “vengarían” o tomarían represarías con ellos… Pero nada les sucedió. Al poco tiempo supimos que se habían marchado a San José, Costa Rica, donde al parecer fallecieron.

¡Increíble la vida! Rivas Mira, el máximo autor intelectual del asesinato de Roque Dalton, no solo terminó con la vida de mi padre, quiso desaparecerlo y desprestigiarlo, dejarlo totalmente en la sombra... Actuó con singular odio.

Después del asesinato de mi padre, Rivas Mira huyó del ERP con el dinero del rescate que pagó la familia Poma, por la liberación de Roberto Poma, al que plagiaron y asesinaron.

Rivas Mira con su entorno engañó de manera brutal a la familia Poma, porque negoció el rescate del empresario cuando ya estaba muerto.

Rivas Mira nunca actuó solo, siempre lo acompañaron Vladimir Rogel, Joaquín Villalobos y Jorge Meléndez (Jonás). Si algo tienen en común estos cuatro nefastos personajes de la historia salvadoreña son las manchas de sangre de Poma y de Roque Dalton en sus manos.

Cuando la impunidad se acabe en mi país, estos personajes serán parte de su historia criminal y catalogados como lo que realmente fueron: asesinos fríos y calculadores, protegidos por poderes políticos impúdicos.

  
Por Juan José Dalton


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lunes, 5 de mayo de 2014

La Batalla del 5 de Mayo y las mentiras de los "desmitificadores"



Las mentiras de los desmitificadores han calado hondo : gracias a ellos, demasiados mexicanos piensan que la batalla del 5 de mayo fue una escaramuza sin importancia que se ganó gracias a las torpezas de los franceses; una escaramuza sin importancia en una guerra que se perdió en el campo de batalla; una guerra que terminó cuando los franceses se retiraron por las presiones de Estados Unidos y Prusia.

¿Cómo lo argumentan? Armando Fuentes Aguirre, Catón, que odia irracionalmente a Juárez, no escatima la victoria del 5 de mayo, aunque luego agrega una de las falsedades que dispensa a razón de tres por página: Aquella fue una espléndida victoria, la única que en el campo de batalla hemos obtenido luchando contra un enemigo extranjero (Juárez y Maximiliano, p. 212). Fuera de eso, todo en Juárez y el partido liberal son vilezas y traiciones en una guerra que para su exclusivo beneficio ganaron los gringos (sí, los gringos: son tan poderosos en el cerebro de Catón que ganan hasta cuando no se aparecen).

No deja de ser paradójico el menosprecio de esa victoria en aquellos desmitificadores que repiten sistemáticamente que a los mexicanos nos encantan las derrotas. Pero hete aquí que somos victoriosos en una guerra extranjera... y tampoco les gusta. Algunos simplemente omiten el tema, como González de Alba, quien ilustra su odio a Juárez con una lectura sesgada del Tratado MacLane-Ocampo y de ahí se salta hasta la revolución (Las mentiras de mis maestros, pp. 62-67

Zunzunegui siempre nos regala perlas: en su página web un articulito plagado de mentiras (Las tres batallas de Puebla) concluye: Nada ganamos los mexicanos el 5 de mayo de 1862 en Puebla, nada absolutamente; un efímero laurel que, debido a la desunión del pueblo, no cristalizó y se convirtió en derrota y conquista.

No está de más señalar que dicha página es una red para pescar incautos y venderles –muy caros– sus diplomados en línea (algunos de ellos en el Instituto Cultural Helénico). Ahí sólo regurgita sus libros: en El héroe y el villano (p.81) dice lo mismo del 5 de mayo, con un añadido. Según él, un “moribundo Zaragoza, desde su tienda de campaña, dirigió una batalla que en realidad fue comandada en el campo por Porfirio Díaz”. Díaz tiene méritos militares suficientes para que sus idólatras tengan que atribuirle otros... pero de Díaz hablaremos luego.

De lujo, otro connotado falsificador, del que ya nos ocuparemos. El 11 de septiembre de 2008 Macario Schettino escribió en El Universal: “Celebramos el 5 de mayo de 1862, la batalla de Puebla en que Zaragoza derrotó a los franceses... que pocos días después tomaron control de prácticamente todo el territorio nacional” (las cursivas, que son mías, revelan la total falta de seriedad de tan famoso analista).

