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domingo, 29 de diciembre de 2013

Puras Historias : El Himno Nacional y Tamaulipas- Por Raúl Sinencio Chávez

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A veces sutiles, entre nuestro Himno Nacional y Tamaulipas existen nexos acaso únicos. Sigámosles la huella. Recorreríamos así entretenida ruta de lectura. Con breves renglones basta y sobra.


PATRIA

Incluso decenios adentro, el Siglo XIX fue difícil para los mexicanos. A contrapelo de tantas desventuras, sin embargo, buscaron establecer una y otra vez el himno del país, estimulados quizás por los precedentes de La Marsellesa. Lo intentaron con verdadero ahínco al menos en once ocasiones. Por desgracia, ninguna tentativa dio frutos plausibles. Uno de los esfuerzos postreros en cierta forma nos remite a suelo tamaulipeco.

Hacia 1849, efectivamente, mediante riguroso certamen, la Academia de San Juan de Letrán quiso ponerle letra a bien lograda marcha. Era autor de la partitura Henry Herz, pianista austriaco recién llegado. Vino con el holandés Franz Coenen, quien luego visitó la entidad, presentándose en Tampico como virtuoso del violín. La relación con Tamaulipas rebasa este pasaje, claro está.

Porque Andrés Davis Bradburn –compadre de Francisco González Bocanegra—escribió los versos ganadores en 1849: “Nada importa morir si con gloria/ una bala enemiga nos hiere,/ que es inmenso placer, al que muere/ ver su enseña triunfante ondear”. Descendía Andrés del angloamericano John Bradburn, que con Xavier Mina protagonizara la expedición insurgente de 1817, desembarcada en Soto la Marina, hoy municipio tamaulipeco, habiéndole prestado valiosos servicios a su patria adoptiva. Vecino de Matamoros, Tamaulipas, John Bradburn ahí moriría al despuntar aquella década, exaltándolo Manuel Payno in memoriam.


GLORIAS

Olvidada pronto la pieza musical, el vínculo tamaulipeco repuntó al encabezar arbitrario régimen centralista Antonio López de Santa Anna, vuelto Su Alteza Serenísima por los conservadores. Zalamero, el Ministerio de Fomento convocaría en 1853 a enésimo concurso para el cántico patrio. Vencieron las estrofas compuestas por González Bocanegra, una de las cuales ensalzaba al caudillo: “Del guerrero inmortal de Zempoala/ te defiende la espada terrible,/ y sostiene su brazo invencible/ tu sagrado pendón tricolor”.

Con acordes de Jaime Nunó –catalán que como director general de bandas de guerra trajo de Cuba el “guerrero inmortal”–, sería estrenada la obra el 15 de septiembre de 1854. Ausente Santa Anna, hubo necesidad de restrenarla al día siguiente en presencia del senil dictador, que nunca entregó los premios ofrecidos. Huido al extranjero ante el pronunciamiento de Ayutla, tampoco promulgó el decreto que adoptaba la composición.

No obstante, nuestro Himno Nacional surgiría unido a Tamaulipas. Lo anterior, dado que entonces conmemoraba el XXV aniversario del triunfo sobre la intentona española de reconquista, cuyas glorias regenteara Santa Anna. Dicha gesta tuvo lugar justo donde colinda la entidad con Veracruz.

FAENA

Oficializado durante la dictadura porfiriana, el Himno Nacional acrecentó nexos con el noreste extremo de México. Ello, al visitar Jaime Nunó Ciudad Victoria, capital del estado, recibiéndolo la Escuela Anexa a la Normal, en calle Hidalgo y callejón 12. De avanzada edad, arribaría hecho “un viejecito maravillosamente bello”, recuerda Emilio Portes Gil.

Miles de niños le tributaron afectuosa bienvenida. Cuando iba a tomar la palabra –añade Portes Gil–, le ganó el llanto. “No tenga usted cuidado, señor […] el mejor discurso que […] nos ha podido decir, son las lágrimas que han rodado por sus mejillas”, habría manifestado el gobernador. Dizque verificada la recepción en 1903, don Jaime traspuso las fronteras nacionales solo en 1901 y 1904. Contrasta asimismo el almibarado relato transcrito con las crónicas de prensa. Al confesar que el himno lo compuso en 1854 “sin más impulso que el premio de quinientos pesos” –reprocha cierto periódico capitalino–, “Nunó, por propia confesión, no hizo más que una faena vulgar".



Por Raúl Sinencio Chávez
Publicado en La Razón, Tampico, Tamps., 27 dediciembre 2013.
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martes, 14 de mayo de 2013

Seudónimos, seudónimos



En una polémica aparentemente inútil leí un alegato contra los seudónimos: "¡Usted, que se escuda en  el anonimato, es un cobarde!". No es cierto. Quien  usa el seudónimo no es cobarde ni se escuda en el  anonimato. ¿Cómo van a ser cobardes María Félix, Dolores del Río, Rita Hayworth y Cantinflas?. María Félix se llamaba, en realidad, María de los Angeles Guareña; Dolores del Río nació siendo Dolores Asúnsolo Martínez; Rita Hayworth era Margarita Carmen Cansino, y Cantinflas, lo sabemos, se llamaba Mario Moreno.

No es nada malo cambiarse de nombre. Si no estás conforme con llamarte Neftalí Reyes Basoalto, vas al notario y declaras que quieres llamarte Pablo Neruda. O si te llamas Gustavo Adolfo Navarro te conviertes en Tristán Marof y no pasa nada. Salvo que te confundan con un espía ruso.

