viernes, 28 de noviembre de 2014

Clamor de los vencidos



Puesto que ya nuestros
dioses han muerto
Déjenos pues ya morir
Déjenos ya perecer.

Miguel León-Portilla
(Filosofía náhuatl)

 
Por la manchega llanura/ se vuelve a ver la figura, de don Quijote pasar/ va cargado de amargura/ va vencido el caballero de retorno a su lugar/ cuántas veces, don Quijote, por esa misma llanura/ en horas de desaliento te miro pasar/ ¡y cuántas veces te grito, hazme un sitio en tu montura y llévame a tu lugar/ hazme un sitio en tu montura/ caballero derrotado/ hazme un sitio en tu montura/ que yo también voy cargado de amargura y no puedo batallar/ ponme a la grupa contigo/ caballero del honor/ ponme a la grupa contigo/ y llévame a hacer contigo/ pastor/ por la manchega llanura/ se vuelve a ver la figura/ de don Quijote pasar. (León Felipe… identificado con los vencidos, marginados)

Los hijos de La Llorona van cargados de amargura. Si sus verdugos de manos sucias creyeron que sepultando a los muertos clandestinamente o en cuneta o fosas, la barbarie sería escondida, se equivocaron.

Los cegó su brutalidad e ignorancia. Los muertos retornan, porque las heridas aún supuran en los hijos de sus hijos y los duelos se tornan inelaborables pero, sobre todo, porque los espectros siempre retornan.

La Llorona sabe que en el inconsciente nada se borra, lo escondido siempre regresa y lo no elaborado sigue ejerciendo efectos traumáticos. Pretender que los asesinatos en masa y la desaparición de seres humanos se olviden por decreto no es sólo una atrocidad, sino un manejo perverso del dolor humano.

Así como los espectros retornan, las voces de los poetas como León Felipe o las leyendas de La Llorona resuenan más fuerte que nunca junto al clamor de los vencidos que buscan reparar las heridas y aún esperan un poco de consuelo de la madre afectada ante el dolor. La Llorona se pierde en un vencido, un marginado, que supo del dolor, terror, horror, odio.

Es el Quijote la plena inmutabilidad eterna, el resultado de la acción permanente, de un cambio perpetuo. Presencia y ausencia de registros en la escritura fulgurantemente inscritos como trazos vivos sobre el vacío misterioso en el que se disuelven como azúcar en la transparencia del agua virgen y, al mismo tiempo, quedan registrados reteniendo la imagen que va perdiendo fluidez hasta dejar a oscuras la escena.

Busca su enigmática verdad en la sinrazón, en el ámbito de las oscuras verdades que no llegamos a descifrar del todo, siempre habrá un resto que permanece en el ocultamiento, en el delirio, como el nudo-sueño freudiano, donde se aloja lo insondable, lo incognoscible, el sinsentido, esa parte del deseo inconsciente que escapa a la traducción.

Por José Cueli
Con información de :La Jornada


  
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