Podría seguir sumando, pero basta con esos ejemplos. Hay que señalar, además, que detrás de las tajantes afirmaciones de nuestros falsificadores, únicamente hay humo: ningún sustento documental, tres o cuatro libros más leídos, sólo ideología, como hemos mostrado (jornada.unam.mx/2008/12/21/sem-pedro.html).

¿De dónde el afán por borrar la victoria del 5 de mayo? Del odio a Juárez y al liberalismo. Ya mostraremos la irracionalidad de ese odio...
 
Por odio a Juárez y al liberalismo, los falsificadores Macario Schettino, Catón y Zunzunegui inventaron que la batalla del 5 de mayo no se ganó, o que fue una escaramuza sin importancia que se ganó gracias a las torpezas de los franceses; una escaramuza sin importancia en una guerra que se perdió en el campo de batalla; una guerra que terminó cuando los franceses se retiraron por las presiones de Estados Unidos y Prusia.

Antes de mostrar la falacia de sus argumentos, es necesario recordar algunas cosas obvias para los historiadores, pero desconocidas totalmente por los falsificadores: una batalla es un hecho de armas que obedece a las unidades dramáticas de tiempo, lugar y acción; mientras que una guerra –según el mariscal Montgomery, que algo sabía del tema– es un conflicto prolongado entre grupos políticos rivales mediante la fuerza de las armas, lo que quiere decir que Montgomery participaba del paradigma de Clausewitz, según el cual la guerra es eminentemente un acto político para imponer nuestra voluntad al enemigo. Ese pensamiento sobre la guerra y la batalla llevó a las concepciones de la guerra total; de la batalla como única actividad realmente bélica; de la destrucción del enemigo como objetivo verdadero de la guerra sólo alcanzable mediante las grandes batallas, y otras ideas cuya adopción por los estadistas europeos fue de efectos devastadores, pero que en 1862 nadie discutía en el mundo occidental.

De esa forma de entender y de hacer la guerra se desprende que ningún Estado moderno haya librado guerra ninguna sin enemigos internos o traidores, máxime en aquellas que mezclan lo ideológico con lo nacional. En toda guerra moderna, civil o extranjera, los contendientes buscan el apoyo de otras potencias, de modo que nuestros falsificadores reprochan a Juárez lo que no se reprocha en sus países a Washington, Napoleón, Bolívar, Churchill o De Gaulle... ni, por supuesto, los héroes de estos desmitificadores: Maximiliano y Miramón.

Sentado lo anterior, hagamos un ejercicio de lógica elemental. Gana una batalla, gana una guerra, quien logra lo que se propuso. Hoy nos limitaremos a la batalla del 5 de mayo, en la que los objetivos de los franceses quedan perfectamente claros en el párrafo de una carta del general Lorencez, jefe de la expedición:

Somos tan superiores a los mexicanos en organización, disciplina, raza, moral y refinamiento de sensibilidades, que le ruego anunciarle a su majestad imperial, Napoleón III, que a partir de este momento y al mando de nuestros 6 mil valientes soldados, ya soy dueño de México.

En efecto, los invasores que, como veremos en la siguiente entrega, buscaban hacer de México un protectorado francés, creían que esa pequeña fuerza expedicionaria bastaba para llegar a la capital de la República e imponernos el gobierno y las obligaciones internacionales que nos habían preparado. El obstáculo que se interponía en su camino era el ejército que mandaba el general Ignacio Zaragoza, y los franceses daban por descontado que lo barrerían del mapa. De haberlo hecho así, los recordaríamos hoy como los vencedores de aquella batalla.

¿Qué se proponía, a su vez, el comandante mexicano? Detener el avance francés para permitir que se reuniera la Guardia Nacional. No permitir que 6 mil soldados extranjeros llegaran a la capital de la República. Ese era el plan de Zaragoza tras la evaluación de sus posibilidades y los elementos de guerra a su disposición.

La batalla del 5 de mayo, en la que 6 mil franceses intentaron tomar a viva fuerza los pequeños fuertes de Loreto y Guadalupe, y poco menos de 5 mil mexicanos estaban dispuestos a impedirlo, duró cuatro horas y consistió en tres ataques frontales de los franceses, rechazados por los nuestros, y un contrataque al pie del cerro que terminó con las posibilidades ofensivas de los invasores, que se retiraron hacia Orizaba. ¿Que la batalla se ganó por los errores del enemigo, como insisten hasta la saciedad nuestros falsificadores? En parte, por supuesto: como Austerlitz, Stalingrado o casi cualquiera otra.