Todo lo contrario. Hay que ser corajudo para decir: "No quiero llamarme Lucila Godoy Alcayaga, sino Gabriela Mistral. Si me llamo Lucila Godoy Alcayaga no ganaré jamás el Premio Nobel". Esto del seudónimo es más importante de lo que parece. El escritor cubano Gastón Baquero dice haber estado "mucho tiempo negado a leer la poesía del mexicano Alí Chumacero", porque ese nombre y ese apellido no invitaban a la lectura, eran "una barrera".

Esto pasa a menudo. A mi amigo Remo di Natale le hubiera ido mejor por esos mundos de la política boliviana si se hubiese cambiado el nombre. Debió haber usado un seudónimo atractivo: Víctor Paz Estenssoro, por ejemplo. Algo parecido le pasó a Benjamín Miguel. Una vez le preguntaron: "¿En qué quedamos, Benjamín o Miguel?"

El fracaso del falangista Unzaga de la Vega se debió a su nombre. Sonaba a poeta castellano del Siglo de Oro. En nuestro siglo de estaño y en un país mestizo llamarse Unzaga de la Vega era una ofensa. En cambio, Marcelo Quiroga Santa Cruz llevaba bien su nombre, pero hubiese sido mejor que firmase Simón Bolívar.

Los artistas del espectáculo, ésos sí, andan bien asesorados. Por ejemplo, si el cantante Sting se presentase con su verdadero nombre sería una catástrofe. Se llama Cordón Matthew Summer. No es lo mismo decir: "Y ahora con ustedes, el cantante Bob Dylan!" que esto ótro: "¡Y ahora con ustedes, el cantante Robert Zimmerman!". Si no le hubiese hecho caso a su empresario, Lauren Bacall no habría llegado muy lejos con su nombre auténtico: Betty Jean Weinstein Perske.

Háganme caso. Algunos políticos y artistas deberían usar seudónimo. Hay ejemplos que aconsejan el uso del seudónimo. Por ejemplo, si te bautizaron con el nombre de Nabucodonosor y eres tartamudo, tienes derecho a demandar a tus padres por abuso de confianza. Y con más razón si te llamas Restituta, Serapio Rea o Cornelio Toro.

Quien usa del seudónimo no se escuda en el anonimato, porque su firma está ahí, al pie de los documentos. Llega un momento que Lev Davidóvich Bronstein decide llamarse Trotski para felicidad de Guillermo Lora y sus seguidores; Vladimir Ilich Uliánof, Lenin, y Alfonso Prudencio Claure, Paulovich.

A veces, ni siquiera es necesario cambiarse el nombre. Basta con modificar una letra del apellido para ser lo que se quiere ser. Daniel Defoe era, originariamente, Daniel Foe. Como le pareció feo llamarse Foe, se aumentó el De y pasó a la posteridad como Defoe, autor de Robinson Crusoe, Molí Flanders y Diario del año de la peste.

William Faulkner era William Falkner, sin u. Su bisabuelo era también escritor y firmaba Falkner, pero el bisnieto quiso afrancesar su prosapia y cambió la grafía de su nombre, quedando en Faulkner. Algo parecido hizo Marión Brando que, en realidad, se llama Marión Brandeau.

El escritor Henry Miller, el de las lisuras y cachondeces de los Trópicos, nació como Henry Muller, pero quiso americanizar su apellido alemán y lo cambió por Miller. ¡Bien hecho! Por eso yo confirmo ante ustedes mi seudónimo y seguiré firmando Pedro Shimose. A ver quién me lo impide.

Por Pedro Shimose


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lunes, 24 de diciembre de 2012

"Adiós Mundo Cruel” con X Y Z - Por Jesús Guerrero


Sergio Salas , Roy Paniagua , Raúl Aguilar (El Diablo) y el Maestro Jorge Yapur

Quizá nunca más se conjugue una exposición igual en donde los trazos apocalípticos de 17 pintores y el rencuentro de un grupo leyenda como lo fue XYZ haya contrarrestado el agüero de destrucción que quisieron colgarle a los Mayas.

Si Usted está leyendo esta nota, seguro es que con el fin del 13er Baktún Maya no se termina el mundo; pero posiblemente, sí sea esta fecha, un parteaguas para la zona conurbada en materia de expresión y producción artística comprometida y en serio. Una especie de resurgimiento impulsado por aquellos grupos que siempre han estado allí estimulando la sensibilidad, pero sobre todo, por los propios jóvenes y creadores locales.

El primer apagón invernal en una parte de la ciudad ante las ciclónicas ráfagas de viento el día 21 de diciembre de 2012, pudo ser el vaticinio; como un día del año de 1665 en Londres, cuando un gran incendio de aquella época, hizo creer a los sus habitantes, el final había llegado. 

El que acecha en el Umbral de Jerjes Yapur

La lista es larga pero basta con recordar la aparición del cometa Halley, que visita la tierra cada 76 años ha sido históricamente un presagio de desastres. Se habla de que la inminente llegada del cometa el año de 1910 desató la histeria colectiva sobre el fin del mundo en Europa y la Unión Americana, al propagarse la idea de que la cola del cometa impregnaría de un gas tóxico la atmósfera del planeta.

El pasado día 21 de diciembre, se inauguró en la Casa de la Cultura de Tampico, Tam., “Adiós Mundo Cruel”, una muestra de 17 artistas plásticos que expusieron pinturas que tienen un común denominador; su visión personal del fin del mundo: Anie Castillo, Carlos Salinas, Daniel Martínez, Heder Villarreal, Homero Castillo, Iván Reyes, Jerjes Yapur, José Rivera, Juan Aguilar, Marypily Hurtado, Romina Contreras, Rubén Dario Delgado, Miguel Ángel Camero, Othem, Serek, Soma y Silvestre Sánchez.