Los efectos de la batalla fueron enormes, pues cambiaron mucho la opinión mundial sobre México y la Intervención. En nuestro país, multitudes acogieron la noticia con delirante entusiasmo en las plazas públicas. La pequeña acción de armas del 5 de mayo parecía probar lo que Juárez afirmaba: México existía y era una nación soberana.

Por Pedro Salmerón Sanginés
 
Referencia : Falsificadores de la historia: " La derrota del 5 de mayo" y "Cuando los mexicanos ganan batallas". Publicados en :  La Jornada

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viernes, 7 de febrero de 2014

Petróleo, tragedia y farsa - Por Raúl Sinencio Chávez



Carlos Marx previene en célebre frase que los grandes hechos y personajes de la historia pueden repetirse; una vez como tragedia y la otra, como farsa. Farsa o copia grotesca, apostrofaríamos. Pero he aquí que segundas partes nunca resultan mejores, complementa viejo refrán.
 
Paja
 
Tratándose del oro negro, hemos padecido auténticas tragedias.Al iniciar la etapa posrevolucionaria nuestra economía apenas evoluciona. Muestra indicadores relativos siempre minúsculos durante el periodo del presidente Álvaro Obregón. Esto sucede con todo y observarse ligero retroceso de carácter demográfico. O sea, estadísticamente hay menos habitantes con que promediar la riqueza producida.
 
El cuadro pareciera explicarse por la guerra civil del anterior decenio. Consideremos empero que entonces incrementamos el flujo de hidrocarburos a ritmos ascendentes, sostenidos. Recién abierta la tercera década del siglo XX todavía éramos los terceros productores mundiales, sitio después perdido. Sorprende que pese a las inversiones y modernas tecnologías foráneas concentradas en sacar la riqueza del subsuelo, enfrentáramos crítico panorama.
 
Bajo la óptica constitucional, así hubieran firmas extranjeras de por medio, el crudo nos pertenecía. De manera declarativa, ni quién lo cuestionara. Formalidades aparte, los inversionistas prefieren atender clientes externos y soslayan las necesidades del país, llevándose consigo fabulosas ganancias. Con bajas cargas tributarias, por cada peso de utilidades pueden embolsarse hasta 95 centavos, limpios de polvo y paja.
 
Bases
 
Experimentamos luego plausible mejora. Aunque para duplicar su aporte había requerido la industria doméstica seis lustros, a partir de 1940 lo consigue nomás en dos. La importancia del capital extranjero disminuye en forma apreciable. Las exportaciones aumentan y el turismo surge fuerte, casi triplicándose la oferta de crudo. Extendida al ramo agropecuario, la economía repunta por arriba del censo, en contraste evidente con el resto de Latinoamérica.
 
Por supuesto, hablamos de lo sucedido tras el 18 de marzo de 1938, cuando Lázaro Cárdenas nacionaliza los recursos orinegros. Esta medida afronta enseguida fiero boicot de los magnates afectados. Sin embargo, aparte de respaldar el rescate con mítines y manifestaciones públicas, diversos estratos sociales entregan desde gallinas hasta dinero y joyas para cubrir el pago de las instalaciones expropiadas.
 
“Cárdenas sentó las bases” del “crecimiento anual de 6 por ciento que México sostuvo entre 1940 y 1980. Construyó la casa que […] pasó a habitar la burguesía mexicana. […] Crecieron los salarios reales y el poder adquisitivo de toda la sociedad”. No obstante que “las clases medias y superiores fueron favorecidas, las clases trabajadoras y los campesinos recibieron una mayor parte del ingreso nacional que nunca,” reflexiona Carlos Fuentes. 
                                                             
 Réplica

Posteriores administraciones reorientan el rumbo, seducidas por la ortodoxia del neoliberalismo. A treinta años de establecidos leoninos gravámenes fiscales en Petróleos Mexicanos (Pemex) –que lo debilitan--, nos salen con la reforma energética de 2013. Busca ésta, mediante tretas legaloides, admitir y favorecer la presencia de consorcios foráneos en tan estratégico sector.

Los promotores rehúyen que pase el correspondiente decreto por la consulta popular, basados en criterios autoritarios. Yéndose de la boca, pronostican en cambio próxima jauja y contra tendencias imperantes en los mercados prometen abaratar gas, electricidad y gasolinas. Montan al efecto faraónica campaña publicitaria.
 
Ciegas ante valiosas lecciones del pasado, las elites gobernantes obvian lecturas básicas: si con la corrupción a cuestas Pemex dio tanto, de qué sería capaz saneándolo por completo, incluidos sus altos cargos. Peor aún, esperan que los capitales extranjeros impulsen el Producto Interno Bruto a niveles obtenidos sólo en tiempos de nuestra exclusiva rectoría sobre los hidrocarburos. Creen emprender audaz proyecto, encaminándose por senderos que desembocan en grotesca y previsible réplica de escamoteos y quebranto de la soberanía nacional.
 
Publicado originalmente en La Razón, Tampico, Tamps

Por Raúl Sinencio Chávez

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domingo, 29 de diciembre de 2013

CUANDO LOS MUERTOS CALLAN EN VOZ ALTA - (Rebobinar 1)



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(En el que se reflexiona sobre l@s ausentes, las biografías, narra el primer encuentro de Durito con el Gato-Perro, y habla de otros asuntos que no vienen al caso, o cosa, según irá dictando la posdata impertinente)

Noviembre-Diciembre del 2013.

Me parece que hemos confundido mucho esta cuestión de la Vida y la
Muerte. Me parece que lo que llaman mi sombra aquí en la tierra es mi
sustancia auténtica. Me parece que, al mirar las cosas espirituales, somos
demasiado como ostras que observan el sol a través del agua y piensan que
la densa agua es la más fina de las atmósferas. Me parece que mi cuerpo
no es más que las heces de mi mejor ser. De hecho, que se lleve mi cuerpo
quien quiera, que se lo lleve, digo: no es yo.

Herman Melville “Moby Dick”.



Desde hace un buen de tiempo que sostengo que la mayoría de las biografías no son más que una mentira documentada, y a veces, no siempre, bien redactada. El biógrafo promedio tiene una convicción previa y el margen de tolerancia es muy reducido, cuando no inexistente. Con esa convicción comienza a hurgar en el rompecabezas de una vida que le es ajena (por eso su interés en hacer la biografía), y va recolectando las piezas falsas que le permitan documentar su convicción propia, no la vida reseñada.

Lo cierto es que acaso podríamos conocer con certeza fecha y lugar de nacimiento, y, en algunos casos, fecha y lugar de defunción. Fuera de eso, la mayoría de las biografías deberían de estar en el rubro de “historias noveladas” o “ciencia ficción”.

¿Qué es lo que queda entonces de una vida? Poco o mucho, decimos nosotros.

Poco o mucho, dependiendo de la memoria.

O, más bien, de los fragmentos que en la memoria colectiva imprimió esa vida.

Si esto no vale para biógrafos y editores, poco importa para el común de la gente. Suele suceder que lo que realmente importa no aparece en los medios de comunicación, ni se puede medir en encuestas.

Ergo, de una persona ausente sólo tenemos piezas arbitrarias del complejo rompecabezas hecho de jirones, rasgados y tendencias que se conocen como “vida”.

Así que, con este inicio confuso, permítaseme levantar algunas de esas piezas fragmentadas para abrazar y abrazarnos por el paso que hoy nos falta y necesitamos…

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Un concierto en el silencio mexicano. Don Juan Chávez Alonso, purépecha, zapatista y mexicano, hace un ademán como quitándose un insecto molesto. Es su respuesta a la disculpa que le doy por uno de mis torpes exabruptos. Estamos en territorio Cucapá, en mitad de un terreno arenoso. En esas coordenadas geográficas y cuando en el calendario se señala la Sexta 2006 en el Noroeste de México, en la gran tienda de campaña que le sirve de hospedaje, Don Juan toma la guitarra y pregunta si queremos escuchar algo que compuso. Apenas afina e inicia un concierto que, sin letra alguna, narra el alzamiento zapatista desde el primero de enero de 1994 hasta la presencia de la Comandanta Ramona en la formación del Congreso Nacional Indígena.

Un silencio luego, como si fuera una nota más.

Un silencio en el que callaban en voz alta nuestros muertos.