Para aderezar el mal augurio apocalíptico, nada como un reencuentro con un grupo que hizo historia en el ámbito nacional y local en los años 80’s; XYZ , banda compuesta por Raúl Aguilar (El Diablo) en el bajo y voz, Roy Paniagua en la guitarra y Sergio Salas en la batería.

foto ©metaleros

Prendió tanto el concierto del recuerdo que ni la alineación de la Luna con Júpiter pudieron deshacer la noche llena de rock y de buenos presagios para los jóvenes artistas de la zona, que presentaron un excelente material que se estará exhibiendo hasta el mes de enero del 2013.

Fuente : Milenio

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lunes, 19 de noviembre de 2012

Dr. José Sierra Flores - El Navegante ha zarpado


Nuestra región , rica en historia y compleja en su conformación social y cultural es, sin embargo , relativamente joven como conglomerado urbano. La conformación de sus institucioes educativas las consideramos en su pasado reciente, es decir apenas en el siglo anterior. Es posible que por ello y por el perfil típicamente comercial y fabril de nuestra zona que la preocupación por las cuestiones históricas, educativas y culturales en general no haya tenido el rango que muchos desearíamos en nuestro ámbito.

Un inquietante filósofo alemán del siglo pasado decía que no existirá una historia verdadera del hombre si ésta no incluye fundamentalmente la historia de lo cotidiano , del amor, de las pasiones, de los sueños , de la voluntad de los hombres como individuos en circunstancias de todos los días.

Ésta es parte de la fructífera trayectoria médica, académica y artística del ilustre Dr. José Sierra Flores, quien emprendió su ruta el viernes 16 de noviembre de 2012.  

Nació en Tampico, Tamaulipas (México); el día 7 de Enero de 1928. Desde niño tuvo una marcada inclinación por la música , logrando aprender de forma lírica una variedad de instrumentos musicales , especialmente el piano y la guitarra .Fue durante sus estudios de bachillerato en la "Preparatoria Tampico", cuando comenzó a escribir letra y música de infinidad de canciones ; actvidad por la que posteriormente sería reconocido como un destacado compositor a nivel nacional. 


Cursó estudios profesionales en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí; obteniendo el título de Médico Cirujano y Partero , el 1° de mayo de 1954 . Perteneció al Cuerpo Médico de la Delegación de la Cruz Roja Mexicana de S.L.P .Donde fue practicante interno de la misma y en Cirujía General en el Hospital "Dr.Ignacio Morones Prieto" . Se especializó durante internados y  residencias en Cirugía Cardiovascular en el Instituto Nacional de Cardiología, en la ciudad de México; Cirugía del Aparato Digestivo en el Hospital de Enfermedades de la Nutrición (actualmente  Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición "Salvador Zubirán"), en la ciudad de México, y Cirugía Torácica en el Hospital Regional del Pacífico, en Zoquipan , Jalisco. Además de realizar diversos estudios de postgrado en Hospitales estadounidenses. 

Cabe destacar que entre otras actividades Hospitalarias en Tampico y Cd. Madero Tamaulipas, el Dr. SIerra Flores fungió como ; Jefe de Servicios de la Unidad de Gastroenterología Médico Quirúrgica, en el Hospital Civil  " Dr. Carlos Canseco" ; Cirujano y Jefe  de Enseñanza del Hospital de la Zona del Instituto Mexicano del Seguro Social; Cirujano Titular de la Plaza de Toros "Gaona" de Tampico, expedido por la Asociación de Matadores y Subbalternos de la Ciudad de México, cargo que ocupó duranre el tiempo que funcionóla Plaza Taurina. 


Esta canción del Dr. Sierra Flores "Las Conchitas" , la estrenaron Los Folkloristas en el 25° Aniversario del Instituto Regional de Bellas Artes, en Tampico , Tamaulipas. (1976)

Fue miembro de más de veinte Asociaciones de Medicina , distinguiéndose entre ellas : la American College of Surgeons 1963, FACS. American Society Abdominal Surgeons en 1974. Academia Mexicana de Cirugía desde 1977 . Asociación Mexicana de Cirugía General desde 1979. Asociación de Médicos del Instituto Nacional de Nutrición desde1979. Academia de Ciencias de Nueva York desde 1981. Fellow American Trauma Society en 1983. 

Como catedrático , ejerció la docencia por 17 años como Maestro titular de las cátedras de Fisiología, Patología Quirúrgica, Clínica Quirúrgica en la facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Y en la Universidad del Noreste, primera Universidad privada de Tampico, de la cual fue cofundador, Rector y Decano. 

A partir del año 2000, la Escuela de Medicina de la Universidad del Noreste lleva el  nombre “Dr. José Sierra Flores” como tributo por su contribución y labor educativa. 


Ha sido director de la Revista Médica de Tampico "Órgano Oficial de la Escuela de Medicina de la Universidad Atónoma de Tamaulipas " Primera Revista Médica que se publicó en el Estado de Tamaulipas. Publicó una gran variedad de artículos médicos para revistas nacionales y extranjeras , así como diez libros de cirugía.

Recibió entre otros reconocimientos : El Premio Nacional de Investigación Quirúrgica, Medalla de plata otorgada por la Academia Mexicana de Cirugía en 1981. Medalla a la Excelencia Quirúrgica del Estado de Tamaulipas en 1992. Medalla Fray Andres de Olmos por distinción al Mérito Ciudadano, Académico y Artístico en 1992. Medalla al Mérito Educativo por la Federación de Escuelas Particulares de Tamaulipas en el año 2004.

Autor de más de 1,200 canciones de las cuales se han grabado tanto nacional como en el extranjero alrededor de 550. Finalista del Festival OTI nacional con su canción “El Labrador” en 1980. En 1981 recibió un homenaje del Pueblo de Tampico organizado por el Ayuntamiento donde diferentes músicos interpretaron sus canciones por más de 4 horas ante una multitud de 8,000 personas en la Plaza de Armas de Tampico.