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También en el noreste mexicano, la locura sangrienta del Poder pinta de absurdos aún impunes el calendario de abajo. 5 de junio del 2009. La codicia y el despotismo gubernamentales han prendido fuego a una guardería para infantes. Las víctimas mortales, 49 niños y niñas, son las bajas colaterales cuando se destruyen archivos comprometedores. Al absurdo de que los padres sepulten a los hijos, le sigue el de una justicia débil y corrupta: los responsables no reciben una orden de aprehensión, sino puestos en el gabinete del criminal que, bajo el azul de Acción Nacional, tratará de ocultar el baño de sangre en el que sumió al país entero.

Donde los biógrafos cierran sus apuntes “porque unos pocos años de vida no son rentables”, la historia de abajo abre su cuaderno de otros absurdos: con su injusta ausencia, estos infantes han parido otros hombres y mujeres. Sus padres y madres levantan desde entonces la demanda de la justicia más grande: la de que la injusticia no se repita.

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“El problema con la vida es que al final te mata“, había dicho Durito, cuyas fantasiosas historias caballerescas tanto divertían a la Chapis. Aunque ella habría preguntado, con esa impertinente mezcla de ingenuidad y sinceridad que desconcertaba a quienes no la conocían, “¿y por qué un problema?“. Don Durito de La Lacandona, escarabajo de origen y de oficio andante caballero, habría evitado polemizar con ella, puesto que, según un supuesto reglamento de la caballería andante, no se debe contradecir a una dama, (sobre todo si la dama en cuestión tiene buenas influencias “muy arriba”, agregaba Durito que sabía que la Chapis era religiosa, monja, hermana, o como quieran ustedes llamar a las mujeres que hacen de la fe, su vida y profesión).

La Chapis no nos conocía. Quiero decir, no como quien nos mira desde fuera y sobre nosotros escribe, habla… o mal habla (ya ven ustedes cómo son pasajeras las modas). La Chapis era con nosotros. Y lo era tiempo antes de que un escarabajo impertinente se apersonara en las montañas del sureste mexicano para declararse andante caballero.

Y tal vez por ser en nosotros era que a la Chapis no parecía inquietarle tanto eso de vida y muerte. Como esa actitud tan nuestra, de los neozapatistas, en que todo se invierte y no es la muerte la que preocupa y ocupa, sino la vida.

Pero la Chapis no sólo era en nosotros. Es claro que fuimos sólo una parte de su andar. Y si ahora les cuento algo de ella no es para dar apuntes para su biografía, sino para decirles lo que acá sentimos. Porque la historia de esta creyente, su historia con nosotros, es de las que hacen dudar a los fanáticos ateos.

¿”La religión es el opio de los pueblos”? No sé. Lo que sí sé es que la explicación más brillante que he escuchado sobre la destrucción y despoblamiento que la globalización neoliberal opera en un territorio la dio, no un teórico marxista-leninista-ateísta-y-algunos-istas-más, sino… un párroco cristiano, católico, apostólico y romano, adherente a la Sexta, y desterrado por el alto clero (“por pensar mucho”, me dijo como pidiendo disculpas) a uno de los desiertos geográficos del altiplano mexicano.

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Creo (tal vez me equivoque, no sería la primera vez y, seguro, no será la última), que mucha gente, si no es que toda, que se acercó a lo que se conoce como neozapatismo, lo hizo buscando respuestas a preguntas hechas en las historias personales de cada quien, según su calendario y geografía. Y que tardaron sólo lo indispensable para encontrar la contestación. Cuando se dieron cuenta de que la respuesta era el monosílabo más problemático de la historia, voltearon hacia otro lado y hacia allá se echaron a andar. No importa cuánto digan y se digan que siguen estando acá: se fueron. Unas personas más rápido que otras. Y la mayoría de ellas no nos miran, o lo hacen con la misma distancia y desdén intelectual que el que enarbolaron calendarios antes de que amaneciera el enero de 1994.

Creo haberlo dicho antes, en alguna otra misiva, no estoy seguro. Pero como quiera digo, o repito aquí, que ese peligroso monosílabo es “tú“. Así, con minúsculas, porque esa respuesta era y es íntima a cada quien. Y cada cual la toma con el terror respectivo.

Porque la lucha es colectiva, pero la decisión de luchar es individual, personal, íntima, como lo es la de seguir o claudicar.

¿Digo que las pocas personas que se quedaron (y no me refiero a la geografía sino al corazón) no han encontrado esa respuesta? No. Lo que trato de decir es que la Chapis no vino buscando esa respuesta a su personal pregunta. Ella ya conocía la respuesta y había hecho de ese “tú” su camino y meta: su ser creyente y consecuente.

Muchas otras, muchos otros como ella, pero diferentes, se habían ya respondido en otros calendarios y geografías. Ateos y creyentes. Hombres, mujeres y otroas de todos los calendarios. Son ésos, ésas, ésoas, que siempre, vivos o muertos, se colocan frente al Poder, no como víctimas, sino para desafiarlo con la múltiple bandera de la izquierda de abajo. Son nuestras compañeras, compañeros y compañeroas… aunque en la mayoría de los casos ni ell@s ni nosotros lo sepamos… todavía.

Porque la rebeldía, amigos y enemigos, no es patrimonio exclusivo de los neozapatistas. Lo es de la humanidad. Y eso es algo que hay que celebrar. En todas partes, todos los días y a todas horas. Porque la rebeldía es también una celebración.

-*-

No son pocos ni débiles los puentes que, desde todos los rincones del planeta Tierra, se han tendido hasta estos suelos y cielos. A veces con miradas, a veces con palabras, siempre con nuestra lucha, los hemos cruzado para abrazar a eso otro que resiste y lucha.

Tal vez de eso y no de otra cosa se trata lo de “ser compañeros”: de cruzar puentes.

Como en este abrazo hecho letras para las hermanas de la Chapis que, como nosotros, la echan de menos y, como nosotras, la necesitan.

-*-

“La impunidad, querido Matías, es algo que sólo la justicia
puede otorgar; es la Justicia ejerciendo la injusticia”.

Tomás Segovia, en “Cartas Cabales”.



Ya antes he dicho que, según mi humilde opinión, cada quien es el héroe o la heroína de su propia historia individual. Y que en la sedante autocomplacencia de narrar “ésta es mi historia personal”, se editan hechos y deshechos, se inventan las fantasías más increíbles, y el narrar anécdotas se parece demasiado al hacer cuentas del avaro que roba lo ajeno.

El ancestral afán de trascender a la muerte propia encuentra en las biografías el sustituto al elixir de la eterna juventud. Claro, también en la descendencia. Pero la biografía es, por decirlo de alguna forma, “más perfecta”. No se trata de alguien que se parece, es el “yo” alargado en el tiempo gracias a la “magia” de la biografía.

Acude el biógrafo de arriba a documentos de la época, tal vez a testimonios de familiares, amigos o compañer@s de la vida cuya muerte se apropia. Los “documentos” tienen la misma certeza que los pronósticos meteorológicos, y los testimonios obvian la delgada separación entre el “yo creo que…” y el “yo sé que…”. Y entonces la “veracidad” de la biografía se mide por la cantidad de notas de pie de página. Para las biografías vale lo mismo que para las facturas de gasto en “imagen” gubernamental: mientras más voluminosas, más ciertas.

En la actualidad, con el internet, los tuiters, los feisbuc y equivalentes, los mitos biográficos redondean sus falacias y, voilá, se reconstruye la historia de una vida, o fragmentos de ella, que poco o nada tienen que ver con la historia real. Pero no importa, porque la biografía está publicada, impresa, circula, es leída, citada, recitada… como la mentira.

Cheque usted en las modernas fuentes documentales de las biografías futuras, es decir, Wikipedia y los blogs, Facebook y los “perfiles” respectivos. Ahora compare con la realidad:

¿No le dan escalofríos al darse cuenta de que, tal vez, en el futuro…

Carlos Salinas de Gortari será “el visionario que entendió que vender a una Nación era, además de un negocio familiar (claro, entendiendo como familia a la sanguínea y a la política), un acto de patriotismo moderno”, y no el líder de una banda de traidores (no se hagan, ahí andan en la oposición “madura y responsable” vari@s de quienes apoyaron la reforma al artículo 27 constitucional, el parteaguas de la claudicación del Estado Nacional en México);

Ernesto Zedillo Ponce de León no será el “hombre de Estado” que llevó a toda una Nación de una crisis a otra peor (además de ser uno de los autores intelectuales, junto con Emilio Chuayffet y Mario Renán Castillo, de la masacre de Acteal), sino que llevó “las riendas del país” con un singular sentido del humor… para terminar siendo lo que siempre fue: un empleado de segunda en una multinacional;