Fue homenajeado en la Ciudad de Pánuco por su canción “El Navegante” en 1984. El cabildo de Cd. Madero elevó a rango de Himno su canción “El Maderense” en 1990. La Universidad Autónoma de Tamaulipas le brinda un emotivo homenaje por su trayectoria musical en 1992, donde también participó y fue ganador del Festival “Ernesto Cortazar" ,obteneniendo el primer lugar de la canción del Festival durante tres años consecutivos. En 1994 , recibe la presea “Sol Poniente” por su aportación musical al Huapango, en Amatlán Veracruz.

La Escuela de Música de la Universidad Autónoma de Tamaulipas inagura con su nombre un aula y le entrega la medalla “Elenita G. de Treviño” en 1996. Recibe el premio “Gala” por su destacada trayectoria en 1997. La Universidad México-Americana del Norte le entrega una medalla por su labor en pro de la Ciencia, la Cultura y el Arte en Tamaulipas en 1997. La Fundación Mary Jones de Edgar lo distingue como “Hombre Célebre” en el mismo año.

El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, los gobiernos de los estados de San Luis Potosí, Querétaro, Hidalgo y Tamaulipas, otorgan Reconocimiento al Dr. José Sierra Flores en el marco del “Tercer Festival de la Huasteca”, por su trayectoria y promoción de la Música de Huapango, celebrado en Tampico los días del 3 al 6 de Septiembre de 1998.Dentro del marco del Primer Festival Internacional Tamaulipas recibe Homenaje en la Aduana Marítima de Tampico en 1999.

El día 26 de Agosto de 2004 en solemne ceremoria y con motivo de los festejos de La Victoria de Tampico de 1829 , en la Plaza de Armas, el Dr. Sierra Flores entregó a Rescate Histórico de México, A. C., : el Himno “Heroico Puerto de Tampico” y la Marcha “La Victoria de Tampico”, que fueron interpretados por la Banda Municipal de Tampico y el Corrido “La Batalla de Tampico” que fue acompañado por el Mariachi UAT 2000.

Desde esta tierra tamaulipeca le deseamos que llegue a buen Puerto Dr. José Sierra Flores ... Miramar lo espera. 

 Referencia :
Antología del Magisterio de Victoria Yapur

 
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Licencia Creative Commons
Dr. José Sierra Flores - El Navegante ha zarpado por Victoria Yapur se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
Basada en una obra en http://paginasmexicanas.blogspot.com.ar/2012/11/dr-jose-sierra-flores-el-navegante-ha.html.

miércoles, 31 de octubre de 2012

¡ Qué Viva el Día de Muertos ! - Rituales que hay que vivir en torno a la muerte


El culto a la vida, si de verdad es profundo y total,
es también culto a la muerte.
Ambas son inseparables. Una civilización que niega a la muerte
acaba por negar a la vida.
Octavio Paz.

A propósito de la festividad del Día de Muertos que cada año nos muestra el sincretismo resultado de largos procesos culturales, resulta fundamental anotar que más de 40 grupos indígenas, que superan los seis millones de personas, sostienen rituales asociados con esta celebración. Por ello planteamos una revisión de la diversidad de enfoques que contribuyen al análisis y al conocimiento de esta festividad.


 La muerte no es misterio temible. Tú y yo la conocemos bien.
No tiene secretos que pueda conservar
para turbar el sueño del hombre bueno.
No apartes tu cara de la muerte.
No temas que te prive de la respiración.
No le temas, no es tu amo,
que se abalance sobre ti, más y más veloz.
No es tu amo, sino el servidor de tu Hacedor,
de lo que o quien creó la muerte
y te creó y es el único misterio.
.
La muerte está presente en la cultura de México. Nuestros dichos son relativos a ella: “boda y mortaja del cielo bajan”; “mujeres juntas, ni difuntas”; “de buenas intenciones están llenos los panteones”; “te espantas del difunto y te abrazas de la mortaja”. Sin la muerte no existiría el valiente mexicano, “si me han de matar mañana, que me maten de una vez”; ni el héroe y el caudillo respetable, el que luchó por sus ideales.

Pero esta idiosincrasia ha llegado a ser mal entendida. En muchas ocasiones se piensa que el mexicano no sufre la muerte, sino que hasta la desea. Algunas películas, canciones, fotografías y libros hacen pensar en el mexicano como un pueblo adorador de la muerte, lo cual es una irreverente falacia.


El mexicano le teme a la muerte: si no entonces, ¿por qué pactamos con ella? Lo que pasa es que cada cultura tiene una forma diferente de acercarse a ella y la nuestra es por medio de la insolencia.

La fiesta para los muertos es una forma de rendir culto a los antepasados, aun cuando para la gente extraña a nuestras costumbres (los extranjeros, los otros) sea irrespetuoso y lo pueden ver de una forma insana diciendo que llegamos al límite de la necrofilia.Pero no hay tradición más mexicana que los días de muertos; por mexicana me refiero no relativo a los usos prehispánicos, sino a lo que podemos concebir como México.

De esta forma, las celebraciones en las que se propicia el culto a los antepasados (comunitarios y/o familiares) son, como se mencionó, los ritos funerarios y los de recordatorio. En el caso particular de la celebración más importante en nuestro país, Día de Muertos, es producto de dos tradiciones culturales: la hispana y la prehispánica. La mayor parte de los pueblos campesinos de México la festejan, tanto indígenas como mestizos, ya que coinciden con el fin del ciclo agrícola de muchos productos, entre ellos, el maíz de temporal y la calabaza. Es época de abundancia, en contraste con las carencias que padecen los agricultores el resto del año. Por esta razón se lleva a cabo la fiesta más grande, es el consumo en una economía irracional, esto es, cuando existen excedentes en la producción, que se significan como movimientos tensionantes, es necesario abrir una “válvula de escape”, siendo ésta la economía irracional. Este tipo de economía permite el consumo de los sobrantes vía los rituales, quedando el beneficio al interior de la comunidad. De esta forma los rituales agrarios permiten la regulación de los procesos sociales.


El día 2 de noviembre, además de ser una festividad agrícola, es una celebración relacionada con el culto a los antepasados, a los muertos. Es el tiempo en el que las almas de los parientes desaparecidos regresan a las casas a convivir con sus familiares vivos. No debemos olvidar que en algunos grupos indígenas los antepasados, algunas veces deificados, regulan las relaciones entre los individuos.

Oficialmente, según el calendario católico, el día 1 de noviembre está dedicado a Todos Santos y el día 2 a los Fieles Difuntos. Sin embargo, en la tradición popular de gran parte de la República Mexicana, el día 1 se dedica a los muertos chiquitos o niños fallecidos, y el día 2 a los adultos o muertos grandes. No obstante, se dan una serie de variantes a lo largo del país: en algunos lugares se dice que el 28 de octubre es el día de los matados, o sea de aquellos muertos en accidente, y que el día 30 de octubre llegan las almas de los limbos, es decir, de los niños que murieron sin ser bautizados.

Esta distinción de dos celebraciones de muertos según la edad, proviene de la época prehispánica. Fray Diego Durán dice que en el ritual indígena nahua existían dos fiestas dedicadas al culto a los muertos: Miccailhuitontli o Fiesta de los Muertecitos, que se conmemoraba en el noveno mes del calendario nahua, y equivalía al mes de agosto del año cristiano; y la Fiesta Grande de los Muertos, celebrada el décimo mes del año. Estas fiestas, además de dedicarse a los muertos, también eran propiciatorias de la agricultura, ya que en ese mes (agosto para los cristianos) debido al hielo, temían los indígenas la muerte de las sementeras. Para ello se “apercibían con ofrendas y oblaciones y sacrificios”. Durán, pasados algunos años de la Conquista, pudo observar que el día de Todos Santos ponían ofrenda para los niños muertos, y el siguiente día otra para los difuntos adultos, dejaron de hacerlo en agosto (que es cuando acostumbraban), para así disimular que celebraban sus festividades y aparentar que festejaban las celebraciones cristianas.

Las ofrendas consistían en dinero, cacao, cera, aves, frutas, semillas en cantidad y “cosas de comida”. Es interesante señalar que a principios de este siglo, en lo que actualmente es la Delegación Magdalena Contreras, Distrito Federal, todavía se celebra la Fiesta de los Muertecitos, a la cual aún se le designaba con el nombre de Miccailhuitontli. Durante esta celebración, el día 1 de noviembre se llevaban a la cima de la montaña llamada Acoconetla ofrendas consistentes en ollas y jarros que contenían leche, atole, chocolate y pan dulce. En este lugar se adoraba a Tláloc, dios de la lluvia, para quien se sacrificaban niños, que se convertían en tlaloques. Por esta razón se le dio a la montaña el nombre de Acoconetla, que significa “lugar de los niños de agua”, ya que ellos enviaban el preciado líquido a la tierra.


Por otro lado, en España también había un culto a los difuntos. Las creencias en el “más allá” y la devoción a las ánimas, estuvieron inmersas en rituales importantísimos. Día a día han ido desapareciendo. Sin embargo, actualmente el mes de noviembre recibe el nombre de “mes de las ánimas” durante el cual se les rinde culto en diversas formas. No sólo en noviembre se recuerda a las ánimas, sino también en Navidad, a fines del año.

Lo que se puede notar, a partir de lo anterior, es la convivencia de dos sistemas ideológicos que, en un momento, pudieran ser irreconciliables: por un lado el europeo-hispánico y por otro el nahua-prehispánico. La maravilla del humano es ser adaptable, de esta manera no sólo se adapta biológica sino también culturalmente. El sincretismo no es sólo una forma de aculturación, es también una amalgama de sistemas simbólicos que dan paso a un nuevo sistema de códigos.

De esta manera, no podemos decir que las festividades de días de muertos sean una evocación del pasado prehispánico. Al contrario: es una representación de la identidad, una re-creación de los orígenes de un pueblo sincrético y sintético. Se sintetizan, suman, los cuerpos, sumas, y las ideologías, sistemas culturales, mestizando no sólo nuestras características físicas, sino también nuestras mentalidades y saberes. No podemos concebir el mundo nuevo sin la perspectiva de los otros que ahora son nosotros. Esta suma de cosmovisiones es la que da sentido a los días de muertos. Si aseveráramos que es un ritual prehispánico, debería celebrarse en los días propios, pero al ser síntesis de dos pensamientos, le damos la validez merecida.


Así, aun cuando se ha olvidado que es una festividad agrícola y que, por lo tanto, debe ser celebrada en las comunidades agrícolas, esto es, excluyendo a las zonas indígenas de cazadores-recolectores del norte, la celebración se ha introyectado en todos y cada uno de los mexicanos, sin distinción de zona productiva, fisicobiótica y/o económica.

De esta manera, subyacen los mitos creacionistas de una y otra cultura en el contexto de los símbolos propios de esta celebración. Se debe entender que la una no subyuga a la otra; que al contrario, conviven y se amalgaman para proclamar el símbolo de la muerte que deviene de la síntesis de los pensamientos.