Vicente Fox será la muestra de que el puesto de presidente de una república y de una filial refresquera es intercambiable… y que ambos puestos pueden ser ocupados por inútiles;

Felipe Calderón Hinojosa será un “presidente valiente” (para que otros murieran) y no un psicópata que se robó el arma (la presidencia) para sus juegos de guerra… y que terminó siendo lo que siempre fue: un empleado de segunda en una multinacional;

Enrique Peña Nieto será un presidente culto e inteligente (“bueno, es ignorante y tonto pero hábil”, es el nuevo perfil que se le construye en los corrillos de analistas políticos), y no un analfabeto funcional (ni modo, como dice el proverbio popular: “lo que natura no da, Monex no lo compra”)…?

Ah, las biografías. No pocas veces son auto biografías, aunque sean los descendientes (o los compinches) quienes las promueven y así adornan su árbol genealógico.

Los criminales de la clase política mexicana que han mal gobernado estas tierras seguirán siendo, para quienes padecieron sus desmanes, criminales impunes. No importa cuántas líneas se paguen en los medios ídem; ni cuánto se gaste en espectaculares en las calles, en la prensa escrita, en radio y televisión. De los Díaz (Porfirio y Gustavo) a los Calderón y Peña, de los Castellanos y Sabines a los Albores y Velasco, sólo media el balconeo (vía redes sociales, porque en los medios de paga siguen siendo “personas responsables y maduras”) de la ridícula frivolidad de los “juniors”.

Pero el mundo es redondo y en el continuo sube y baja de la política de arriba, se puede pasar, en poco tiempo, de la portada del “Hola”, al “SE BUSCA: CRIMINAL PELIGROSO”; de la francachela del diciembre del TLC, a la cruda del alzamiento zapatista; del “hombre del año”, a la “huelga de hambre” con agua embotellada de marca “chic” (ni modo mi buen, hasta para las protestas hay clases sociales); del aplauso por los chistes malos, al filicidio putativo por concretarse; del nepotismo y la corrupción adornados con ocurrencias, a la investigación por ligas con el narcotráfico; de los trajes militares talla extra grande, al exilio temeroso y manchado de sangre; de la francachela del diciembre entreguista a…

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Con todo esto y lo que sigue, ¿digo que no hay que escribir-leer biografías? No, pero lo que hace que ande la vieja rueda de la historia son los colectivos, no los individuos… o individuas. La historiografía se nutre de individualidades; la historia aprende de pueblos.

¿Digo que no hay que escribir-estudiar historia? No, pero lo que sí digo es que es mejor hacerla de la única forma que se hace, es decir, con otros y organizados.

Porque la rebeldía, amigos y enemigos, cuando es individual es bella. Pero cuando es colectiva y organizada es terrible y maravillosa. La primera es materia de biografías, la segunda es la que hace historia.


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 Y no con palabras abrazamos a nuestros compañeros y compañeras zapatistas, ateos y creyentes,

a los que de noche se cargaron a la espalda la mochila y la historia,

   a los que tomaron con las manos el relámpago y el trueno,

      a los que se calzaron las botas sin futuro,

         a los que se cubrieron el rostro y el nombre,

            a los que, sin esperar nada a cambio, en la larga noche murieron

                 para que otros, todos, todas, en una mañana por venir aún,

                      puedan ver el día como hay que hacerlo,

                          es decir, de frente, de pie y con la mirada y el corazón erguidos.

Para ellos ni biografías ni museos.

Para ellos nuestra memoria y rebeldía.

Para ellos nuestro grito:

¡libertad! ¡Libertad! ¡LIBERTAD!

Vale. Salud y que nuestros pasos sean tan grandes como nuestros muertos.

El SupMarcos.


P.D. DE INSTRUCCIONES OBVIAS.- Ahora sí, sea tan amable de leer, en calendario inverso, desde Rebobinar 1 hasta el 3, y tal vez así encuentre al gato-perro y algunas dudas se aclaren. Y sí, tenga la seguridad de que surgirán más preguntas.