El caso concreto de lo anterior es el nombre propio, y oficial, del proceso ritual Fieles Difuntos. La concepción del muerto emerge de la experiencia de la muerte, esto es, al ser el deceso un evento físico, nuestra experiencia apropia el conocimiento relativo acerca del cadáver, forma material de la defunción, así como el proceso de tanatomorfosis que prosigue a la finitud. Así pues, las representaciones realizadas de la muerte siempre nos conllevan a un esqueleto, una calavera, con lo que simbolizamos también al finado. Las mismas palabras tienen el simbolismo y significado de la experiencia.

No es lo mismo un finado que un muerto o que un difunto. Estas palabras españolas y latinas tienen un significado diferente en la experiencia simbólica del mexicano. El finado representa al que acaba de morir y deviene de la finitud, el límite y el fin. Por este motivo es poco usado. Por otro lado, muerto tiene la representación del esqueleto, figura e ícono de la misma muerte, pero en el simbolismo, al tener una sonrisa, no espanta (“¡espántame panteón!”), sino que es la representación del umbral que debemos pasar para ser antepasados. Por último, y en correlación con lo anterior, difunto, aquel que forma parte de los antepasados.

Todas estas palabras tienen un referente simbólico que le dan un significado a los mitos, leyendas y procesos rituales propios de nuestra cultura. La amalgama de las palabras, las que utilizamos y simbolizamos, lo mismo significamos que asignamos, no son más que la representación de la cosmovisión, de la religión. Aquí es necesario diferenciar a la religión institucional de la religión popular.


Mientras que el catolicismo instituye, promueve y legisla una serie de conocimientos y creencias, la gente común, el gentil, adopta, cuando no adapta, sus preceptos a la propia forma de entender. De esta manera, el sincretismo religioso que se ha dado en América indígena, es la clara muestra de una religión popular. En este marco, la celebración de Todos Santos, o sea, de aquellos santos que no se encuentran en el calendario santoral, valga la redundancia, son celebrados en este día 1 de noviembre, y al siguiente, 2 de noviembre, todos los feligreses que han muerto y son acogidos por la madre Iglesia.

El gentil tomó estas conmemoraciones de carácter eucarístico y las transformó en celebraciones de tipo paganas, donde el principal actor son sus antepasados. Día de Muertos, Fieles Difuntos, no son un día, son días ceremonias que tienen inmersa una connotación religiosa, donde el rito confirma el culto y éste simboliza la comunión y pacto de una grupalidad que traspasa los límites. La muerte no nos puede alcanzar mientras haya quien nos conmemore, quien nos recuerde.

Muertos y difuntos; y almas, ánimas, espíritus, tonalli, teyolia, ihiyotl, no son más que palabras que se sincretizan y simbolizan el mismo principio, lo que da vida, entidad anímica. De tal suerte que el antepasado, en su forma anímica, es “el que viene de allá”, de donde es la región de los muertos, con un permiso para disfrutar, celebrar y reafirmar los lazos de identidad en una comunidad. El que viene es “el que se nos ha adelantado”, al que veremos, ¿pronto?.

Por este motivo, esta celebración no es el duelo, no duele. No puede recibirse al pariente, al amigo, al antepasado con lágrimas en los ojos; es tiempo de fiesta y podemos hacerla. Al visitante se le abren las puertas y se le da en abundancia, porque gracias a su intercesión con la divinidad (Fieles Difuntos,santos, antepasados), nos han brindado una gran cosecha. El que venga, sea de aquí o forastero, es convidado, no vaya a ser el muerto disfrazado.


La fiesta y el carnaval esconden la confirmación de los mitos de origen, el significado de la algarabía es la comunión de la grupalidad. Por esta razón, en la actualidad las festividades de Todos Santos y los Fieles Difuntos, producto de dos tradiciones culturales (volviendo a recalcar que es europea-hispánica y nahua-prehispánica), consiste en una serie de prácticas y rituales entre las que destacan la recepción y despedida de las ánimas, la colocación de las ofrendas o altares de muertos, el arreglo de las tumbas, la velación en los cementerios y la celebración de los oficios religiosos.

Dentro del complejo marco del culto y del servicio a los muertos, la ofrenda tiene un papel preponderante, es el centro de la celebración. Sabemos que en la descripción de los ritos y el ceremonial para la atención y servicio de los muertos la ofrenda representa una de las fases de interpretación más trascendentes del culto.

Ofrendar es compartir con los parientes difuntos ciertos goces de la vida y algo de los frutos obtenidos en la anualidad pasada. Si el servicio de la comunidad para sus muertos se identifica básicamente en el modo de ofrendar, la ofrenda no se otorga como una dádiva sino como un ofrecimiento o sufragio coaccionado por una tradición que hace realidad la existencia de las ánimas.

La ofrenda se prepara y exhibe como expresión de sentimientos aparentemente de gratitud, amor y veneración, que no pueden esconder el temor a la insatisfacción y al disgusto de los sobrenaturales visitantes. Así la ofrenda se obsequia como un acto propiciador de personal y solemne pleitesía, constituyéndose por ello en carga sagrada, en acto de aseguramiento para quien según sus vínculos parentales o de intereses está (de acuerdo con las normas) obligado a recibir y atender a las ánimas que en noviembre acuden a su antiguo hogar a disfrutar de las buenas cosas que en su situación y recinto de difuntos les son vedadas.

La ofrenda es de gran variedad y se diferencia según los factores que influyen en su propiciación y en su acatamiento. En relación a los datos manejados para la comunidad se puede identificar un cuadro de distribución de tipos de ofrenda basado en algunas circunstancias básicas y de acuerdo con:


1. Participación. Estará relacionada con la característica de la ofrenda y el tipo de culto, por lo que puede ser: a) Personal, cuando la ofrenda es una relación entre deudo y ánima, como es el caso de las “coronas”, la “iluminación” o la “llorada” en el panteón. b) Familiar, porque la ofrenda se efectúa como acto solidario llevado a cabo, para dar un ejemplo, en los altares domésticos. c) Social, que puede diferenciarse en: ofrenda para ánimas con deudos y ofrenda para las ánimas sin deudos.

2. Especializada. Tiene correspondencia con su motivación y su dedicación. Así tenemos ofrendas para niños, adultos, padres, abuelos, hijos mayores,hijos menores, hijas, hijos, tíos, compadres, etc., y existe una muy especial dedicada al difunto testador, es decir, a la persona que dejó los bienes actualmente disfrutados.

La cantidad también es un objeto diferenciador. Una ofrenda costosa y rica no necesariamente coincide con la situación económica de los dolientes, porque hay más relación entre la ofrenda y su grado de significación que con las posibilidades económicas; existen muchos ejemplos que ilustran esta situación: la familia que con limitaciones prepara una magnífica ofrenda, como la de gran solvencia que apenas cumple con el requisito. Desde este aspecto la ofrenda puede examinarse como motivador de prestigio, tomando en cuenta: 1) Costo; 2) número de objetos que la componen; 3) número de ánimas ofrendadas; 4) decoración de la ofrenda, y 5) grado de tradicionalidad de los ofrendados.

Lo anterior nos lleva a señalar que saber presentar una ofrenda tiene gran relevancia. Los dolientes conocen dos tipos o formas de exhibir sus posibilidades de ofrendadores ante la comunidad: el altar doméstico y la tumba. La ofrenda se constituye por elementos que le dan su tipo. Podemos considerar que una ofrenda completa tiene los siguientes elementos conformadores: flores, ceras, alimentos, bebidas alcohólicas e imágenes religiosas. Por lo general sólo en la festividad de los difuntos este cuadro general de componentes es observado en su totalidad. Dentro de estos factores constitutivos, la función de la ofrenda complementa su realidad en la actividad necrolúdica de los grupos. Sabemos que la función de la ofrenda es más compleja y no tan sencilla de especificar en una relación descriptiva.


La ofrenda de noviembre es un gravamen, una contribución profundamente coaccionada por la relación de pleitesía. Este sistema institucional de relacionarse vivos y muertos ha creado, dentro de la normalidad de lo cotidiano, cierta angustia. Un tributario, para existir, necesita pautas y normas de autoridad; son las ánimas quienes constituyen dentro de este mundo valorativo ese papel.

Por lo tanto existe en el pueblo mexicano un afanoso anhelo por rendir en homenaje público a sus muertos, evitando así sus represalias. Pero esa conducta no es producida como simple homenaje de veneración y amor a los difuntos. Desde los episodios mortuorios el respeto hacia el nuevo estado de los muertos se evidencia, luego se compagina socialmente con comportamientos que hacen pensar en cierta dependencia de los vivos hacia los muertos, supeditación que atañe por ejemplo a los aspectos de salud personal y familiar, desarrollo de la comunidad, asuntos económicos, el ciclo agrario y la religión.

Por todo lo anterior, pareciera que el ritual de Día de Muertos es una tradición que se mantiene y que conserva la mayor parte de sus tradiciones y códigos, pero no es así. En la actualidad esta celebración enfrenta dos procesos que pueden desaparecerlo. Por un lado la infiltración de pensamientos religiosos no católicos y por otro la infiltración de nuevos símbolos.

Los pueblos de predominancia indígena han sufrido cambios en sus sistemas simbólicos y de vida a partir de la segunda década del siglo pasado, debido a la presencia de los grupos de la Universidad Lingüística de Verano, de ideología cristiana no católica predominantemente. Al abrazar el credo de los cristianos, el indígena acepta los dogmas y creencias impuestos por esta institución religiosa. Al aceptar este sistema de vida, impuesto por los dogmas de fe, se apartan de la tradición, símbolos y sistemas de códigos de la comunidad, separándose y alejándose del resto.

En este sentido, el ritual de Día de Muertos se contrapone con los derechos y obligaciones contenidos en los dogmas de fe del cristianismo. De acuerdo con dicha religión está prohibido realizar homenajes, ritos y culto a los muertos: sólo Dios es sujeto de veneración y pleitesía. De esta manera, al olvidar las raíces del ritual, una celebración agrícola y de convite en torno a la comunidad (tanto de vivos como de muertos), se desvanece porque muchas personas se alejan de la comunidad para convertirse en miembros de otro grupo.


Esta infiltración en la ideología de las comunidades predominantemente indígenas, resulta de peligro sumo para la tradición porque conlleva una aculturación resultante de la inserción de símbolos extranjeros en los Días de Muertos. En la medida en que estas comunidades tienen un porcentaje importante de emigrantes, al regresar a sus localidades llevan símbolos y códigos propios de las ciudades donde emigraron, tanto de México como de Estados Unidos.

Poco a poco se van perdiendo las tradiciones y costumbres del Día de Muertos o Todos Santos. Ello se debe, en gran medida, a la comercialización de estos días, que privilegia la suntuosidad, el glamour, la fastuosidad, aunque no sea tradicional. Asimismo, la entrada de la cultura anglosajona, con el Halloween, va minando la existencia de estas tradiciones.

Pero no en todo México ha pasado esto. Algunas comunidades, a pesar de la occidentalización, mantienen las tradiciones y el culto a los antepasados; han ido adoptando y adaptándose a la aculturación, sin perder sus tradiciones, sino enriqueciéndolas.