P.D. QUE ATIENDE, SOLÍCITA, A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN DE PAGA.- ¡Ah! Conmovedor el esfuerzo de los contras en los medios de paga para tratar de dar argumentos a los pocos lectores-escuchas-videntes contras que les quedan. Pero, generoso por la época navideña, aquí les mando algunos tips para que usen de material periodístico:

.- Si las condiciones de las comunidades indígenas zapatistas están igual que hace 20 años y nada se ha avanzado en su nivel de vida, ¿Por qué el EZLN –como lo hizo en 1994 con la prensa de paga- se “abre” con la escuelita para que la gente de abajo vea y conozca directamente, SIN INTERMEDIARIOS, lo que hay acá?

Y ya puesto en “modo interrogante”, ¿por qué en el mismo período se redujo, también exponencialmente, el número de lectores-escuchas-videntes de los medios de comunicación de paga? Pst, pst, pueden responder que no tienen menos lectores-escuchas-videntes –eso reduciría la publicidad y el chayote-, que lo que pasa es que ahora son más “selectivos”.

.- Ustedes preguntan “¿Qué ha hecho el EZLN por las comunidades indígenas? Y nosotros estamos respondiendo con el testimonio directo de decenas de miles de nuestros compañeros y compañeras.

Ahora ustedes, los dueños y accionistas, directores y jefes, respondan:

¿Qué han hecho ustedes, en estos 20 años, por los trabajadores de los medios, uno de los sectores más golpeados por el crimen prohijado y alentado por el régimen a quien tanto adoran? ¿Qué han hecho por los periodistas, las periodistas amenazadas, secuestradas y asesinadas? ¿Y por su familiares? ¿Qué han hecho para mejorar las condiciones de vida de sus trabajadores? ¿Les han aumentado el salario para que tengan una vida digna y no tengan que vender su palabra o su silencio frente a la realidad? ¿Han creado las condiciones para que se retiren, después de años de laborar para ustedes, dignamente? ¿Les han dado seguridad en el empleo? Quiero decir, ¿el empleo de un reportero o reportera ya no depende del humor del jefe de redacción o de los “favores”, sexuales o de otro tipo, que se les demandan a todos los géneros?

¿Qué han hecho para que el ser trabajador de los medios sea un orgullo que no cueste la pérdida de la libertad o la vida al ser honesto?

¿Pueden decir que su trabajo es más respetado por gobernantes y gobernados que hace 20 años?

¿Qué han hecho contra la censura impuesta o tolerada? ¿Pueden decir que sus lectores-escuchas-televidentes están mejor informados que hace 20 años? ¿Pueden decir que tienen más credibilidad que hace 20 años? ¿Pueden decir que sobreviven gracias a sus lectores-escuchas-videntes y no por la publicidad, mayoritariamente gubernamental?

Ahí les responden a sus trabajadores y lectores-escuchas-videntes, así como nosotros les respondemos a nuestros compañeros y compañeras.

Oh, vamos, no estén tristes. No somos los únicos que hemos escapado a su papel de juez y verdugo, suplicando su absolución y recibiendo siempre su condena. Está también, por ejemplo, la realidad.

Vale de nueve, o, mejor, de sesenta y nueve.

El Sup diciéndose que es mejor un pulgar abajo que un dedo medio arriba.

Es territorio zapatista, es Chiapas, es México, es Latinoamérica, es la Tierra. Y es diciembre del 2013, hace frío como hace 20 años, y, como entonces, hoy una bandera nos cobija: la de la rebeldía.


Ve y escucha los videos que acompañan este texto.

En una de las escuelas autónomas zapatistas, niños y niñas bailando en una fiesta escolar.



De y por León Gieco: “El Desembarco”. Ojo a la letra, porque sí, “están los que resisten y nunca se lamentan /… / No pretendemos ver el cambio / sólo haber dejado algo / sobre el camino andado que pasó”



Joan Manuel Serrat con su “Sería Fantastic”, que bien podría ser un programa de lucha: “Sería fantástico /…/ que no perdieran siempre los mismos / y que heredasen los desheredados. / Sería fantástico / que ganase el mejor / y que la fuerza no fuera la razón /… / Que todo fuera como está mandado / y que no mande nadie /…”




Hugh Laurie (a quien tal vez usted reconozca como el doctor Gregory House, con una muy particular interpretación del blues “Saint James Infirmary”. Para quienes mueren de pie.


Con información de : Enlace Zapatista

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