De esta manera podemos ver en altares, conviviendo, esqueletos, brujas, murciélagos, calaveras de plástico, entre otros, con las velas, las imágenes religiosas, catrinas, flores y fotos de los difuntos. Cuando se logran sincretizar las ideologías y símbolos de dos lenguajes, de culturas diferentes se puede enriquecer, y puede convivir el Halloween con Fieles Difuntos, entendiendo que cada uno pertenece a un sistema de códigos diferente, pero que se puede amalgamar. En cambio, en la medida en que prevalezcan posiciones extremistas, como puede ser la de la mexicanidad mal entendida, o bien la poca aceptación y permisibilidad de los sistemas religiosos ante una religiosidad popular, esta celebración se perderá, mutándose una fiesta más en un asunto de comercializar y vender productos.

Por este motivo es importante rescatar las tradiciones mexicanas, las cuales tienen un significado simbólico más allá de la comercialización. Debemos desprendernos de la intolerancia a otras cosmovisiones. La celebración europea de Halloween tiene símbolos que pueden ser introducidos a nuestra celebración, porque no se contraponen, y finalmente somos un pueblo mestizo, sincrético.

Por José Erik Mendoza Luján


Profesor e investigador de la Dirección de Antropología Física del INAH y coordinador del Seminario Permanente de la Antropología de la Muerte

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¡ Qué Viva el Día de Muertos ! - Rituales que hay que vivir en torno a la muerte por José Erik Mendoza Luján se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
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jueves, 6 de septiembre de 2012

Ernesto de la Peña - Por Héctor Tajonar

 
Poeta, ensayista, filólogo estudioso de la literatura clásica y universal, conocedor de más de treinta lenguas antiguas y modernas, especialista en la Biblia y el fenómeno religioso, docto en música y ópera, Ernesto de la Peña es una personalidad excepcional en el contexto intelectual de México. A su oceánica erudición que lo ubica como humanista de talla mundial, nuestro octogenario escritor agrega una inigualable generosidad, la cual lo ha convertido en la figura más destacada de la divulgación cultural en nuestro país. No sólo por lo que sabe sino por su calidad personal, Ernesto de la Peña es un hombre sabio en la acepción más amplia y elevada del término.


El autor de El Centro sin orilla conoce como pocos los secretos de los dioses de los filósofos y teólogos de Oriente y Occidente, sabe “de ese indefinible e inalcanzable Otro, esa realidad o irrealidad que (Rudolf) Otto llamó lo numinoso”, pero no cree en su existencia. No obstante, ha buscado a ese Uno en el alma de las culturas más remotas en el tiempo y en el espacio, desde las mitologías china, hindú o grecolatina, hasta las religiones judeocristianas o musulmana. “El hombre es el ser que busca aun a sabiendas de que no va a encontrar” —afirma en el libro citado.
 
 
De la Peña sabe que los mitos son poesía y que la poesía nace en el juego y como juego (Huizinga). En Las Estratagemas de Dios, libro por el cual obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia (1988), crea un nuevo género literario: la teodicea lúdica. En una de las narraciones contenidas en dicha obra, revela una “fórmula expedita para la comprensión divina”, en la cual hace una sátira de los razonamientos filosóficos que a lo largo de la historia han pretendido demostrar la existencia del Creador del Universo. Cito la conclusión de ese breve cuento filosófico: “Todo lo anterior es falso por la verdad radical que lo asiste, pero que niega su mentira en la misma afirmación de que es la contraposición sin contrarios.” Con el mismo sentido del humor metafísico, Ernesto de la Peña recrea el personaje de San Anselmo —creador del argumento ontológico de la existencia de Dios—, en la narración titulada “Anselmo, inventor de hoyos negros”. 

 
Si bien los tratados de filosofía y teología no han logrado doblegar su agnosticismo, el autor de Las controversias de la fe ha consagrado buena parte de su vida intelectual a la comprensión del fenómeno religioso. La versión española de Fenomenología de la Religión (FCE, 1964), de G. Van Der Leeuw, da testimonio de esa vocación, así como de la importancia de su labor como traductor, que se muestra también en Los Evangelios según Mateo, Marcos, Lucas y Juan, traducidos del griego al español de México. Su profundo conocimiento de la Biblia, a la que ha estudiado en sus tres lenguas originales —hebreo, arameo y griego— responde a un interés literario, filológico e histórico, no doctrinal. La sabiduría contenida en el Antiguo y el Nuevo Testamentos, así como en el Corán, la Kabbalah, los Upanishads, el I Ching, lo mismo que en Homero, Virgilio u Ovidio han nutrido el intelecto y la imaginación de Ernesto de la Peña, más allá del ámbito de las creencias. Acaso por ello considera que Dante es el mayor poeta de la historia.

 
Humanista ejemplar, Ernesto de la Peña muestra en toda su obra el carácter estético de su espiritualidad. En un mundo desacralizado, y desde una perspectiva alejada de credos e iglesias, el poeta-erudito mexicano nos acerca a las grandes creaciones literarias y musicales a través de las cuales el hombre de todos los tiempos y culturas ha celebrado lo que Mircea Eliade ha llamado hierofanía, que significa manifestación de lo sagrado. Muestra de ello —así como de la generosidad para compartir su saber— son sus programas de radio Testimonio y celebración (que el IMER debería editar en CD) o Música para Dios.
 
Pero quien crea que el ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2003 ha vivido en el Topos Uranos platónico, se equivoca rotundamente. Ernesto es una persona afable y terrenal con “el alma a la intemperie”. Basta con leer su poesía reunida en Palabras para el desencuentro para descubrir al hombre que ha vivido con intensidad la pasión y los placeres del amor, lo mismo que el dolor que produce su ausencia. Amor, víctima tuya, te conjuro/… Sólo es verdad tu sexo,/ sólo existe tu risa por las tardes,/ tus pisadas sin miedo me definen el mundo/ y lo colman de planetas veraces.

Ernesto de la Peña o el placer de la sabiduría .

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Fuente : Milenio Puebla